domingo 02, octubre 2022
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Un país a la deriva con la brújula perdida

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Francisco Contreras

@fjcontre35 

La geopolítica en la perspectiva energética y alimentaria devela para Venezuela un escenario de perplejidad, pues un país con una dotación privilegiada de energía fósil, hidroeléctrica y con un potencial de desarrollo de fuentes alternas, sufre una penuria equivalente a la de un país desvalido de esos recursos, en un estado permanente de conflictividad. En lo que resta de este año, para el sector agrícola de nuestro país se espera una buena cosecha de cereales y de producción avícola de proteínas, en condiciones precarias de financiamiento, inseguridad y con problemas de abastecimiento de materias primas e insumos.

En el mundo, desde hace 10 años el aliciente para invertir en la producción de energía decayó, mostrando su declive antes del bloqueo de Suez, de la pandemia y de la guerra de Ucrania. La inminente insuficiencia relativa de la oferta ya estaba revelando los signos de su fragilidad en la generación y distribución de fluido eléctrico, de combustibles, de gas, a la cual se debe agregar la escasa contribución de fuentes alternas. Eran anuncios del fin de la abundancia del decenio que le precedió, en los países más avanzados.

El ritmo globalizador de la economía mundial dio señales de fatiga con el regreso al proteccionismo como reflejo de la confrontación entre EEUU y China, con la participación de las potencias de segundo nivel de Asia, de la Unión Europea, de Rusia que les rodean en connivencia, es una realidad emergente diferente a los conflictos del pasado, es decir, con respecto a las dos guerras mundiales y a la guerra fría. 

Confluyen fuerzas que alimentan la complejidad, la fragilidad, la incomprensibilidad y volatilidad de lo que puede acontecer. Como ejemplos, la reactivación del uso del carbón en tanto se encuentre desenlace con menos impacto sobre el cambio climático, el reacomodo de la producción y de la logística del gas natural y su relación con la producción y distribución de fertilizantes, el sacrificio de las ventajas derivadas del libre comercio y de una localización económica eficiente en razón de la conflictividad mundial. Todos estos eventos, en el tiempo, espacio, contexto económico, político y social están relacionados entre sí, de forma no lineal e impredecible. 

Estamos en el final de las ideologías como proyectos políticos y de las teorías conspirativas como explicación de lo que acontece, ambas presunciones vienen siendo refutadas por los hechos, pues nos encontramos en un mundo predominantemente capitalista de connivencias, no hay más espacio para el desborde arrogante de la creencia de saber todo lo ya vivido y no formular propuestas así no sean las mejores. En definitiva, agricultura y energía guardan una estrecha relación muy importante para el mundo y más para nuestro país, pero sorprendentemente, no despiertan en el discurso político de Venezuela la necesidad de una narrativa relacionada con la urgencia de acometer un plan para el desarrollo de esos sectores. 

Los debates deben tomar distancia de las disputas políticas y ser pensados con sentido económico estratégico sin diferimiento. Hay más claridad en el planteamiento del presidente Gustavo Petro en el caso de Monómeros Colombo Venezolanos S.A. que de nuestro lado, mientras en Colombia se diserta sobre la importancia de la producción de fertilizantes para la agricultura de su país, del buen funcionamiento de la empresa y de la intención de comprar hasta un 51 % del capital accionario, del lado nuestro, la diatriba sigue el curso político de la búsqueda de responsables del desastre. 

Hay que romper el cerco de los extremos, no estamos solos y nos necesitamos todos, nadie va a venir del resto del mundo a salvar una sociedad que en medio de la abundancia de recursos externos (más de 500.000 millones de $ USD), internos convencionales (petróleo, gas natural, hierro, bauxita, minerales y piedras preciosas) y ahora para completar coltán y quizás tierras raras. Es necesario abandonar la idea del conflicto permanente de querer ganar a través del aniquilamiento del supuesto adversario.

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