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Caminos que llevan al bien

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“Pienso en los profesores que siguen, contra viento y marea, dando clases. En todos los docentes que se enfrentan al régimen por sus reivindicaciones salariales. Y en quienes, jubilados ya y pobres de solemnidad a pesar de haber trabajado toda una vida, siguen pensando que la educación es el único camino. El único camino que lleva un país al bien…”

Carolina Jaimes Branger

@cjaimesb

Creo que en la vida de todos hay, al menos, un discurso inolvidable. Inolvidable para mí, por ejemplo, resultaron las palabras de la Profesora Noemí de Arrioja, directora del Instituto de Educación Integral de Maracay, en la graduación de la promoción de bachilleres de 2004.

Es lo que sucede con los buenos discursos pronunciados en momentos cargados de sensibilidad y trascendencia, por lo que significan en sí mismos: yo recuerdo el discurso de Rodolfo Moleiro, quien era el Rector de la Universidad Metropolitana cuando yo me gradué de Ingeniero de Sistemas, hace cuarenta y un años. Más lejos en el tiempo, recuerdo las palabras de María Consuelo Velasco Arévalo, la madrina de mi promoción de bachilleres, quien había sido mi maestra y profesora en varias oportunidades, empezando por el kindergarten.

Memorable también fue el discurso del Rector José Ignacio Moreno León, quien abrió el suyo para la XXXI Promoción de Pregrado citando el himno de la Universidad Metropolitana:

“Esta casa de amor se ilumina,

para darnos la luz del saber,

aquí hacemos fecunda la vida,

por caminos que llevan al bien”.

Citó también el Rector Moreno a José Ortega y Gasset:

 “Sólo cabe el progreso cuando se piensa en grande… y sólo se puede avanzar cuando se mira lejos”.

Y cuando uno tiene quien le enseñe a mirar lejos, se avanza más rápido, con mayor seguridad, y con el punto de destino bien definido. Yo estoy segura de que los muchachos que se graduaron en esa promoción de la Universidad Metropolitana, encontraron en las palabras del Rector José Ignacio Moreno León una de esas antorchas que iluminarán sus caminos desde que salieron de la Universidad.

¡Hay que ver cómo permanece en la memoria y en el corazón de quienes lo reciben, un discurso pronunciado con convicción, con la certeza de la verdad que se dice y el amor por aquellos para quienes fue concebido!

Aquel discurso de Moreno fue una pieza literaria cargada de emotividad, conciencia social y amor por la Patria. Sus palabras trascenderán y serán evocadas en el futuro, no sólo por los jóvenes recién graduados, sino por quienes tuvimos el privilegio de haber estado allí.

El doctor Moreno disertó sobre cómo ejercer la profesión orientados por la ética y la buena conducta ciudadana, y la relevancia de la Universidad como pilar de la Sociedad del Conocimiento:

“Los miembros de la comunidad académica deben ser modelos y garantes de su ética ante las amenazas externas e internas, tanto de quienes ignorantes o irresponsables ante las realidades del entorno, conciben a la universidad con una visión autista, como un claustro, y pretenden encerrarla en su vida académica”.

En efecto, el papel de las universidades no puede ni debe circunscribirse al ámbito meramente académico. Más bien deben convertirse en foros abiertos en los que se debatan las ideas dentro de una atmósfera de respeto y civilidad, y en el lugar donde se preparan los líderes que tendrán en sus manos el destino del país.

“Las universidades deben asumir un compromiso público con las sociedades en las que están insertas. Es decir, deben proporcionar la enseñanza de los conocimientos y la creación de nuevos conocimientos; pero también deben proporcionar el por qué y el para qué de esos conocimientos y ser agentes activos en la búsqueda de la superación de los pueblos”.

Y esa casa que es la Universidad, ciertamente se iluminó de amor, entusiasmo y esperanzas para esa promoción de jóvenes a quienes la Universidad no sólo les hizo “fecunda la vida”, sino que los colocó en la senda de los “caminos que llevan al bien”.

A la luz de aquel discurso memorable de Moreno León, pienso en los profesores que siguen, contra viento y marea, dando clases. En todos los docentes que se enfrentan al régimen por sus reivindicaciones salariales. Y en quienes, jubilados ya y pobres de solemnidad a pesar de haber trabajado toda una vida, siguen pensando que la educación es el único camino. El único camino que lleva un país al bien: la educación.

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