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Los fallos de la economía del Socialismo del Siglo XXI

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“Es corriente asociar al mercado con el capitalismo, como si no tuviese existencia bajo el socialismo del siglo XXI. Resulta que los llamados “fallos de la economía de mercado” no desaparecen con ese modelo: más bien, se acrecientan, y con mayor generación de desigualdades sociales. El mercado no nació con el capitalismo, surgió cuando el ser humano fue capaz de generar excedentes que podían servirle para obtener, a través del intercambio y con mayor eficiencia, los otros bienes que le hacían falta. Este socialismo suma a los fallos del mercado las calamidades de sus propias regulaciones”.

Francisco J Contreras M

@fjcontre35

En las economías socialistas reguladas, se establecen controles de precios y penalizaciones para su cumplimiento y supervisión, añadiendo costos sociales. Con los controles se sustituye a un mercado de naturaleza económica por otro con connotación ideológica que transfiere poder discrecional a unos pocos. Es una discrecionalidad que da origen a mercados negros. De este modo, los productos se hacen más escasos, más caros, de dudosa calidad, con costos adicionales de búsqueda y espera en colas. Se valida que, bajo la mano visible de la intervención arbitraria, se esconde la mano escondida del mercado negro y todas sus perversidades. Realmente estamos lidiando con el populismo de izquierda.

Como fallos del mercado se califican a las consecuencias negativas de la economía de mercado en ausencia de regulaciones. La tipología de esos fallos se puede resumir en la siguiente lista: ejercicio de poder de monopolio, existencia de externalidades, asimetrías de información e incentivos perversos, escaso aprovisionamiento de bienes públicos, inestabilidad económica y desigualdad de ingresos.

Cuando el intervencionismo -que afecta a las actividades de producción o de procura de bienes y servicios- tiene efectos colaterales sobre terceros no involucrados en la transacción (terceros que no son compensados cuando el impacto es negativo y que no pagan cuando el efecto es positivo) y se crean ineficiencias en el sistema productivo. La política pública bajo esta praxis es una máquina generadora de efectos colaterales negativos a nivel del individuo y de la sociedad.

Desde su fase inicial, los fallos del mercado son mayores en el modelo socialista del siglo XXI, donde prevalecen los controles de variables como son los precios, el empleo, la tasa de cambio, las tasas de interés, pues estas variables no se les puede decretar o fijar discrecionalmente sin crear efectos colaterales negativos. En su fase terminal, cuando la base productiva de la economía se encuentra en el límite de la demolición, esa gobernanza iliberal se refugia en la emisión irresponsable de dinero y la asfixia regulatoria. La única posibilidad para perpetuarse en el poder que le resta a esta gobernanza es la suscripción de un capitalismo al estilo turco, chino o vietnamita.

El desconocimiento del cómo la política económica impacta en las decisiones del mercado tales como los precios, la competencia, las barreras de entrada y salida de mercados, afecta la productividad del trabajo y del capital, obstaculiza el desarrollo y difusión de las nuevas tecnologías y desmejora la capacidad de respuesta ante los cambios del mercado. Las regulaciones terminan añadiendo costos fijos y variables a la sociedad como un todo, sin valor agregado.

Un adecuado sistema de regulaciones debe considerar la apropiada transparencia y predictibilidad en la formulación, aprobación y ejecución de las regulaciones, que esas normas se sometan a verdaderos debates y evaluación en términos de su efectividad, eficiencia, efectos directos y colaterales a través del mercado y no como sujetos de propaganda política y justificaciones ideológicas, impuestas por la vía del control de los poderes públicos.

Las regulaciones deben formularse a partir del mercado y no como sustitución del mismo. Políticamente hay que dejar de estigmatizar al mercado y la pretensión de sustituirlo por mecanismos políticos de decisión. En definitiva, el mercado es una realidad cultural y no un constructo creado por el capitalismo, cualquier intento de control arbitrario es el origen de lo más perverso de los fallos del mercado: los mercados negros. Una sana política regulatoria busca incidir sobre los fallos de la economía a través del mercado y no de su control.

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