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El día más triste del año

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“Hay muchas circunstancias que hacen que tengamos una época navideña desdichada por causa de una desgracia personal que duele hondo”.

José Gregorio Darwich Osorio

Un 25 de diciembre, instantes despúes de que el despertador emitió su sonido, un hombre se sentó en la cama, apagó la alarma y murmuró: “el día de navidad es el día más triste del año”. Con esa sentencia lapidaria comienza el escritor norteamericano John Cheveer un cuento. La frase contiene una amarga verdad.

En la vida real hay muchas circunstancias que hacen que tengamos una época navideña desdichada por causa de una desgracia personal que duele hondo. A veces el desánimo es por padecer el infortunio colectivo de una guerra (como la de Ucrania) o una pandemia (semejante a la del Covid). No obstante cuando no están presentes esas eventualidades y otras similares, con seguridad, el 25 de diciembre es para un sin número de personas un día venturoso.

Donde de ningún modo la navidad ha sido ni será un tiempo feliz es en una cárcel. Ese lugar es el paradigma del sufrimiento: allí “es por naturaleza triste el ser humano”, como dijo Wisława Szymborska. De todos los reclusos, los presos políticos son tal vez los que más sienten el desamparo y la melancolía. Su sentimiento de pena es doblemente aflictivo; primero, a la mayoría se les castiga por pensar y opinar diferente al poder hegemónico, no se tolera ni sus ideas ni su activismo político. Segundo, se les condena por intentar derrumbar esos bloques de cemento armado que erigen los autoritarismos para impedir el ejercicio pleno de las libertades políticas y cuidadanas.

En todos los tiempos los presos políticos han sufrido penosos dramas. Pienso en la historia de un matrimonio ruso que vivió en la terrorífica URSS en los años treinta del siglo pasado, el testimonio lo narró en unos de sus libros la premio Nobel Svetlana Aleksiévich. Eran leales militantes del partido comunista, pero los detuvieron, un vecino le dijo a la checa (comité de polícia secreta en la antigua Unión Soviética) que tenía la sospecha peregrina de que la esposa pasaba información a algún país del oeste de Europa. Al él le dijeron que era culpable, al menos, por no haberla denunciado; un año después lo dejaron en libertad y ella continúo en prisión. En un diciembre al esposo lo visitó una mujer, le contó que le traía saludos de su esposa. Poco sabía si todavía estaba viva.

El político Alfredo Rubalcaba solía alertar a los españoles de los peligros que acarrea gobernar como sí nunca se fuese a estar en la oposición, se podría agregar que también cuando se es reacio a dejar el poder en una democracia. Eso llena las cárceles de adversarios. Es lo que ha ocurrido con el modo de gobernar del chavismo y es la razón por la cual hay alrededor de trecientos presos políticos en el país.  Ellos no pasarán unas navidades alegres. Ahora mismo es improbable que sean excarcelados por una medida de indulto en el marco de un arreglo de conciliación nacional. Además, su libertad es una suerte de bono canjeable por algo que le interese al gobierno. Por eso, podemos creer que en este 25 de diciembre sentirán un abandono único y quizá se dirán a si mismos que el día de navidad, es el día más triste del año.

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