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Del lado de acá del prisma

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XX edición del Premio Fundación Empresa Polar

Fiesta académica de las ciencias

“Me voy a tomar el atrevimiento de pedirles que nos detengamos un momento y nos imaginemos un haz de luz que viene de lejos, de una galaxia muy lejana. Viajando viene, atravesando los oscuros años luz, en un trayecto tan largo y tan vacío que hasta los fotones se aburren. Siglos pasa atravesando la inmensidad, y milenios, y miles de milenios, y la luz de este haz se deshilacha y se pierde en el cosmos. Sólo unos pocos rayos aciertan a un puntito mínimo, otra galaxia, y una cantidad inconmensurablemente menor baña un sistema estelar, y menos aún llega a un planeta, y entonces la luz de esa galaxia lejana se disuelve en la atmósfera, entre el resplandor cegador de otras luces. Pero no toda. Unos pocos fotones incautos llegan a un prisma que los separa y los descompone en un arco iris. Esa luz tiene información sobre la galaxia de donde salió, sobre sus estrellas, su composición, su edad, su distancia, su vida, pero para entenderla hace falta separar los colores, rojo por un lado, violeta por el otro y analizar el espectro. Y eso es precisamente lo que va a pasar, porque del lado de acá del prisma, está Gladis Magris.” Alejandra Melfo

Diana Arismendi

@dianaarismendi

He querido comenzar este artículo citando las palabras de la física Alejandra Melfo, investigadora y profesora de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Los Andes, para introducir a su colega, la astrofísica Gladis Magris, palabras que me revelaron el inmenso poder emotivo que la ciencia puede tener, no solo para quien la practica, sino para una lega como yo, ¡vaya descubrimiento!

El martes 14 de junio se celebró la entrega de los Premios Fundación Empresas Polar Lorenzo Mendoza Fleury, este año en su XX edición. Este premio, “un reconocimiento al talento, la creatividad y productividad de la comunidad científica venezolana”, es sin duda el más importante del país. Cinco muy destacados científicos venezolanos obtuvieron el respetado galardón, los doctores Jaime Charris (Farmacia) y Oscar Noya (Medicina), ambos de la UCV, el Dr. José Luis Ramírez, biológo con funciones en la UCV y en IDEA (Instituto de Estudios Avanzados); el matemático de la UCLA, Dr. Neptalí Romero y la Dra. Gladis Magris, astrofísica, investigadora del CIDA (Centro de Investigaciones de Astronomía “Francisco J. Duarte”) de Mérida.

La ocasión se prestó para recordarnos las muy precarias condiciones en las que se encuentra la investigación científica en el país: laboratorios sin materiales, líneas de investigación cerradas por falta de investigadores, jóvenes que han salido huyendo del país ante las difíciles condiciones para su crecimiento profesional; universidades sin presupuesto, sin profesores, sin bibliotecas, sin acceso muchas veces a revistas especializadas; investigadores sin capacidad económica para viajar a congresos a reunirse con sus pares (¡gracias a Dios por las reuniones a través de internet!), investigadores sin capacidad económica a secas. Y, si bien no dejó de recordarse esta preocupante realidad, los presentadores -ganadores de ediciones anteriores- se inclinaron a mostrarnos el trabajo incansable de estos científicos idealistas que continúan haciendo ciencia y país. Así que fue ocasión de celebrar el valioso trabajo que los cinco investigadores galardonados siguen llevando adelante.

Alguien por allí se preguntará por qué me acerco hoy al tema de las ciencias, siendo esta una columna sobre el tema de la cultura. Para ello tengo varias respuestas. La palabra “cultura”, casi siempre asociada a “las artes”, dando como resultado que ambas se consideran sinónimos. Sin embargo, la ciencia, que es esencialmente conocimiento construido, corregido y compartido, que ha modificado y condicionado nuestra forma de vida, nuestras conductas y nuestra forma de pensar, es otro importantísimo factor cultural. La ciencia, en el día a día, mejora nuestra calidad de vida, y después de los años de la Covid creo que quedan muy pocas personas que pongan esto en duda.

Ciencia y cultura son pues, temas cercanos, así como lo son ciencia y autonomía: la ciencia requiere de debates libres. Ciencia y democracia: la ciencia prospera en contextos que aceptan el pluralismo y el disenso, entorno que la democracia debe propiciar. Como afirma Carl Sagan, “ambas exigen raciocinio suficiente, argumentos coherentes, niveles rigurosos de prueba y honestidad”.

Comencé citando las palabras de la física Alejandra Melfo sobre la astrofísica Gladis Magris. Y ella es la segunda razón. Gladis es mi amiga desde la adolescencia. Hace años realmente me intereso por su trabajo. Gladis estudia el espectro de las líneas de emisión que se observan en las galaxias en las que se forman las estrellas -¡espero que esté bien dicho! Tema, que aunque en el fondo no entienda mucho, me fascina y suscita mi absoluta curiosidad.

Recién ahora entiendo que las artes y las ciencias comparten maneras de ser y maneras de hacer. A los científicos, como los artistas, nos mueven sentimientos de asombro, duda, curiosidad o pasión que nos impulsan a buscar, a investigar, a crear. Investigar y crear son procesos semejantes. A la ciencia, como actividad humana que es, le mueve la emoción como a las artes. Como afirmara Sagan, “todos estamos hechos de lo mismo, polvo de estrellas” y si alguien sabe de eso es mi amiga Gladis, esa que espera “del lado de acá del prisma”.

Bravo tutti, ¡felicitaciones a los premiados!

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