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La precariedad del ingreso familiar en Venezuela

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“El salario mínimo en Venezuela perdió su utilidad para formular políticas públicas de alivio a las desigualdades y a la miseria. Si fuese útil para identificar el estado real de los ingresos familiares, tendríamos un país en una condición general de hambruna. El costo de mantener un puesto de trabajo para el sector formal de la economía supera los 150 $USD sin considerar los colaterales gastos de transporte, salud y alimentación. El resto de los ingresos familiares proceden de remesas, de actividades informales que agregan valor y de las destructivas derivadas de los mercados negros y de las relaciones privilegiadas circunstanciales con el poder”.

Francisco J Contreras M

@fjcontre35

El país se desenvuelve en una gobernanza que recrea un contexto bajo el cual el sector público opera en las últimas, con un personal mal remunerado, con fallos recurrentes y masivos de todos los servicios, en un entorno donde convergen las necesidades de quien requiere un servicio con urgencia y el funcionario arruinado. Cualquier actividad simple, desde renovar un documento personal, hacer un pago de servicio público, solicitar un servicio de conexión telefónica o de electricidad, requiere una cantidad de trámites que obstaculizan hasta las cosas más sencillas de la vida, este es el mundo de la asfixia regulatoria. El verdadero monto del ingreso disponible de la familia venezolana no lo refleja ninguna estadística oficial ni los estudios más elaborados fundados en la recolección de datos convencionales.

Nadie le gana a la inflación; solo los gobiernos y sus allegados lo hacen por triple partida: primero, porque recaudan más sin que a la economía del país le vaya bien; segundo, porque siendo origen del mal y de sus efectos, estos aparecen difusos para el público tercero, porque resulta fácil para los gobiernos, en esta condición, desplazar su responsabilidad como fuente de esos males hacia las organizaciones privadas.

Lo más grave de los aumentos por decreto, es que crean en la gente el sentimiento de que la única vía para el logro de mayor ingreso real son los anuncios de ajuste del Gobierno. Estos aumentos al margen de la productividad del trabajo -sin la creación de valor económico- se disuelven con la inevitable inflación que generan. Cuando un aumento del costo laboral no se traduce en creación de riqueza, quedan dos alternativas: suben los precios o dan origen al cierre de las empresas, el resultado, cualquiera que sea, constituye un problema.

La presión mediática de protagonismo en las redes sociales, las pulsiones de la gente en el deseo de una solución inmediata y el desprecio hacia el rigor que exige el estudio de la complejidad, hacen casi imposible un consenso para resolver los desafíos de la disrupción tecnológica, del deterioro ambiental y de la bifurcación civilizatoria que se abre paso en el mundo. Estamos en presencia del terreno fértil para la propagación de una cultura de tergiversación deliberada de la realidad, de relativización de la verdad, de quiebra del lenguaje necesario para la deliberación en democracia, es decir, de destrucción de la confianza individual y social, es la amenaza populista-iliberal. Los verdaderos aumentos del ingreso real de la gente son los que proceden de la creación de riqueza o de valor, en el conjunto del aparato productivo del país, que se distribuye entre los trabajadores, los empresarios y el gobierno.

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