sábado 13, agosto 2022
Promedio de temperatura mensual

69 de 100

¡Ay, Mikel!

Más artículos

Carolina Jaimes Branger

@cjaimesb

¡Ay, Mikel! Como le dijo Billo a Isidoro, ¡buena broma nos echaste el día que te marchaste!…

Anoche, cuando me enteré de que te habías ido definitivamente, sentí mucha tristeza. La que se siente cuando se pierde a alguien querido y cercano como lo fuiste tú. No me podía dormir y empecé a pensar sobre cuándo fue que tú y yo nos conocimos… Todavía no eras cura, pero ya estabas en el camino de serlo… En aquella época me pareciste simpático, pero un poco “viejo”. Me llevabas cinco años y pico y a esas tempranas edades la diferencia es grande. Fue en un casting de un grupo de teatro en una casa de La Floresta, no sé de quién era, al que yo finalmente no entré. ¡Cómo te encantaba el teatro! Años después te fui a ver en el CELARG cuando hiciste “El Tartufo” ¡y cómo nos reímos de los comentarios de quienes habían quedado horrorizados por tu actuación!

Cuando me fui a hacer el postgrado en los Estados Unidos, supe que te ibas para Roma…

¡Qué bueno que reconectamos cuando regresaste! Aunque yo vivía en Maracay, nos vimos con cierta frecuencia en eventos en la UCAB. Recuerdo nuestra acalorada discusión sobre Chávez y sus intenciones cuando fuiste uno de los que lo entrevistó en el Ateneo y yo te reclamé que parecías estar muy a gusto con él. Lo sentiste sincero y con conciencia social. Yo, en cambio, le tuve terror desde el día uno. Pero como hombre brillante que fuiste, muy pronto te diste cuenta de que su proyecto era otro. Y desde que empezó este régimen a molestar, temprano en 1999 con el decreto 1011, nuestra amistad se hizo más sólida.

Conservo una foto de nosotros dos parados en la puerta del Ministerio de Educación, en aquella primera protesta a la que fuimos. Con veintiún años menos, teníamos la energía y los bríos de luchar contra lo que se presentara en contra de la libertad y los valores democráticos. Lo increíble es que todavía los conservamos. Tú, en el exilio y yo todavía aquí…

En esos años también tuvimos la dicha de que le dieras la Primera Comunión a nuestra hija Sofía. ¡Si hasta me provocó torcerte el pescuezo cuando le dijiste “si tu mamá te molesta, me llamas y yo me entiendo con ella”! ¡Eso a Sofi le encantó! También en esos años te dije decenas de veces que era una locura estarte inyectando insulina a cada rato… ¡Pero tú eras muy terco, Mikel!

¡Cuánto lamenté no verte cuando estuve en Bilbao en 2014! Te ibas para no sé dónde a unos ejercicios espirituales… Me dijiste que soñabas con regresar, que extrañabas todos los días a Venezuela. Que nunca en tu vida habías llorado tanto…

Yo no voy a hacer una apología sobre tu vida y obra… de eso ya se están encargando todos los portales de noticias, con toda la razón y merecimiento, porque fuiste un tipazo. Yo, simplemente, estoy despidiendo a un amigo que se fue demasiado pronto y dejando que mi tristeza tome su cauce…

Nuestra común amiga Soledad Morillo pasó un mensaje por Whatsapp: “Hoy muchos tenemos el alma ensopada en lágrimas. Se nos fue Mikel, el que con su mirada nos calmaba el dolor de vivir. No hay color con el que vivir esta tristeza”. Yo añadiría que también compartimos la alegría de estar vivos. ¡Gracias por tanto!

¡Ay, Mikel!

Síguenos en

- Publicidad -

Recientes