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El ocaso de la clase media venezolana y su exclusión del mercado automotriz

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Francisco J Contreras M

Los servicios de transporte público en Venezuela pueden calificarse insuficientes y han sido más bien una calamidad pública, propagadores de inseguridad y de contaminación. El vehículo particular cuando estuvo al alcance del poder de compra de la mayor parte de la clase media era por excelencia el medio de satisfacción de la necesidad de trasladarse de un lugar a otro.

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El vehículo también fue para la clase media venezolana un bien refugio de valor patrimonial, es lo que ocurrió luego de ser excluida del mercado inmobiliario por la pérdida de su poder adquisitivo y de las posibilidades de generar renta. Hoy en día, en presencia de una ligera recuperación de la economía, ha surgido una pequeña clase media de altos ingresos que ha impactado el segmento del mercado en el cual la posesión de un vehículo es símbolo de estatus social.

Durante los últimos 23 años la dinámica política, social y económica del país ha estado bajo la huella del socialismo del siglo XXI. Podemos identificar cinco períodos en el comportamiento del mercado automotor relacionando los precios del petróleo y las reservas internacionales netas: 1997-2003, 2004-2008, 2009-2013, 2014-2020 y 2020 a nuestros días.

Desde 1997 hasta el 2003 los precios del petróleo se mantuvieron con una ligera tendencia a la recuperación, en tanto que la venta de vehículos es inestable con propensión a la baja. A nivel de reservas internacionales hubo un claro comportamiento de deterioro. El socialismo del siglo XXI nació en medio de la incertidumbre recreando desconfianza.

Entre el 2004 y el 2008, todo mejora, la recuperación del precio del petróleo desde su nivel más bajo -10,88 dólares por barril- alcanza los 90 $ USD por barril en el 2008, nada más que 718 % de incremento. Estuvimos en presencia de un verdadero boom económico con un gran impacto distributivo de la renta petrolera a través del gasto público, pero con poco efecto de ampliación de la base productiva del país. Venezuela se transforma en un enorme almacén para el tránsito de productos importados. Es un pueblo iluso que ratifica su decadencia cívica, pues confunde esa transitoria alegría de un bienestar con algo permanente; ha comenzado la destrucción de la base productiva del país y crece la tendencia a importar todo y no producir nada. La obnubilación no deja espacio para la sensatez.

Desde el 2009 hasta diciembre del 2013, los precios del petróleo siguen aumentando, ahora a menor velocidad, pero la caída de las reservas internacionales y de las ventas de vehículos nos señalan el agotamiento de un modelo esencialmente asistencialista y distribuidor. Se necesitaría un crecimiento permanente y cada vez mayor del precio del petróleo para el sostenimiento del modelo económico del socialismo del siglo XXI, algo realmente inviable.

Desde el 2014 a 2020, es el doloroso despertar de un país que dejó pasar un siglo de abundante renta petrolera sin asegurar la sostenibilidad de un desarrollo equilibrado para concluir en una miseria mayor que aquella con la cual inició su ilusión: escasez extrema, horas y horas en cola en búsqueda de las pocas cosas que ya no es posible producir. De ser el país de Latinoamérica con el mayor índice de venta de vehículos, entre los 15 más grandes, ha caído al último lugar.

Desde el 2021 a nuestros días, entre la flexibilización de los controles de precios, la permisión de una dolarización imperfecta, la evolución favorable del negocio petrolero y el ablandamiento parcial de las sanciones que pesan sobre el país, se dio un pequeño respiro a la economía que, gracias a la voluntad y perseverancia de quienes lideran de las pequeñas y medianas empresas manufactureras y agrícolas, permitió una mejora de la economía del país. Sin embargo, desde octubre de 2021 regresó la práctica de la asfixia regulatoria que limita el proceso de dolarización, se hizo presente la escalada de los costos de transacción con la implementación de un nuevo sistema de aranceles en notarías y registros, se creó un impuesto a las grandes transacciones financieras y arreció la voracidad fiscal en todas las instancias de gobierno. 

@fjcontre35

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