miércoles 30, noviembre 2022
Promedio de temperatura mensual

75 de 100

Entropía, medio ambiente, individuo y sociedad

Más artículos

Francisco J Contreras M 

@fjcontre35

- Publicidad -

La comunidad mundial ha despertado en el tema de las alteraciones climáticas y del impacto negativo sobre la biodiversidad. Consciente de la necesidad de cambios necesarios para revertir esta destructiva tendencia, recientemente se realizó la Cumbre del Clima en Egipto. Sin embargo, la respuesta de los líderes del mundo y los gobernantes no ha estado a la altura de sus expectativas, muy a pesar de que los recientes acontecimientos geopolíticos, entre los cuales sobresalen la pandemia y la invasión de Ucrania, han agudizado los efectos, también han relegado la urgencia de modificar las políticas y revertir los factores nocivos sobre el planeta. 

Los antecedentes de la Cumbre de Egipto se remontan en el tiempo al movimiento conocido como El Club de Roma, el cual expuso por primera vez los efectos causados por la explotación de nuestros recursos naturales, especialmente en la relación del ser humano con su medio ambiente. Fue en abril de 1968 cuando se reunió en Roma un grupo pequeño de científicos, políticos, que provenían de países distintos, invitados por el italiano Aurelio Peccei y el escocés Alexander King para hablar de los cambios que se estaban produciendo en el planeta como consecuencia de acciones humanas. Sin embargo, la iniciativa solo tuvo el impacto esperado en los medios académicos.

La gente de Venezuela está padeciendo dos grandes problemas relacionados con el tema, enormes y simultáneos, el aumento del costo de la vida y las consecuencias de un desajuste ambiental que durante los últimos meses se ha manifestado en deslaves e inundaciones nunca vistas anteriormente y que de manera pendular puede alternarse en un futuro con sequías y calor extremo.

Hay un nivel de «arrogancia» que trasciende a la economía, al asumir que los recursos de la naturaleza eran riquezas ilimitadas. En nuestra economía solo se piensa que hay una necesidad de adquirir y de suministrar cosas, para que todas las partes obtengan una ganancia o satisfacción. Pero ignoramos que estos recursos no sólo son limitados, sino que también los más importantes son no renovables. Hemos desatendido la importancia de la economía como proceso civilizatorio y olvidado que el ser humano es parte de la naturaleza y no alguien que se sirve de ella sin consecuencias.

Las cosas poseen un valor que trasciende a la rareza, a su utilidad y a las preferencias de cada uno. No viene bien esta cita “En los días que corren la gente sabe el precio de todo y el valor de nada” (Wilde Oscar, 2004.  “El Retrato de Dorian Gray”.) El valor económico se recrea sobre la base de intercambios de energía, dinero, información y materia. Se abundó mucho en los aspectos transaccionales y se dejó de lado sus consecuencias sociales, ambientales y políticas que solo se harán visibles en el futuro. Todo acto humano da lugar a residuos, desperdicios y desechos cuyo reciclaje y reducción de impacto ambiental son imposibles de lograr de manera plena. Nada escapa a los principios de la termodinámica, al desorden irreversible de ese comportamiento.

En lo social, al igual que en la salud, rigen principios dinámicos de auto regulación, es falsa la noción de la robustez en las ciencias naturales y las sociales, cuando se cree que mejoran por la vía de predicciones, controles y fortalecimiento “resiliente”. Tanto en la naturaleza como en lo social, la superación de los males se hace desde la antifragilidad ante las desventuras o la adversidad. En una nueva manera de pensar en la economía es importante un ejercicio de humildad, como seres humanos debemos tener una relación no solo con la ecología, sino con la ecología humana, pues no estamos solos, uno no es uno si no existen los demás

- Publicidad -

Síguenos en

- Publicidad -

Recientes

- Publicidad -