«La última entrega de la saga del bitcoin, desde la invención del dinero hasta hoy».

Luis Alejandro Aguilar Pardo

Comenzamos esta serie de artículos sobre el ₿ afirmando: “Hay dos verdaderos revolucionarios  de quienes poco se habla que han cambiado radicalmente a todas las civilizaciones. Estos personajes las pusieron en movimiento mediante  sus inventos y son las verdaderas causas eficientes de las evoluciones de las instituciones políticas, sociales y económicas de todas las naciones.” Nos referimos, entonces, a Croesus, rey  o emperador de Lidia y a Satoshi Nakamoto. El primero en el año 561 a. de C. y el segundo apareció – rodeado de misterios – en el año 2008 d. de C. Ambos manejaron datos primarios iguales: la actividad de intercambio de los seres humanos con la sempiterna compañía del fraude, el dinero y la confianza. 

Pudimos mencionar temas como el valor intrínseco, la aceptación forzosa o por conveniencia, la diferencia entre medios de pago y mecanismos de pago, la  aceptación del patrón de valor, las  tablas de equivalencia de valores, la estabilidad, la durabilidad o  perdurabilidad, el depósito de valor, la transportabilidad, la inmediatez para perfeccionar un intercambio, la fungibilidad, la divisibilidad o fraccionalidad, la resistencia a la falsificación, el valor universal, los medios de pagos universales, la unidad de medida, la unidad de cuenta, el poder adquisitivo

Desde aquel año 561 a. de C. hasta hoy, los intercambios, las monedas, los mecanismos de pago y el dinero han sido blancos directos de los estafadores, los embaucadores  y los falsificadores. Incluyendo a los reyes, emperadores y monarcas. Una vez leí a un autor que aseveraba que era la segunda profesión más antigua del planeta. Creo que estaba equivocado: quizás fue la primera.

Precedido del consenso general de que solamente un estado podía tener la potestad de emitir dinero siendo ésta una prerrogativa propia, exclusiva y excluyente del estado, hubo un cambio muy importante que ocurrió a partir y durante los años 30 del siglo pasado. Hasta esa época el dinero – creo que es universalmente aceptado, poseía unos atributos que lo definían, más o menos  así: 1.- medio de intercambio; 2.- unidad de cuenta;  3.- perdurable;  4.- divisible;  5.-  transportable;  6.- fungible; 7.- almacén de valor a largo plazo y yo añado: 8.- regladamente limitado en su número.

El 19 de septiembre de 1931, el Reino Unido se aparta del estándar de oro dizque temporalmente. Ese “temporalmente”  se convirtió en permanente. Posteriormente, el   5 de junio de 1933 los EE. UU. abandonan el estándar de oro. Adoptar el estándar o patrón oro significaba que las emisiones de dinero estaban estrechamente vinculadas a las cantidades de oro que poseía el estado emisor. Tengo entendido que la equivalencia oficial en EE. UU. era $35 por onza de oro pero no tengo fuentes concretas. Abandonar el estándar o patrón oro lleva a la adopción del dinero fiduciario (“fiat money”). ¿Ahora, la pregunta es: “fiat” en qué? ¿Confiar – confianza – en qué?

Pues digamos que es confianza en unos términos esotéricos como “la economía de EE. UU.” o el Producto Territorial Bruto de EE. UU. o cualquiera que escojas.

La verdad es que lo que sucedió es que el invento de Croesus  (oro y divisibildad o fraccionalidad en base a metales apreciados pero de poca utilidad) se basó en un concepto aún más etéreo. 

En el año 1931, el valor de la onza de oro era $17,06. En el año 1934, el valor de la onza de oro era $34,69. ¡Qué casualidad, abandonan el patrón oro y lo estable se convierte en variable! ¿Qué te parece que varió, subió el precio de la onza de oro o bajó el poder adquisitivo del dólar de los EE. UU.? 

Efectos prácticos del cambio se pueden notar en las recetas de cocina de nuestros antepasados: “Una puya de queso blanco”, “una locha de papelón”. ..¿Y cuántas personas han tratado de traducir la puya de queso blanco o la locha de papelón a pesos y medidas actuales?  En aquellas épocas, el dinero era estable y funcionaba como unidad de medida y como almacén de valor.

Al abandonar el patrón oro se abrió una compuerta: los estados emisores quedaron en libertad de poner en circulación mayores cantidades de especies monetarias, con o sin control. Las finanzas de un estado – al contrario de los particulares – comienzan por precisar sus gastos  para luego autorizar la recaudación de sus ingresos. El estado tiene cuatro fuentes de ingresos: los impuestos, el crédito público, los ingresos extraordinarios y… la emisión de moneda.

La emisión de moneda descontrolada produce inflación, aumento de los precios y pérdida de valor almacenado.

Y resultó que en el año 2008 – me parece a mí – un grupo de individuos pensaron lo que no dijeron: el dinero fiduciario no es ya dinero porque no es un almacén de valor; se ha convertido en una simple moneda. A medida que pasa el tiempo, pierde su poder adquisitivo y su capacidad de compra. 

Más o menos sí lo dijeron: el dinero debe estar separado de la confianza en el estado y en los intermediarios financieros.

 Y sí lo dijeron: tenemos que encontrar una manera en que las transferencias de dinero sean menos costosas.

No olvidemos que toda la Organización Bitcoin fue y es un experimento. De hecho, el propio Satoshi Nakamoto mencionó que su idea tendría algún éxito entre aquellos individuos que frecuentaban establecimientos que no desearían que aparecieran en los estados de cuenta inspeccionables por sus cónyuges. 

Imagino yo que si en el pasado llegaron al consenso de que un metal inútil fuese un patrón de valor, ¿por qué no un conjunto ordenado de bits podría ser ese patrón de valor? Como comentario intergeneracional: las generaciones más jóvenes tienen más afinidad hacia todo lo que sea conformado por bits que por papel.

A los bits los organizaron con aplicaciones de seguridad y criptología y distribuyeron las tareas en forma descentralizada de tal manera que nadie pudiera ejercer una posición de dominio. Diseñaron un conjunto de reglas que consensualmente los participantes adoptan y protegen tanto por sus intereses personales como por los intereses colectivos.

El elemento confianza desaparece. Ya no es necesario invertir depositando confianza para depositar valor. No hay necesidad de depositar mi confianza en nadie. La criptología y las funciones Hash protegen la integridad de la cadena de causa efecto, el ritmo de emisión de  ₿ y los consensos resuelven los eventuales conflictos en base a lo que es mejor para el colectivo.

Toda pérdida de un ₿ es una ganancia en valor para los demás y nadie tiene la capacidad computacional para emitir en exceso a la demanda más ₿ de los planificados.

Hay una frase de Satoshi Nakamoto que forma parte de una comunicación electrónica durante sus dos años de vida pública. Es algo así:  pase lo que pase, la cadena de bloques más larga siempre prevalecerá. A mí me indica que él no descarta la posibilidad de errores. Sabe que pueden suceder errores, que pueden surgir conflictos bélicos que escindan la cadena de bloques, está consciente del efecto térmico que suponen las pruebas de trabajo y está perfectamente consciente de que, en tanto y en cuanto, el poder computacional de la mayoría honesta y racional supere a la minoría de atacantes, el experimento tendrá éxito.

El ₿ es el producto del Bitcoin Core. Éste es el producto de una mente brillante que ponderó fortalezas y debilidades, ventajas y desventajas y, sin ingenuidad, creó una secuencia de instrucciones confiando en la racionalidad de los participantes pero, al mismo tiempo, blindándolo para resistir y superar los ataques – y muchos – que había identificado. De hecho, la aplicación fue desarrollada y sometida a prueba antes del anuncio público de 2008.

La Organización Bitcoin es muy compleja y, a la vez, simple. Compleja en aplicaciones, compleja en funciones, compleja en herramientas pero su centro es simple: mientras el poder de cómputo de la mayoría supere el poder de cómputo de los transgresores, estos últimos no prevalecerán.

Un amigo y compañero de estudios me preguntó si yo invertiría en ₿. Me comentó que él creía en activos líquidos contantes y sonantes en su banco. Dije que no lo haría porque era una cuestión de diferencia generacional. Lo que no le dije fue que sus activos líquidos contantes y sonantes son bits en un nodo centralizado bajo el control de unos pocos, fuera de su control y supervisión,  y que su riqueza depende de que quienes lo controlen respondan adecuadamente a la confianza que él ha depositado en ellos.

 @Nash_Axelrod