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Tito Rodríguez, inolvidable como siempre

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Hubo una época en la que no existía el bolero y creo que entonces la gente estaba incompleta.

José Balza (*)

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Diana Arismendi

@dianaarismendi

Pablo Rodríguez Lozada, conocido como Tito Rodríguez, nació en Santurce, Puerto Rico, el 4 de enero de 1923 y falleció en Nueva York el 28 de febrero de 1973, tenía solo 50 años. En los 60s, época de esplendor, todos los cantantes querían ser como él, todos querían tener su estilo y elegancia. Tito se convirtió en el modelo a seguir entre los cantantes y directores de orquesta de la época. La influencia de su música y su estilo lo hicieron convertirse en un símbolo, su huella ha rebasado el tiempo.

Sus inicios en la música fueron tempranos, ya a los 13 años -en 1936- se integra como cantor al grupo del Maestro Ladí Martínez, a los 16 ya estaba grabando su debut discográfico con el Cuarteto Mayarí. En 1940, impulsado por la muerte de sus padres, José y Severina, con seis meses de diferencia, Tito emigró a la ciudad de Nueva York a vivir con su hermano Johnny, músico también, quien residía en la ciudad hacía un tiempo. Allí el joven músico comienza a presentarse con varias de las orquestas en boga (entre las que destaca la de Xavier Cugat) hasta que, en 1947, hiciera su debut como solista y a partir de allí organizó su propia banda, a la que llamó inicialmente «Los Diablos del Mambo», desde el principio logró rodearse de músicos e instrumentistas muy calificados. Estudioso y analista incansable, siendo ya un músico reconocido en el medio en 1950 se matriculó en el Century Conservatory of Music of New York, donde estudió vibráfono, xilófono y percusión con el Profesor Moe Goldenberg, maestro de muy reconocidos percusionistas clásicos. Algunas fuentes señalan que sus estudios fueron en la Julliard School of Music, pero fue en el Century Conservatory donde culminó, en 1952, con honores sus estudios.  

Tito Rodríguez fue uno de los grandes exponentes del mambo, la pachanga, la guaracha y el bolero. Ya iniciados los años 60, y aun viviendo los mejores tiempos para el mambo y la pachanga, decidió interpretar y grabar boleros, un viraje arriesgado. Pero enseguida temas como “Inolvidable”, “El pañuelo”, “Llanto de luna” dieron la vuelta al continente: Puerto Rico, Canadá, Panamá, Estados Unidos por supuesto, y Venezuela, siendo el nuestro el país que más visitó con sus éxitos. Luego vendrían otros cambios: la dicción callejera fue sustituida por una muy cuidada, el look caribeño, pasado de moda y estereotipado, por el traje impecable. Leroy Holmes el director musical de la United Artists fue artífice de algunas de dichas innovaciones. En lo musical fue más allá y dotó a la exquisita voz de Tito Rodríguez -que era obsesivo con la sonoridad impecable-, de un marco de violines, flautas, etc. con arreglos excepcionales y elegantes; el buen gusto transformó así a la música latina y la proyectó hacia otros mundos.

Rodríguez se instauró bolerista sin ningún problema, algo que muy pocos logran. Me quedo con el bolerista, como Balza creo que el bolero nos hace más completos.

Como latinoamericana que soy, cuando salgo de mis predios de la música académica, de la música sinfónica, de la música contemporánea y de la mía propia, lo hago para acercarme a la salsa, al bolero, a la esencia de la emoción latinoamericana, nada me queda más cerca, ninguna otra música resuena como esta. Como Balza nos precisa:

“El amor en las tierras del mar Caribe y, por extensión, en casi toda la América Latina habla en bolero. Puede haber canciones inolvidables por su melodía o por sus frases. En el bolero ambas cosas están fusionadas tan profundamente que ningún oyente verdadero podría separar una cosa de otra. Ritmo, melodía, sentido: claves del asunto.  Claves que también proceden de las palabras y la manera como se dicen las cosas del amor entre nosotros.

No son versos las letras del bolero, aunque muchos bellos versos se cuelan allí: los autores no han buscado la creación metafórica sino la intensidad expresa, comunicante. Por eso el bolero está cerca del sentido inmediato, es decir, del habla o del susurro”.

Cantante, compositor, percusionista y director, dejó una huella imborrable en el espectro de la música caribeña. Su legado musical sigue vigente en artistas como Gilberto Santa Rosa, declarado admirador de Tito Rodríguez, quien en 1992 grabó el álbum tributo llamado ‘A dos tiempos de un tiempo’, o la producción más reciente del venezolano Rafael “Pollo” Brito “Homenaje a Tito Rodríguez” en 2014.

Este 2023 estamos celebrando el centenario de este artista, creador de un estilo que con sus propuestas cambió el paisaje de la música popular latinoamericana y abrió brechas a los artistas que lo sucederían.

(*) José Balza

El bolero: canto de cuna y cama, conferencia 1995

Les dejo algunos enlaces para descubrirlo, redescubrirlo o evocarlo

Inolvidable: https://www.youtube.com/watch?v=TXRW9FdZcZA

Tiemblas: https://www.youtube.com/watch?v=mFt5z02q5qI

Lo mismo que a usted: https://www.youtube.com/watch?v=0gnea_TqGPA

Se te olvida:  https://www.youtube.com/watch?v=EMflFx5yT5I

Cuando ya no me quiera: https://www.youtube.com/watch?v=BZPoUO12QXE

Mío: https://www.youtube.com/watch?v=QiO1wXGST7Y&list=OLAK5uy_kcMdF3QhvZscOdU6O7Avp6OVxdkXf2FVo&index=22

Tu pañuelo: https://www.youtube.com/watch?v=dbkR5azT7Ow&list=OLAK5uy_kcMdF3QhvZscOdU6O7Avp6OVxdkXf2FVo&index=19

Llévatela: https://www.youtube.com/watch?v=PWrFWQnBAqk&list=OLAK5uy_kcMdF3QhvZscOdU6O7Avp6OVxdkXf2FVo&index=16

Después les dejo navegar solos…

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