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División, incongruencia y audacia

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  “…La coyuntura actual abre nuevamente un debate que ha sido reiterativo frente a circunstancias parecidas a través de años. Tener cuidado con la falsa esperanza, con los cantos de sirena es imprescindible, la razón se puede ver afectada por la magnitud del deseo y el jugador puede perder todo en una mano…”

Jorge Puigbó

@JorgePPuigbo

Volvemos a traer, por creer que es necesario, algunos conceptos ya expresados en anteriores escritos, pero ajustándolos a la situación actual. Todos, una mayoría abrumadora, queremos una salida a la difícil situación política-económica que estamos viviendo desde hace más de veinte años. No son los ciudadanos aislados y de buena voluntad los que tienen que buscarla, son los que se erigieron, o los erigieron, como líderes, a quienes, en todo caso, corresponde presentarlas, para eso asumieron esa responsabilidad y no para darse inútiles golpes de pecho al reclamárseles su responsabilidad en la falta de resultados. Es redundante y fastidioso seguir insistiendo en lo evidente. Por otra parte, minimizar los grandes esfuerzos que ha hecho determinado liderazgo es ser, no solamente mezquinos, sino mal intencionados. Y menos olvidar los sacrificios impuestos a la población, así como el cerro de muertos y heridos que arrastramos; se les debe por lo menos respeto. En las cárceles se pudren cientos de presos políticos que muchos olvidan y asimismo los siete millones de personas que tuvieron que salir del país parecieran no contar.

Para escarbar e imaginar errores en la política, para criticar exacerbadamente, somos muy buenos, quizá porque es cómodo. La coyuntura actual abre nuevamente un debate que ha sido reiterativo frente a circunstancias parecidas a través de años. Tener cuidado con la falsa esperanza, con los cantos de sirena es imprescindible, la razón se puede ver afectada por la magnitud del deseo y el jugador puede perder todo en una mano. Una salida electoral negociada sin haberse consolidado una unidad verdadera es muy poco probable y solo pudiera darse cuando el voto emitido tenga garantizado el efecto que conlleva como revelador de una voluntad. Puedo meter en una urna o máquina, cientos de votos, millones, pero si no pueden causar efectos reales no tienen sentido y desmoraliza al emisor. La acción de un grupo que quiere jugar un «topo a todo», jugarse el resto, en una mano con cartas cerradas y marcadas solo se concibe si manda el desespero. La ilegitimidad del régimen de Venezuela hasta ahora ha sido la base sobre la que se sustentan todas las acciones internacionales que dicen han hecho posible su actitud negociadora, nos estamos jugando lo más preciado que tenemos. Las instituciones ilegitimas no se pueden reconocer. La casi totalidad de los partidos políticos están ilegalizados, duplicados y sus colores, nombres, distintivos, locales, vandalizados y repartidos de una forma conveniente al régimen. Una gran cantidad de sus directivos están inhabilitados o perseguidos. Frente a esto cabe preguntarse sobre su situación legal y sobre todo cuál es su capacidad para movilizar al pueblo, las encuestas hablan y pareciera no gustarles mucho los resultados, hay nuevas caras con mucho apoyo popular. 

La situación política que arrastramos los últimos años, con sus errores y aciertos, comienza hoy 22 de diciembre a dar un giro total en Venezuela, con la primera discusión y aprobación en la Asamblea Nacional de la no continuación del interinato del presidente Guaidó, lo cual señala la inexistencia de una verdadera unidad de propósitos, un divorcio. Creemos que en nada positivo contribuirá este cambio de opinión, y graves serán las consecuencias que traerá para el objetivo de lograr reestablecer la democracia. Errores garrafales han cometido todos los partidos y líderes, solo hay que recordar el procesamiento del presidente Carlos Andrés Pérez, el llamado a la abstención en el 2005, hecho político tan grave como el anterior, al dejarle el camino libre al chavismo para que consolidara su poder y así un rosario de desaciertos.

La Política es parte esencial de la humanidad. Somos animales políticos, dijo Aristóteles, porque vivimos en una sociedad organizada según normas acordadas. La política busca unir a las personas en torno a una ideología, a un partido político, las discrepancias siempre las habrá, pero son las acciones arbitrarias, aquellas que se apartan de las normas de conducta y de las leyes aprobadas, sobre todo de la Constitución, por ser el documento principal que nos rige, las que traicionan y agreden a la población. Hoy la anti política, la cual no es sino otra forma engañosa de hacer política, donde un líder la ataca y se presenta como un ser puro, no contaminado por esa ciencia diabólica, ganó mucho apoyo, la cuestión es que no existe ninguna forma de sustituirla y la negación no conduce sino al caos.

En Venezuela durante un largo período de años se han implementado todas las técnicas que existen para manipular y dividir a los partidos políticos, únicos entes legales a través de los cuales podemos acceder al poder. El engaño, el interés pecuniario, la mentira, la ocultación, la calumnia, el odio, la traición, son elementos que han venido guiando a la mayoría de los líderes de todas las toldas políticas y desde hace años, sus consecuencias las tenemos a la vista: nadie cree en nadie. Nos atomizamos. Todos están cansados e inmovilizados. La unidad se fomenta dentro de la política y no fuera de ella. La política tiene que conducirnos, unirnos y concentrarnos en función de unos objetivos, no hay otra salida, por eso el discurso y su mensaje es tan importante, tiene que pronunciarse con fuerza para que el pueblo sepa lo que se promete cumplir, lo que se puede esperar y no quedarse en lo simplemente electoralista. Entendamos, el primero y más importante diálogo es el de la oposición, entre sus líderes, de lo contrario nunca se podrá llegar al poder, lo demás es «pura paja», «puro gamelote». Pareciera que para muchos de los políticos el tiempo y el pueblo no existen en sus ecuaciones.

La Constitución es un pacto social que tiene su legitimidad en el hecho de su aprobación por el pueblo soberano y su violación trae como consecuencia acciones que ella misma prevé, desecharla no se puede y solo traerá inestabilidad para el futuro. Que unos líderes con poco arrastre individual en las encuestas y poca legitimidad, en cualquier país del mundo, propongan salidas políticas que obvian flagrantemente disposiciones de la Carta Magna es una insensatez montada sobre pies de barro. Llamamos a que impere la cordura del pensamiento eminentemente jurídico y se repiense lo acordado. En todo caso la transparencia es necesaria y la buena fe se presume.  

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