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El empujón

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“Cuando a los opositores de un gobierno se les propinan empellones y codazos, la sinrazón ya ha cubierto la mitad del camino que lleva a los rudos comportamientos. En la otra mitad se arriba de modo inevitable a la violencia y al encono entre los ciudadanos”.

José Gregorio Darwich Osorio

@gregoriodarwich

La política es ámbito propio de la vehemencia. A una velocidad de vértigo se descontrolan las pasiones y, casi siempre, las consecuencias son funestas. Enseña una lección sombría del siglo XX: cuando no se debaten las ideas, al adversario se le quiere pasar a cuchillo.

Hace días, Juan Guaidó estuvo en San Carlos, Estado Cojedes, donde participó en actos y reuniones políticas. Los videos circularon en las redes; uno, muestra a Guaidó siendo sacado a empujones de un local por un grupo de personas.

No es la primera vez que vemos un empellón a un líder político. En 2017, se hizo viral el video que registró el instante en que un coronel a cargo de la seguridad del parlamento, mantuvo una discusión acalorada con Julio Borges, que era el presidente de la Asamblea Nacional.

Cuando el militar perdió la calma, instó a Borges, en tono imperioso y ademán altanero, a marcharse de la oficina en la que se encontraban, y, ajeno a cualquier respeto al poder legislativo, le apresuró el paso dándole un empuj ón fuerte.

El ciudadano común que observe esas imágenes que duran escasos segundos, se puede preguntar, y con razón, por qué en esa disputa no funcionaron las reglas de la democracia.

Setenta y dos horas después del incidente, Nicólas Maduro condecoró al oficial. Fue, sin duda, una distinción que desdeñó los valores de la civilidad y, tanto peor, consideró meritoria una acción antidemocrática, de la que solo se enorgullecen los autoritarismos.

Cuando a los opositores de un gobierno se les propinan empellones y codazos, la sinrazón ya ha cubierto la mitad del camino que lleva a los rudos comportamientos. En la otra mitad se arriba de modo inevitable a la violencia y al encono entre los ciudadanos. Por eso, Raymond Aron, un filósofo y politólogo francés, explicó que, en determinadas coyunturas, un país solamente existe en el odio “de unos hacia los otros”.

En nota de prensa de ‘TalCual’ se lee que Nosliw Rodríguez, militante del chavismo, se apuró en declarar que exigian justicia por esos compatriotas que sufren las consecuencias de las sanciones internacionales apoyadas por sectores de la oposición. Si piensa que con empujones ayuda a los venezolanos a salir de las penurias generadas por esas medidas, también importa que manifieste su rechazo e indignación por el calamitoso modo de gobernar del PSUV: esa gestión es la que, en esencia, los y nos empobreció.

Se puede atribuir al empujón a Guaidó algunos significados subjetivos. Que pensemos que aquí no cabemos todos y que solo hay lugar para los seguidores de la denominada revolución bolivariana; aceptemos que no se puede hacer nada ante la supuesta superioridad del PSUV sobre el resto de fuerzas de la sociedad; admitamos que tomar partido a favor de la oposición es enfrentar riesgos de consecuencias imprevisibles; hacernos creer en la versión política que se quiere imponer sobre la imposibilidad de lograr el cambio político en Venezuela.

Pensar así sería nuestro mayor fracaso: sería aceptar que la democracia de mitad del siglo pasado fue un simple paréntesis en la evolución republicana del país.

Twitter e Instagram: @gregoriodarwich

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