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Incoherencias en la política económica de Venezuela

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“Un año de paradojas en la política macroeconómica, con alzas y bajas intempestivas de la emisión de dinero, se mantiene la tendencia a su moderación. Sin embargo, desde noviembre de 2021 en la perspectiva microeconómica, tras una vaporosa liberación de la economía, hay una clara intensificación de la asfixia regulatoria. El resultado: incertidumbre y resaca de precios y del tipo de cambio. Como las Pymes se activaron para producir, el sector agrícola efectúo sus tareas de siembra y el sector animal planificó para crecer, se mantiene la expectativa de crecimiento moderado y difícil”.

Francisco J Contreras M

@fjcontre35

Los tiempos de la hiperinflación de 2018 y 2019 (más de 50% por mes sostenidos en ciclos trimestrales) fueron superados por la vía de la disminución de la emisión de dinero. Durante esos años el alza de la inflación y el deterioro del tipo de cambio fueron superiores al crecimiento de la emisión de dinero. Parálisis económica, desabastecimiento y mercados negros fueron las consecuencias de esa práctica irresponsable.

Para los años 2020 y 2021, de manera subrepticia se relajaron los controles de precios y costos; se transfirió parcialmente al sector privado, bajo la forma de comodato, la administración de empresas cerradas o en quiebra bajo control gubernamental; y se permitió una “dolarización” parcial de la economía. Los resultados todos los conocemos: una ligera recuperación económica del país y la salida del estado de hiperinflación con depresión económica. La leve reducción de los problemas del suministro de combustible y de las interrupciones del fluido eléctrico y la mejora parcial de las exportaciones de petróleo dejaron en el ambiente una expectativa favorable para la economía del año 2022.

Para diciembre de 2021 se mostraron los signos de un cambio de estrategia y se abrió la caja de pandora: se frenó la incipiente formalización de un sistema parcialmente “dolarizado”, la avaricia fiscal de las alcaldías se destapó, se creó un impuesto a las grandes transacciones financieras, se implementó una costosa modificación de trámites en registros y notarías y se dejó sin cambios la administración de justicia.

Mientras el panorama se complica, en las redes sociales la adictiva búsqueda de rating crea un sesgo hacia lo mediático: “este es un país de ilícitos”, “los únicos que mejoran son los enchufados”, “los políticos son una basura”, …, es decir nada funciona en este lugar. Hay un ensordecedor ruido que confiere legitimidad a las expresiones más angustiosas que aparecen en nuestra mente. Las investigaciones en centros de investigación en el mundo han permitido concluir que los “super usuarios” de las redes (Bronner, 2022), no más del 1%, dominan la generación de contenidos en esos medios.

Muy a pesar de las circunstancias, hay una economía que sobrevive a la adversidad, a “pulmón propio” gracias a las Pymes, a la tenacidad de los emprendedores, a quienes en medio de dificultades agregan valor social con su trabajo, a quienes mantienen abiertos nuestros centros de enseñanza. Este es el nuevo relato con sentido de propósito que, como cultura en el silencio, se ha propuesto una mayoría en este país. En el fondo de la tinaja de la existencia se encuentra “Elpis”, la esperanza que hemos calificado de “objetiva”. 

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