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De verdad que dan ganas de salir corriendo

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“Nos terminaremos de convertir entonces el fiel espejo del “mar de la felicidad”, como llamó Chávez a Cuba: el lujo, las comodidades, la abundancia y la opulencia quedarán reservadas para los turistas y los enchufados”.

Carolina Jaimes Branger

@cjaimesb

En 2018, unas declaraciones que dio Héctor Rodríguez, entonces y hoy gobernador de Miranda, me cayeron como un tobo de agua helada. 2018 fue el año de la peor escasez, la mayor inflación, la peor hambruna que ha habido en Venezuela. Y el gobernador, con su panza muy llenita, respondió a las quejas de una población hambrienta, depauperada y desesperada que “Si usted no tiene para comer no es culpa de nosotros, trabaje más duro y quizás así pueda vivir como quiere; y si no le gusta el socialismo, las fronteras están abiertas para que se vaya del país”.

¡Hay que ser cínico, cuando menos, para decir algo así! ¿Cómo que “trabaje más duro”? ¡Si hay maestros que dan clases en tres y hasta cuatro planteles diferentes para redondearse una entrada que ni para la cesta básica les alcanza! ¿Cómo que no es “culpa de ellos”? ¿Quiénes llevan casi 24 años destrozando el país? Las sanciones son contra individuos, no contra el país. Pero les han caído como anillo al dedo para culpar a otros de su ineficiencia, corrupción y desastroso proceder. Y el país ¡que se friegue! ¿verdad?…

Una nación de la que se ha marchado la quinta parte de su población padece la crisis más terrible que alguien se pueda imaginar, porque no hay conflicto bélico de por medio, que es una de las razones principales por las que las personas emigran. Los venezolanos se han ido por varias razones, siendo las principales el poder escapar del desempleo y la falta de oportunidades en Venezuela. La inseguridad también ha sacado a muchos. Los conflictos, la crisis, la persecución, la violencia y las violaciones de los derechos humanos, se cuentan entre las causas alegadas con más frecuencia, porque yéndose, esos venezolanos obtienen en otras latitudes los derechos políticos de los que carecen aquí. La posibilidad de obtener una educación de calidad para los hijos ha sido otra razón de peso que ha impelido a muchos a salir del país.

Cada vez que pienso en esta tragedia que nos ha sucedido a los venezolanos, me indigna más cuando escucho a alguien decir que “estamos mejor”. ¡Si aquí lo que está sucediendo es que los ladrones que han destrozado a nuestro país -justamente por causa de las sanciones- tienen miedo de colocar el dinero que se robaron fuera de Venezuela (incluyendo paraísos fiscales) y por esa razón lo están invirtiendo y gastando aquí! ¡Esa es la burbuja de prosperidad que vemos, que alcanza apenas un 2 o 3 por ciento de la población cuando mucho!

Lo último que circula es la propaganda del “paraíso turístico” en el que convertirán a la isla de La Tortuga. La verdad es que tengo dudas de que vayan a hacerlo, porque les saldría mucho más económico y más rentable arreglar Margarita, que empezar a proveer de servicios básicos a La Tortuga. Pero supongamos que lo hacen… ¿Cuántos venezolanos en las condiciones de pobreza que se encuentra la mayoría hoy puede pagar un fin de semana en una isla de súper lujo, donde esperan al turismo que más gasta y consume?

Nos terminaremos de convertir entonces el fiel espejo del “mar de la felicidad”, como llamó Chávez a Cuba: el lujo, las comodidades, la abundancia y la opulencia quedarán reservadas para los turistas y los enchufados, mientras que el pueblo, si no se va como propuso Héctor Rodríguez, tendrá que conformarse, ya ni siquiera con una caja CLAP, sino con una libreta de racionamiento como tienen los habitantes del país que nos invadió.

Y la oposición peleándose entre ellos mismos… De verdad que dan ganas de salir corriendo.

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