jueves 01, diciembre 2022
Promedio de temperatura mensual

75 de 100

A Javier Marías cultor de la verdad

Más artículos

  “…Continúa Javier Marías con otro párrafo demoledor: “…Los adanistas menos puros, los que encajan mejor en la segunda definición que en la primera, se ven en la obligación de echar un vistazo atrás para desmerecer el pasado reciente, para desprestigiarlo en su conjunto, para considerarlo enteramente inútil y equivocado. Han de demolerlo y declararlo nulo y dañino para así subrayar que “lo bueno” empieza ahora, con ellos y sólo con ellos…”

Jorge Puigbó

@JorgePPuigbo

El hombre pareciera que, como un perro, diera vueltas y vueltas para morderse una cola que nunca alcanza, es una actitud muchas veces incomprensible al apartarse de lo razonable. La historia es testigo imparcial y objetivo de lo que decimos, nos referimos indudablemente a los errores que se cometen y vuelven a cometerse, afectando profundamente a la sociedad humana. En otras oportunidades hemos dicho que la historia enseña, pero por razones políticas, interesadas y miopes, nos ocupamos de ocultarla o deformarla. La misma pareciera haberse convertido en una exposición ideologizada de los hechos pasados para apoyar el presente en la estructura de una narración convenientemente adecuada. Este argumento, basado en la constante reinterpretación de acontecimientos o personajes del pasado es solo entendible a la luz de los intereses de grupos políticos minoritarios. La destrucción de estructuras físicas, la supresión y cambios de nombres de personajes no afectan la historia, ni la cambian. Se nos ocurre que, cuando se perdieron o debilitaron los argumentos en los cuales se habían sostenido algunas posiciones ideológicas, ciertos líderes comenzaron a utilizar grupos minoritarios, acudiendo al expediente de desempolvar cuestiones que parecían superadas o encaminadas, captando clientela mediante la utilización de resentimientos ocultos. En un artículo publicado el 2 de marzo del 2021 titulado “Historia, Eterna Reincidente”, dijimos: “…A pesar de la propaganda y la aparición de claros elementos políticos propiciantes del caos, la sociedad americana, esperemos, se cierre en torno a sus valores. Las minorías de afroamericanos y latinos, cada uno por su lado, y enarbolando banderas diferentes arremeten contra símbolos históricos sin razón alguna, impulsados y guiados por dirigentes que responden a ideologías violentas. Destruir símbolos, monumentos, edificaciones no es precisamente una forma de integrarse…”. 

Recientemente murió uno de los grandes escritores de la lengua española, se llamaba Javier Marías, hijo de Julián Marías, a su vez filósofo, escritor y autor de un libro que nos guió en nuestros primeros intentos de acercarnos a la filosofía. Quizá esa influencia paterna en su educación, produjo en Marías una forma de escribir que delata una continua exploración de la naturaleza humana y de su entorno. El 1 de marzo del 2015 escribió en El País, de España, un artículo impactante: “Un País Adanista e Idiota”, del cual me voy a permitir tomar algunos párrafos por ser contundentes al denunciar esa cualidad o inclinación humana de volver a repetir o redescubrir hechos pasados, disfrazarlos y renombrarlos apropiándose inclusive de su autoría. Veamos: “…El resultado de esa actitud suele ser que los “originales” descubran sin cesar mediterráneos y por tanto caigan, sin saberlo, en lo más antiguo y aun decrépito. Presentan como “hallazgos” ideas, propuestas, políticas, formas artísticas mil veces probadas o experimentadas y a menudo arrumbadas por inservibles o nocivas o arcaicas. Pero como el adanista ha hecho todo lo posible por no enterarse, por desconocer cuanto ha habido antes de su trascendental “advenimiento” –por ser un ignorante, en suma, y a mucha honra–, se pasa la vida creyendo que “inaugura” todo: aburriendo a los de más edad y deslumbrando a los más idiotas e ignaros de la suya…”. El adanismo es según el DRAE: “Hábito de comenzar una actividad cualquiera como si nadie la hubiera ejercitado anteriormente” y de acuerdo al Diccionario del Español Actual, citado por el autor: “…tendencia a actuar prescindiendo de lo ya existente o de lo hecho antes por otros”. Continúa Javier Marías con otro párrafo demoledor: “…Los adanistas menos puros, los que encajan mejor en la segunda definición que en la primera, se ven en la obligación de echar un vistazo atrás para desmerecer el pasado reciente, para desprestigiarlo en su conjunto, para considerarlo enteramente inútil y equivocado. Han de demolerlo y declararlo nulo y dañino para así subrayar que “lo bueno” empieza ahora, con ellos y sólo con ellos. Es una de las modalidades de vanidad más radicales: antes de que llegáramos nosotros al mundo, todos vivieron en el error, sobre todo los más cercanos, los inmediatamente anteriores. “Mañana nos pertenece”, como cantaba aquel himno nazi que popularizó en su día la película Cabaret, y todo ayer es injusto, desdichado, erróneo, perjudicial y nefasto. Si eso fuera cierto e incontrovertible, tal vez no haría falta aplicarse a su destrucción…”. Decirlo mejor es muy difícil, definir una actitud humana de forma tan clara creo que no se puede.

Algunos días, unos más que otros, los que tratamos de aporrear un teclado para escribir algo, nos sentimos sobrepasados por el contenido de libros y artículos que a diario nos ilustran y por cuanto creemos en la función de predicar y trasmitir, estamos en el deber de cumplir con ello e incluir párrafos como este que escribió Karina Sainz Borgo, el 1 de agosto del 2022, en Ethic.es: “La Guerra Cultural existe …en Twitter”: “…La reciente exhumación del término guerra cultural está emparentada con la orfandad que dejó a su paso la demolición del materialismo histórico. Al desplomarse el marxismo y fracasar la posibilidad de construcción de una sociedad sin clases, la izquierda se quedó sin sustancia propia, sin señas de identidad. De ahí que, durante los años 60 y 70, ante la certeza de que el capitalismo no desaparecía, el marxismo se volcó en la crítica cultural. Es esa misma crítica la que hoy regresa ungida con el don de la viralidad. En una sociedad hiperconectada crece la percepción de la confrontación a favor o en contra de casi cualquier cosa: veganos contra carnívoros, negacionistas versus epidemiólogos, hombres contra mujeres, feministas de izquierdas frente a feministas de derechas o –en el combate más reciente– progresistas contra neorrancios, el epíteto con el que una parte de la izquierda acusa de conservadora a la otra. Son los apocalípticos y los integrados de Umberto Eco, pero sesenta años después…”, concuerda con Javier Marías.

Todo lo anterior se puede resumir a una expresión audaz, narcisista, y por tanto irresponsable que brota de la boca de ciertos sectores políticos: un sistema económico y político no es malo en sí, fracasó porque no supieron aplicarlo, llevarlo a cabo, nosotros sí lo haremos bien y lo demostraremos. Vuelta a la tragedia y al dolor.

Síguenos en

Recientes