miércoles 30, noviembre 2022
Promedio de temperatura mensual

75 de 100

Gustavo Dudamel, “expresivo, expresivo”

Más artículos

Diana Arismendi

@dianaarismendi

- Publicidad -

El Maestro Dudamel aparece en la sala y los jóvenes músicos en profundo y reverencial silencio, casi que dejan de respirar, se muestran atentos a sus indicaciones y listos para comenzar a ensayar. Dudamel entra prometiendo develar “el ingrediente secreto” de la música. Ahora todos los presentes guardamos el más profundo silencio para no perder una palabra. Comienza el ensayo y después de los minutos iniciales en los que el Maestro da indicaciones precisas: ataques, tempo, fraseo, dinámicas ¡ah las dinámicas!, balance, cuando ya la música toma su rumbo y comienza a ser música, espeta: ¡expresivo, expresivo!

Luego de seis años sin pisar suelo venezolano, Gustavo Dudamel, el gran director de orquesta venezolano, ha venido a pasar unos días en su tierra, la ´chiquita´, Barquisimeto, y la grande, Venezuela, su país. 

Dudamel vino a Venezuela en visita privada, familiar, alimento para su espíritu. Un alto en su apretadísima agenda que lo lleva en pocas semanas de Los Ángeles a París, de París a Barcelona, de vuelta a París y, “da capo”, de vuelta a Los Ángeles. De allí a Boston, Nueva York y México, y entonces da un salto y aterriza en Venezuela sin agenda de conciertos. Pero el Maestro no estaría completo si no se acercaba a sus fuentes, a beber de la savia de la juventud venezolana, a interactuar con ellos y a dejar mucho de su conocimiento, así que -logística mediante- se organizó un seminario de la selección de la orquesta infantil para hacer ese contacto, ese maravilloso contacto. Su objetivo: un par de jornadas de carácter académico, formativo, pero lleno de la emoción de hacer música juntos.

Fueron días de alegría para él y a su alrededor, como siempre que hace aparición el aire se vuelve electrizante y el ambiente luminoso. “Expresivo, expresivo”, repite el maestro en el pódium, pero no se limita a enunciar, explica a los muchachos qué quiere y les dice como lograrlo. Canta, indica el tempo, explica dónde y cómo acentuar, dónde y cómo tocar a los instrumentistas de la cuerda; para los percusionistas remeda sonoridades y les explica cómo lograr el sonido deseado, cómo dirigir la energía. Como un fósforo sus palabras encienden su entorno, logra inmediatamente la atención de los muchachos y transforma su interpretación, inspiración pura.

El ambiente es de atención, 165 niños de todos los estados del país, entre 9 y 14 años, aunque me dicen que ya algunos comenzaron a cumplir 15. La “selección” de la Orquesta Nacional Infantil se prepara hace unos meses con profesores dedicados a su progreso, rodeados de un equipo que les proporciona una formación integral. Los muchachos además de tocar magníficamente sus instrumentos, ¡cantan! ¡Nunca visto! Una orquesta que puede tocar Tchaikovski y Berlioz, John Adams y Arturo Márquez y levantarse, soltar sus instrumentos y cantar el Gloria de Athos Palma, y seguidamente el hermoso madrigal del Maestro José Antonio Abreu “Sol que das vida a los trigos”. ¡Inédito, único! Si quieren echar un vistazo a este maravilloso momento pueden verlo en el Instagram de mi amiga Mónica Gómez violista y profesora de El Sistema: 
https://www.instagram.com/p/CkoUnP_gjH9/

Atención y respeto, los muchachos se esmeran en comprender y producir el sonido y la música como indica el Maestro que interrumpe no una sino muchas veces. Les dice: “¡Yo paro porque sé que pueden, porque está muy bien, pero puede ser 10 mil veces mejor!” Y al final del ensayo, créanme que suena mil veces mejor. Si uno cierra los ojos olvida fácilmente la edad de los intérpretes.

“El director de orquesta más grande de nuestro tiempo” como lo califica Ed Leibowitz en su artículo del pasado 17 de octubre en la revista Times

devela su secreto. “El ingrediente secreto” de su interpretación es considerar las dinámicas no como simple volumen, sino como color y timbre. Les explica este concepto novedoso a los jóvenes en palabras sencillas y los muchachos, guiados por su intuición, lo entienden y transforman su interpretación y nos deja pensando a todos. Con gran sencillez dice que él pide lo mismo a las grandes orquestas y las de jóvenes, como esta, o como la YOLA (Youth Orchestra Los Angeles, Orquesta Juvenil de Los Ángeles).

Atención y respeto, pero en el ambiente también hay un aire de fiesta. El ensayo termina con el emblemático y mundialmente famoso “Mambo” de Leonard Bernstein. Los jovencitos lo saben de memoria, Dudamel también de sus años al frente de la Sinfónica Simón Bolívar y de su magnífica grabación para el remake de West Side Story que dirigiera Steven Spielberg.  Y así, cantando y tocando (y también bailando) y en ambiente de fiesta se despidió por esta vez de los muchachos y de Caracas. 

Gustavo Dudamel está sin duda afincado en el mundo, vive con un pie en Los Ángeles y el otro en París, pero con el corazón en Venezuela.

- Publicidad -

Síguenos en

- Publicidad -

Recientes

- Publicidad -