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Derechos humanos y democracia en Venezuela

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“Aunque parezca a simple vista un propósito muy noble, encomiable, idealista, quijotesco, quizá completamente divorciado de la realidad, conviene no perder la esperanza y confiar en que prontamente podamos –con el esfuerzo de todos- llegar a un punto de encuentro, a la unidad dentro de la diversidad, y por encima de todo, poniendo a un lado las abundantes apetencias de poder, personales y grupales”.

Jesús Peñalver

@jpenalver

El fortalecimiento de la democracia y el respeto a los derechos humanos, así como el desarrollo progresivo de éstos, se logra en paz, en concordia, con diálogo (no de sordos, ni con monólogos) y en la mejor disposición de darse la mano con aquéllos que piensan distinto a uno. La diferencia debe ser un valor social y no un defecto.

Han sido muchos los esfuerzos por alcanzar una atmósfera de tolerancia y acatamiento a los órganos e instituciones legítimamente constituidos o elegidos, para hacer posible y no ilusorio el respeto a los DD. HH. Las visitas y misiones internacionales en esta materia, los innúmeros informes emitidos en este sentido, dan cuenta de la situación sufrida por los venezolanos.

Si bien apostamos por la institucionalidad del país para que la democracia sea restituida en todos sus ámbitos, impere en nuestro país un clima sin miedos ni odios, requiere de un inminente y necesario cambio de autoridades de gobierno o “desgobierno”, de modo que surja un ambiente propicio que nos permita solucionar pacíficamente nuestros desencuentros.

De esa manera, ¡qué duda cabe!, podremos cooperar en la resolución mediata o inmediata de los problemas que aquejan a nuestro país, poniéndonos de acuerdo en torno a un verdadero régimen democrático, sin incurrir en las prácticas del adversario político y que se critican acérrimamente. Es evidente que el lenguaje proveniente del sector oficialista y de los grupos que lo apoyan, pretende colocar a la ciudadanía en una situación dilemática, esto es, o se está con el gobierno y su “revolución”, o sencillamente se está en contra y en consecuencia se corre el riesgo, o, mejor dicho, seguramente se les califica con toda clase de etiquetas y epítetos que no son del caso mencionar ahora.

Aún así, merece respeto ese sector que prefiere que este pésimo gobierno continúe, pues eso forma parte del juego democrático. La Ley es clara al establecer los mecanismos a través de los cuales pueden interponerse acciones, querellas o reclamos orientados a procesar las diferencias, y es en ese andamiaje jurídico donde se debe garantizar, en teoría, la defensa y el respeto a los DD. HH de los ciudadanos y a la voluntad popular, sobre todo en época de elecciones, máxime cuando está en el ambiente un tufo a fraude que pudiera provenir de un sumiso CNE.

En este orden, y en el entendido de que se trata de un hecho público, notorio y comunicacional, hoy resulta difícil o imposible registrar alguna asociación o fundación (o cualquier otra de las denominadas ONG) de conformidad con el artículo 18 y siguientes del Código Civil que promueva el estudio, la defensa y protección de los DD. HH, porque el gobierno pone piedras en el camino, esto es, trabas que impiden la protocolización de cualquier documento constitutivo-estatutario a través del SAREN (servicio autónomo de registros y notarías).

Y para más INRI, las ONG ya constituidas, insisto, las dedicadas desde hace varias décadas a la defensa y protección de los DD. HH, hoy se ven amenazadas, tanto en las personas mismas que las dirigen, como en la exigencia absurda de tener que rendir cuentas cuando ello no es obligatorio, conforme con lo que queda de ordenamiento jurídico.

Que los operadores de justicia obedezcan a órdenes superiores o a intereses inconfesables es lamentable. Pero hay que insistir, y en este sentido reitero la máxima según la cual, los ataques al Estado de Derecho deben responderse desde el Estado de Derecho”.

De modo que el reconocimiento de la institucionalidad y de los órganos del Poder Público, en los términos formulados al principio; la despolitización de la Fuerza Armada Nacional y la sujeción de ésta a la Carta Magna, constituyen el piso o plataforma necesaria para el reconocimiento y respeto a los DD. HH, y entre estos, el de elegir legítima y transparentemente a nuestros gobernantes.

Si de verdad se quiere, como es deseable, recuperar la estabilidad democrática y alcanzar niveles tolerables de convivencia, se debe acudir activa y participar mayoritariamente en los próximos comicios electorales. Pero para ello, como mucho se ha dicho y exigido, las condiciones deben ser favorables a un proceso limpio, democrático, inclusivo, entre otras características que favorezcan la recuperación de la confianza en el voto.

Hoy Venezuela sigue padeciendo los estragos del ch… abismo: proyecto macabro de un siniestro y desquiciado milico golpista, ruin, mediocre, resentido y delirante que en mala hora encarnó la suma de todos los defectos morales del venezolano y con odio social instauró esta terrible pesadilla coloreada de un rojo alarmante. Padecemos la grotesca igualación hacia abajo, infame apartheid a la criolla, esa otra metáfora de la pobreza, de la ruina, de la muerte.

Aunque parezca a simple vista un propósito muy noble, encomiable, idealista, quijotesco, quizá completamente divorciado de la realidad, conviene no perder la esperanza y confiar en que prontamente podamos –con el esfuerzo de todos- llegar a un punto de encuentro, a la unidad dentro de la diversidad, y por encima de todo, poniendo a un lado las abundantes apetencias de poder, personales y grupales.

Conviene creernos el cuento de tener un mejor país, entre todos construirlo y reconstruirlo e instalarnos en él como ciudadanos. Ese país mejor al cual tenemos razones y derecho de aspirar.

Busca la esperanza en todas tus cajas, revuelve, inventa, desocupa los refugios, toca unir los vidrios rotos, procura no asquearte.

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