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Qatar, fútbol y cultura

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Diana Arismendi

@dianaarismendi

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“Debes respetar las tradiciones, costumbres, leyes y religiones locales en todo momento y ser consciente de tus acciones para asegurarte de que no ofenden”.

Por estos días en Inglaterra y Europa jugadores y aficionados reciben una inducción a la cultura y creencias del mundo árabe, una suerte de manual de cómo desenvolverse a fin de sobrevivir sin mayores sobresaltos en Qatar
-un destino turístico poco conocido- los próximos días.
En pleno siglo XXI las costumbres son profundamente diferentes, jugadores y público asistente de todo el orbe deben entenderlo, así mismo los anfitriones.


Se espera que Qatar modere algunas de sus costumbres por la
gran afluencia de público que se espera en el país.

Este no es un artículo sobre deporte, tampoco es para los aficionados al fútbol, que por estas fechas ya lo saben todo. Conocen, además del calendario, las selecciones presentes, el grupo al que pertenecen y los jugadores que serán estrellas; las costumbres, hábitos y prohibiciones del país anfitrión, -sin dejar afuera las particularidades del clima inclemente de la región. Estoy segura de que ya lo saben todo, pero quizás no tienen idea de que además de futbol Qatar ofrecerá arte a sus visitantes. Los mundiales de fútbol, desde la celebración del primero en Uruguay en 1930 han ido ganando interés y estableciendo actividades paralelas de entretenimiento, -pocas veces arte- que de una u otra manera han marcado hitos. El primer evento transmitido en directo fue la Copa Mundial de 1970 que se llevó a cabo en México y, a partir de allí el fútbol se convirtió en un rentable producto televisivo en el mundo entero. En 2022 llegamos a la 22ª en medio de no poca polémica por la elección de la sede, el grave problema de los derechos humanos, los manejos fraudulentos para conseguir convertirse en sede del evento y un largo etcétera que no vale la pena mencionar. A pesar de todo esto, el mundial sigue siendo la fiesta del fútbol y como tal jugadores y fanáticos vamos a vivirlo.

En los próximos días se espera que más de un millón de personas acudan a Qatar para presenciar la Copa mundial de fútbol. Qatar, ubicado en pleno golfo Pérsico, es un país pequeño (11.571 km2) equivalente al tamaño de Jamaica. Con una población de menos de tres millones de habitantes, semejante a la de la misma Jamaica o de otra isla como Puerto Rico, o hasta de una ciudad de dimensiones medianas como Berlín. “Los pequeños estados tienen como objetivo superar su invisibilidad”, enuncia el Dr. Danyel Reiche, profesor de Georgetown University, especialista en “la intersección del deporte y la política”.  Según Reiche, Qatar vio en la organización de estos juegos “la oportunidad de cimentar verdaderamente su posición en el escenario global”. Gracias a su gas natural, la compañía aérea Qatar Airways, la cadena de televisión Al Jazeera, el rol de mediador que ha ejercido en tiempo recientes (en especial con los talibanes), el hecho de acoger un evento deportivo de esta envergadura consolidaría el camino hecho. Posicionar al país como “destino turístico familiar, además de por el arte y la cultura”, estima la Dra. Kamilla Swart-Arries, especialista en turismo deportivo y profesora de la Universidad Hamad Bin Khalifa en Doha, debería ser otro de los objetivos a alcanzar con la realización del evento.

A pocos días del inicio del evento aún es una incógnita quiénes participarán en el show inaugural. Los nombres van y vienen, artistas de renombre niegan su participación, incluso declaran que nunca tuvieron la intención de hacerlo, ni participaron en negociaciones.  Pero más allá de eso Qatar ha realizado esfuerzos y tomado acciones para presentar una oferta cultural que enaltezca el fútbol y la cultura árabe islámica. Ante el compromiso del Mundial el país, además de construir a gran velocidad las infraestructuras de deportivas que serán después del evento desmontadas, transformadas para otros usos que van desde instalaciones portuarias, hoteles, instalaciones deportivas para universidades, etc., paralelamente ha preparado una oferta cultural cuantiosa, diversa e interesante.

El Museo de Arte Islámico de Doha, la capital, reabrió sus puertas luego de un año de remodelaciones, en un espacio diseñado por el arquitecto sinoestadounidense Leoh Ming Pei -el mismo de la pirámide del Museo del Louvre-, pensado como “una plataforma para el diálogo internacional y el intercambio que une el pasado y el presente, Oriente y Occidente”. El museo, considerado “un faro para las artes islámicas” exhibe las colecciones de Qatar que abarcan unos 1.400 años de historia, con obras que van desde el siglo VII hasta el siglo XX e incluyen manuscritos, cerámica, metal, vidrio, marfil, textiles, madera y piedras preciosas. Las obras exhibidas fueron recopiladas en tres continentes, incluidos los países de Oriente Medio, España y China.

El edificio en Doha, construido en una isla artificial ubicada a 60 metros de la costa, ostenta maravillosas vistas panorámicas de la ciudad, es uno de los puntos sobresalientes del programa cultural con motivo del Mundial. A ello se añade el “Flag Plaza”, un espacio comunitario que servirá para festivales, música, celebraciones y los otros eventos que se llevan a cabo en paralelo, por demás uno de los pocos sitios públicos donde está permitido el consumo de alcohol. Allí se exhibe la instalación artística “Nosotros, ella, él”, una serie de bancas escultóricas de más de trescientos metros de piedra caliza tallada a mano, que se encuentran alrededor de la Plaza, que ha sido concebida como un espacio que “invita a reflexionar sobre la interacción y conexión humana”.

Paralelamente se encuentra ya instalado el “Festival de Esculturas a cielo abierto”, con cien obras monumentales ubicadas en espacios públicos – parques, centros comerciales, escuelas, estaciones de tren y también estadios de fútbol -comisionadas especialmente para el evento a artistas de todo el mundo- como el gigantesco halcón de doce metros de alto, bañado en oro, del artista alemán Tom Claassen, que verán los asistentes a penas lleguen al país pues está ubicado frente al aeropuerto de Doha. El Festival de Esculturas fue concebido con la intención de “trasladar el arte fuera de las paredes del museo y para llegar a un público global que de otro modo sería difícil de alcanzar”. Una vez finalizada la Copa del Mundo, serán conservadas de forma permanente.

“El arte genera diálogo y debate entre el público y también se ha convertido, con el tiempo, en parte de nuestra identidad” asegura Abdulrahman Al-Ishaq, director de Arte Público de los Museos de Qatar. El Museo Nacional de Qatar (NMoQ), inaugurado en 1975 y ampliado y remodelado en 2019, es una construcción de 40.000 metros cuadrados, conocida como “la rosa del desierto” por su despliegue arquitectónico en forma de pétalos de flor -en la foto que ilustra este artículo- alberga 11 galerías permanentes y temporales, un auditorio con 220 asientos, centros de investigación del patrimonio, laboratorios de conservación y lugares de almacenamiento de las colecciones. El Museo es otro de los imperdibles para los afortunados que visiten la ciudad, obra del arquitecto francés Jean Nouvel, el mismo del Louvre de Abu Dhabi, la ampliación del Museo Reina Sofía de Madrid, el Centro de Convenciones y Cultura de Lucerna, y en Francia de la Philharmonie de Paris, y el hermoso edificio del Instituto del Mundo Árabe (IMA) entre muchos otros.

Los artistas latinoamericanos no faltarán a la cita. Destaca la exhibición de la joven artista paraguaya Lili Cantero que consigue “inspiración en el deporte, especialmente en el fútbol”. En una exposición presentada por la embajada de Paraguay en Qatar, en colaboración con el Centro Cultural Katara se podrán apreciar balones pintados a mano con extremo detalle expuestos en la sala, igualmente zapatillas de fútbol que se exhibirán en una pantalla en 3D y que se proyectarán también en los estadios de Qatar durante los juegos, algunas de las cuales fueron pintadas por ella para jugadores destacados como el mismo Lionel Messi. De la misma artista se proyectarán también otros símbolos relacionados con Qatar, con la cultura del Oriente Medio, América Latina y Paraguay. 

Creo que habrá mucho que ver y que descubrir durante las próximas semanas. A los amantes del deporte les deseo que disfruten, como planeo hacerlo yo, de unos días de emocionantes juegos. Ojalá que las transmisiones televisivas nos dispensen vistas de Qatar y que este mundial nos sirva de oportunidad para adentrarnos en una cultura fascinante, distinta, y que sea oportunidad para desde el conocimiento, entendernos mejor.

PD. Me quedé con las ganas de rememorar los cuatro conciertos de Los tres tenores en los mundiales de fútbol en Roma 1990, Los Ángeles 1994, Paris 1998 y Yokohama 2002.

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