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Es el cambio político, ¡….jo! 

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“No cabe duda que el ciudadano que no pertenece a la nueva clase política y económica, surgida en las últimas dos décadas, anda como ánima en pena pagando los costos de la debacle nacional”.

José Gregorio Darwich Osorio. 

A lo largo de estos años de honda crisis económica, es muy posible que algún venezolano haya recordado la consigna electoral “es la economía, ¡estúpido!”, utilizada como propaganda en los comicios presidenciales norteamericanos de 1992. James Carville, un asesor de la campaña electoral de Bill Clinton la tenía pegada con otros dos lemas en una cartelera de su oficina.     

En esa contienda el favorito era el presidente en ejercicio George Bush (padre), la valoración positiva que tenían los votantes de su conducción de la política exterior le daba las mayores posibilidades de ganar las elecciones. Estados Unidos estaba en plena recesión económica, captar al electorado que padecía sus ruinosos efectos fue la estrategia de Carville. De modo que la campaña de Clinton se enfocó en los problemas económicos. 

El eslogan le soltó un dardo venenoso a la reelección de Bush (padre); Clinton fue elegido el 42º presidente de los Estados Unidos y la frase en la cultura del mundo globalizado sirvió para referirse a cuestiones que se consideran esenciales puntualizar en una coyuntura política.   

A los venezolanos nos sobran razones para tener presente ese lema categórico. Nuestro presente económico es desesperante. La canasta alimentaria ronda los cincuenta sueldos mínimos y son muchos los que no alcanzan a cubrir su costo. No cabe duda que el ciudadano que no pertenece a la nueva clase política y económica, surgida en las últimas dos décadas, anda como ánima en pena pagando los costos de la debacle nacional. 

Esa realidad drámatica contrasta con la recuperación de la economía que anunció Nicolás Maduro el pasado jueves 12 de enero, en la presentación de su memoria y cuenta del año 2022. Venezuela experimentó “el mayor crecimiento de América Latina y el Caribe”, dijo. Además consideró que era un repunte que retrataba el “renacimiento de la economía”, pero su punto de vista subestima las agudas y complejas tensiones a la que está sometida.  

La reciente devaluación del bolívar y la intensificación de la inflación, con el peligro latente de desembocar en otra hiperinflación, estrecha el poder adquisitivo ya ajustado en exceso. Aparte, a la economía la mantiene con el agua al cuello la desestructuración de los sectores neurálgicos que generan riqueza. No menos problemático es el conflicto de gobernabilidad, la continuidad de las sanciones económicas y el deterioro institucional. 

Asi que son abrumadoras las contradiciones de ese “renacimiento económico” como también lo son las paradojas. Por ejemplo, el último informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) informó que Venezuela tiene la mayor tasa de subalimentación en Sudamérica. Es decir, creció la economía y no decreció la inseguridad alimentaria, lo que lleva a pensar que el estirón no se convirtió en prosperidad colectiva. En fin, hay que preguntarse si no será más bien la imposibilidad del cambio político nuestro problema crucial, ¡….ajo! 

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