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Francisco J Contreras M

@fjcontre35

Hemos entrado en Venezuela en una fase en la cual aparece como factor crucial de la crisis, la intensificación del sentimiento de angustia y postración de la gente, en un cuadro de ligera e incierta recuperación económica con alta inflación. Muchos venezolanos han sido tentados por las actividades del sector informal destructivo vinculado con los mercados negros y por la huida del país por las rutas más peligrosas conocidas, siendo esta última la decisión de riesgo mayor. Consideramos que es la hora de quedarse en el país y reorientar todos los recursos vitales hacia la exploración de espacios para el emprendimiento frugal con base en las capacidades de la persona.  

Se escucha en nuestro medio con mucha frecuencia: “Eso es lo que te pagan? mejor cuidamos carros y nos ganamos en un día lo que te ganas en un mes”; “Solo los enchufados viven en la abundancia”; “Los expertos afirman que aquí solo prospera lo ilícito”; “En el Darién todo es duro, pero no imposible de superar”. Es el imaginario popular de una deliberada distorsión de la realidad que desde las redes sociales se propaga instantáneamente y se constituye en la mayor fuente de pérdida de energía vital, de autoestima y de confianza, es el peor camino para darle sentido a la vida. El estado inducido de la angustia de creerse en el peor lugar del mundo, es el terreno fértil para la creación de todo tipo de especulaciones y rumores.

No podemos negar las condiciones extremas del país que han trastocado la cotidianidad existencial del venezolano, como lo son: las dificultades para el logro de un empleo estable y bien remunerado; la severa reducción del poder adquisitivo y la pérdida de la noción sobre cuál es el valor de lo que una persona hace con sus recursos; la dislocación de la rutina diaria con un consumo adictivo del tiempo útil en las redes dedicado a la lectura de calamitosos sucesos en su mayoría falsos.

El sentimiento de no poder valerse por sí mismos para generar resultados económicos, espirituales y de esparcimiento realizador, junto con el aumento de la inseguridad en todos los planos de la existencia, se encuentran en el origen de la postración masiva de los venezolanos. En consecuencia, mucha gente actúa comprometiendo su existencia apresuradamente bajo el supuesto de que las dificultades del ahora y las condiciones del ambiente serán permanentes.

Es conveniente tener conciencia e internalizar adecuadamente esas circunstancias, de manera que la persona y su grupo familiar puedan sobreponerse a la pérdida del sentido de pertenencia. Lo que estamos viviendo es la antesala de algo distinto. Es necesario el apoyo a la gente para ir al encuentro de una profunda reflexión a nivel familiar asumiendo los siguientes aspectos:

Primero, lo que está aconteciendo es tan solo un momento de la existencia familiar producto de una transición, no es algo permanente ni de duración indefinida.

Segundo, si usted pierde su fuente de ingresos o se queda sin empleo, no debe retraerse ni sentir deshonra; debe mantener y aumentar su  contacto con amigos y familiares. El que pueda sobreponerse depende esencialmente de sí mismo.

Tercero, acepte lo que está ocurriendo, los sentimientos que genera, concédase sentirse mal y comparta el trance con alguien de confianza.

Cuarto, busque apoyo en su entorno cercano, cuide su salud física, su equilibrio emocional y el de quienes le rodean; mientras pueda, coma bien, ejercítese, descanse, haga paradas. Reducir el estrés es posible y conveniente.

Quinto, dése una pausa larga para rehacer su plan familiar, reorganizar su economía, formular su dispositivo de acciones y retomar el control emocional de su vida, sea lo que sea el futuro depende de usted, entre en confianza. Alargue su horizonte buscando las oportunidades que existen en lo que le acontece.

Sexto, evalúe e indague antes de tomar acciones apresuradas e irreflexivas fundadas en lo que haya dicho un experto, su vecino o los medios. Detenga la premura, distinga entre el deseo, la emoción y la evasión frente a las necesidades reales y la conveniencia del uso   cuidadoso de sus medios de pago.

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