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El acoso a una joven con Síndrome de Down

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“Yo me pregunto qué tienen en el alma y en el corazón esas jóvenes. ¿Es que no se dan cuenta de que su víctima tiene una condición especial, lo que la hace más vulnerable? ¡Si ya es un horror que hostiguen a alguien “normal”, el hostigamiento a alguien como ella es todavía peor!”

Carolina Jaimes Branger

@cjaimesb

Sucedió en Maracaibo, pero ha podido pasar -porque, de hecho, ya ha pasado- en cualquier otro lugar de Venezuela. Esta vez fue en la cancha deportiva de la escuela “El Angelito”, sector Raúl Leoni del barrio Francisco de Miranda.

El video es dantesco desde todo punto de vista: el hostigamiento, la burla y la agresión física y verbal, que, como si eso fuera poco, fue documentado por una de las adolescentes… ¿para seguir burlándose más tarde?

Yo me pregunto qué tienen en el alma y en el corazón esas esas jóvenes. ¿Es que no se dan cuenta de que su víctima tiene una condición especial, lo que la hace más vulnerable? ¡Si ya es un horror que hostiguen a alguien “normal”, el hostigamiento a alguien como ella es todavía peor! Comienzan por pellizcarle los senos… Se ríen a carcajadas… ¿cuál será la gracia? La joven llora. Luego la van acorralando, especialmente una vestida de negro, hasta que la obliga a sentarse en un murito, donde hace el intento de abofetearla. Las demás se acercan a hacerle lo mismo. Siguen las carcajadas. “¡Tranquilita!”, le dice la de negro. Más carcajadas, más toques.

Yo soy madre de una joven especial. He visto el video varias veces y la verdad es que no sé qué clase de demonios se hubieran desatado dentro de mí si hubiera visto algo así. Por eso me impresiona más que un adulto que estaba ahí, muy sentado el muy pánfilo (sale en el video), no haya tomado cartas en el asunto. Lo peor es que dijo algo que no entendí, no sé si para defender a la muchacha, y una de las del combo de bullies lo mandó a callar. ¡Ahí sí se quejó de que lo mandaran a callar! ¿Por qué no se levantó a proteger a la indefensa? ¿Le costaba tanto? ¿No se dio cuenta del HORROR que ella estaba viviendo y que las otras estaban disfrutando?

Por fortuna, actuó la Fiscal 31° en Materia de Responsabilidad Penal del Adolescente del Ministerio Público y ya hay cinco imputadas. Al parecer, una de las imputadas fue trasladada por sus padres a Colombia. ¡Unos sinvergüenzas! ¿Qué lección le están dando a esa malandra? ¿No es eso decirle que puede hacer lo que le dé la gana, que sus papis la defienden? ¡Qué distinta la actitud de un amigo mío! Su hijo había salido una noche con sus compañeros. Todos estaban armados de escopetas de plástico (de esas que tienen un gran contenedor de agua) y fueron mojando a su paso a cuanto transeúnte encontraron, hasta que una patrulla de PoliChacao los detuvo y se los llevó presos. El muchacho llamó a sus padres “para que lo fueran a buscar”, pero la respuesta de su padre fue “que lo dejen detenido, para que aprenda”.

Estoy aquí esperando que imputen también al adulto pánfilo. La omisión es delito también. Y en este caso, su indiferencia es imperdonable.

La escuela tiene también que tomar cartas en el asunto. No puedo dejar de recordar a mi queridísimas y admiradísimas profesoras Luisa Teresa Lanz de León y Nohemí de Arrioja, ya fallecidas, quienes, acompañadas de la también querida y admirada profesora Luz de Leonardi prepararon a todo el colegio, el Instituto de Educación Integral de Maracay, para recibir a mi hija Tuti. La profesora Leonardi fue grado por grado, desde maternal hasta V Año, a explicarles a los alumnos que venía una niña que no caminaba bien, que tampoco hablaba bien, que todo lo simple le costaba hacerlo, y que había que ayudarla. ¡Y todos la ayudaron! Tuti fue la niña más feliz de su colegio. Cuando se graduó de bachiller, sus compañeros le dieron el premio a la mejor compañera. Ellos hoy son mejores adultos por haber tenido cerca a alguien que, a pesar de que todo se le hacía difícil, ponía lo mejor de sí para superarlo. ¡Ésa es la verdadera pedagogía! No la que mira hacia otro lado, como si no fuera asunto suyo.

Espero que los padres de las acosadoras también aprendan la lección. Los hijos son los reflejos de lo que ven en sus casas.

Y, por último, mi abrazo solidario a los padres de la joven con Down. Sé perfectamente cómo deben sentirse.

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