Apoyarnos en lo positivo

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“Cualquier persona que sobresalga políticamente, la mayoría de las veces sin razón, es destrozada, triturada en los negros engranajes de la calumnia, la incomprensión y la maldad, cada vez más utilizados, multiplicados, manipulados, por unas redes sociales, dónde la reina es la mentira con su disfraz de posverdad.”        

Desde hace un tiempo se usan algunas expresiones como: “bájale dos”, o “coge mínimo”, para solicitarle a una persona que se calme, que se tranquilice. Los venezolanos somos como un motor de un vehículo acelerado al máximo, estamos viviendo con un exceso de revoluciones, y no me refiero precisamente a la revolución que nos tiene arruinados como país, sino a una de sus consecuencias: la angustia permanente, la zozobra en que vivimos. Tratar de apartarnos de lo que cotidianamente nos golpea es imposible, solo nos queda intentar racionalizar un poco, buscarle sentido a la cantidad inmensa de noticias contradictorias y frustrantes. 

Lo primero es admitir y corregir nuestra tradicional y arraigada predisposición a la descalificación irresponsable de los líderes intelectuales o políticos, basados generalmente en chismes que oímos o leemos, en cuentos, y sin que tengamos la menor idea de su veracidad, los trasmitimos y compartimos, sintiéndonos intelectualmente satisfechos, aunque estemos muy lejos de calzar los puntos de quienes desprestigiamos. Cualquier persona que sobresalga políticamente, la mayoría de las veces sin razón, es destrozada, triturada en los negros engranajes de la calumnia, la incomprensión y la maldad, cada vez más utilizados y multiplicados, por unas redes sociales, donde reina la mentira con su disfraz de posverdad. 

Para ejemplo tenemos el del expresidente Carlos Andrés Pérez, cuya injusta crucifixión dio inicio a esta tragedia, la más grande que hemos tenido. Hoy hasta los culpables de su condena lo reivindican. Demasiado tarde. Golpes de pecho y rectificaciones solo sirven, si acaso, de consuelo deprimente. En Venezuela quedan pocos líderes con su imagen intacta, civiles o militares, de todos los tiempos, y que ostenten una carga de elementos positivos realizados que nos llenen de orgullo, que sea un ejemplo. No nos ponemos de acuerdo ni en nuestra propia historia, la negatividad manda.

Poco a poco, se ha sepultado cualquier legado positivo de nuestra historia, hasta el glorioso Páez cae de su pedestal empujado por ideologías destructivas. Pregúntenle a los jóvenes, lean los textos de enseñanza. Todo gobierno siempre exhibe algo positivo, hay que rescatarlo y exponerlo. Las obras, de cualquier gobierno, del signo que sea, se somete a un desmontaje y a una negación. Nos debe dar vergüenza como patriotas de una nación tambaleante que no podamos darnos cuenta del daño que nos hicimos, y nos hacemos, y digo ésto por cuanto es una inmoralidad seguir con la irresponsabilidad de trasladar todas nuestras frustraciones a los pocos venezolanos que tienen el valor de subirse a una tarima pública y enfrentar los inmensos retos de la nación. Eso no quiere decir que se acepte que ellos, conjuntamente con los que se denominan élites, podrán deslindarse de sus errores acusando a un pueblo sufrido y manipulado al extremo, de ser los culpables por haber elegido mal al conductor del estado.

Se realizaron unas elecciones este 21 de noviembre, para muchos un remedo, una pantomima, un acto inexistente desde el punto de vista eminentemente jurídico, lo cual puede ser cierto, pero también tiene un cariz político positivo. Fue una manifestación innegable de una porción de pueblo que quiere una salida que sus líderes no han sabido construir, y en lugar de extraer elementos positivos del hecho, muchos se han dedicado a burlarse, a injuriar, a vilipendiar al que acudió a votar. Y más grave es la tendencia que está apareciendo, la cual pretende tratar de demostrar que esas personas que votaron por la oposición son cómplices del gobierno, aberrante imputación que  completa y ahonda la división de los sectores que adversan al régimen. 

Son muchas las cuestiones preocupantes, una de ellas es ver a líderes reclamando airados un cambio de toda la dirigencia opositora a la cual ellos mismo han venido perteneciendo, eso es un despropósito y una irresponsabilidad. El presidente interino Juan Guaidó sigue teniendo el mayor nivel de aceptación en cualquier encuesta, cuestión esta que no pueden obviar los líderes que comienzan ya su labor de zapa, sin tomar en consideración la existencia de un elemento jurídico de extrema gravedad para el país: qué sucederá en el mes de enero con la Asamblea Nacional, con el presidente cuya investidura es totalmente legítima y está reconocida en el exterior. ¿Serán tan irresponsables de crear un vacío de poder que nos conduzca hasta lo más profundo del barranco? ¿Un estado fallido? 

Y lo peor de todo es la actitud arrogante y sin sentido de aquellos cuestionadores de oficio, a quienes, cuando se les pregunta cuál es el próximo paso, nunca tienen respuesta alguna, simplemente pareciera que buscan la salida del régimen en factores externos al proceder político, o en la actuación eventual de terceros que no mencionan, las ilusiones no cuentan.

Hoy se cuestiona a los políticos tanto, que serlo, implica tener una coraza dura para resistir los improperios de quienes nunca en su vida han pisado la sede de un partido político, ni han fundado una seccional de uno de ellos en un barrio, ni se han ocupado de difundir sus ideas formando gente del pueblo, ni han organizado grupos o cuadros para defender la democracia. Esas personas que tanto despotrican de todo, deben hacer un examen de conciencia y pensar que una gran parte de la culpa de lo que nos sucede se debe al abandono de los espacios de lucha, dejándoselos muchas veces a quienes no tenían ni la formación, ni la intención de conservar el sistema de libertades que teníamos. Tantos buenos dirigentes quemados en las hogueras de la maldad, de la mentira urdida con saña, de la irresponsabilidad de sus propios compañeros de lucha, de esa actitud que aplaude incondicionalmente para no quedar fuera del grupo, aunque sea inmoral lo que se celebra, si no rectificamos desapareceremos como nación.

@jorgeppuigbo