domingo 02, octubre 2022
Promedio de temperatura mensual

76 de 100

Juan Pablo Dos Santos: ¿Dr. Jekyll y Mr. Hyde?

Más artículos

Carolina Jaimes Branger

@cjaimesb

Carolina Jaimes Branger

Hace poco menos de un año, mi hermano Ricardo me habló de un joven a quien seguía en Instagram, porque le parecía que era un ejemplo de alguien con una buena actitud frente a una enorme dificultad. Se llama Juan Pablo Dos Santos y es, además de atleta, modelo, motivador y conferencista. Lo de atleta y modelo es obvio apenas uno lo ve: es un joven guapísimo, de cara y de cuerpo. Lo de motivador y conferencista vino después de un trágico accidente en el que perdió ambas piernas (la izquierda casi completamente, pues solo tiene 8 cm. de fémur y la pierna derecha le fue amputada 9 cm. por debajo de la rodilla). Lo comencé a seguir y lo entrevisté el 12 de septiembre del año pasado para mi programa de EVTV de Miami. Me encontré con un ser humano bello, no solo por su físico como dije antes, sino también por dentro, pues ha usado su nueva condición para ayudar e inspirar a los demás.

Por estas razones me sorprendió sobremanera cuando el martes 9, Ricardo -indignado-  me envió el link de un video que Juan Pablo había publicado en su Instagram, algo que estaba supuesto a ser un chiste -de hecho, lo fue para muchos- en el que conversaba en un local de comida con un amigo, el actor César Rangel, @laslocurasdecesita, donde este último, después de que le sirven una empanada, una torta y un café le pregunta a Juan Pablo “¿y tú no vas a comer?”. Juan Pablo saca un enorme pote de polvo de proteínas y le comenta que él trajo su comida y que se la va a comer así sola, porque esos “polvitos” son los que “le dan los poderes”. Se sirve, y empieza a comerlo puro, cuando Rangel se pone de pie, le lanza el polvo en la cara y le dice: “¡tú sí eres MONGÓLICO, chico, ese es el único polvo que vas a tener en tu vida!”.

Sentí indignación, rabia, impotencia, tristeza, desolación… todas juntas. Más todavía cuando vi que el post llevaba 15.300 “likes” y 695 comentarios. De los que pude leer, solo dos personas se quejaban de que Rangel hubiera usado la palabra “mongólico”. Todos los demás, lo tomaron como una “gracia”. Del primer señor no recuerdo el nombre, ojalá lo hubiera retenido, porque fue el único que demostró sensibilidad. El segundo era de mi hermano, quien escribió:

“Reprensible y fuera de lugar. Usar un término que tradicionalmente ha sido utilizado para denigrar a aquellos con Síndrome de Down es absolutamente inaceptable y totalmente condenable. Particularmente porque el sketch es posteado y actuado por alguien admirado y respetado como Juan Pablo”.

Yo fui más dura: “Voy a denunciar este post. Es INSÓLITO, DEGRADANTE, MALUCO que postees un video donde un imbécil cree que calificar de “mongólico” a alguien es una gracia. ¡¡¡Y tú que te ves tan buena gente, venir a publicar eso!!! Les debes unas disculpas a todas las personas con Síndrome de Down”, tagueé a Avesid y a Fundadown y reporté el video.

Minutos después me llamó María Susana Padrón de Grasso, presidente de Avesid y madre de una joven con Síndrome de Down a decirme que había logrado reportar el video, pero que cuando había tratado de responder, Juan Pablo ya lo había borrado. Revisé y se reprodujo, por lo que procedí a grabarlo, para que después no vinieran a decir que eran inventos míos. Es el que acompaña este artículo.

¿Hasta cuándo van a usar la palabra “mongólico” para insultar a alguien? ¿Hasta cuándo se van a reír de que alguien use la palabra como insulto? Hace años escribí que, si por algo quisiera que me recordaran mis alumnos, no era por haberles enseñado matemáticas o cálculo, sino por haberles insistido en cuán importante es ser compasivo en esta vida. En lo necesario que es ponerse en los zapatos del otro. Muchas veces los regañé porque se tildaban de “mongólicos” entre ellos, cuando cometían algún error. “Imagínate que te esté escuchando la mamá de un niño que tenga esa condición”, les decía. Y todos guardaban silencio.

Le escribí a Juan Pablo Dos Santos por WhatsApp cuando me percaté de que, en efecto, había borrado el post. “Les debes una disculpa a las personas con Síndrome de Down y sus familias”, le dije.  “¿Por qué?”, me preguntó él. Había borrado el post, pero se hizo el desentendido. Le expliqué que soy mamá de una niña especial, que casi todos sus amigos tienen Síndrome de Down y que son las personas más maravillosas que existen en el mundo porque son solidarios, generosos y no sienten envidia, a pesar de sus muchas dificultades. Él me respondió: “Si se sintió ofendida o molesta le pido mis más sinceras disculpas♥️🙏🏼 si me sigue sabe que siempre busco enviar un mensaje de motivación e incisión (sic) y si me equivoqué rectifico y de corazón les ofrezco disculpas”. Muy buena su respuesta, pero era privada: me la estaba dando a mí sola. Y aunque no había sido él quien ofendió, sí fue quien colgó el video en su cuenta de Instagram… ¿le habrá parecido una gracia, como a tantos que le dieron “like”?… 

Insistí: “Por eso mismo me extrañó. Pero lo borraste… Así que te diste cuenta de lo mal que estaba el comentario. Estoy conversando con la presidente de Avesid, la Asociación Venezolana para el Síndrome de Down y está consternada. “Extiéndele las disculpas 🦾🙏🏼♥️”, fue su respuesta. Sentí mucha tristeza… ¿cómo alguien podía lavarse las manos tan fácilmente después de haber ofendido en su Instagram -uno es responsable de lo que publica- a un colectivo que tiene una discapacidad?… ¡Si el mismo Juan Pablo sabe lo que es tener una condición de minusvalía!

¿Dónde están, entonces, ese gran corazón, esa empatía, esa solidaridad que dice tener? No me di por vencida y le volví a escribir: “No, así como publicaste el video, debes disculparte en público. Y si quieres, te invito a que conozcas al grupo para que sientas, de alguna manera, o qué sentimos, quienes tenemos a alguien cercano con una condición así”. No hubo respuesta. Desde ese momento empecé a pensar en que iba a escribir este artículo. Esta mañana (hoy es jueves) le volví a escribir: “¿No te vas a disculpar?”, le pregunté. Su respuesta fue “¿No leíste esto?” refiriéndose a su primera respuesta donde me decía que me pedía disculpas si me había sentido ofendida o molesta. Le dije que sí lo había leído, pero que las disculpas no eran solo para mí:  “les debes, digo yo, disculpas públicas, porque ese video que borraste, que vio tanta gente, merece mínimo eso. No fue una gracia. Y tu amigo es un imbécil, pero tú no pareces serlo, más bien lo contrario. Y tanta gente que lo celebró y se rió debería tener una lección de humanidad y tú puedes dárselas”. Le mandé una foto del grupo de jóvenes Down en una excursión y le escribí “aquí tienes a los mongólicos”. Su respuesta me dejó descolocada y mis comentarios van en mayúsculas:

“Me encantan las palabras que usa para describir a otros, y cómo se ofende con palabras similares cuando son hacia usted o hacia los suyos! NO SÉ SI DE VERDAD NO ENTENDIÓ LA IRONÍA PORQUE ÉL PARECE INTELIGENTE. ÉL FUE QUIEN PUBLICÓ EL VIDEO Y AHORA SE QUEJA PORQUE NOS QUEJAMOS. La palabra fue sacada de contexto NO, NO FUE SACADA DE CONTEXTO. FUE USADA PARA INSULTAR A UN COLECTIVO y con usted ya me disculpé! NO SOLO CONMIGO, LAS DISCULPAS SE LAS DEBES TODAVÍA A LOS QUE TIENEN SÍNDROME DE DOWN Y A SUS FAMILIAS De verdad le agradezco que no me escriba nuevamente. TE DIJE QUE SÍ TE IBA A VOLVER A ESCRIBIR, AQUÍ ESTÁ MI ESCRITO.

Y si me permite darle un consejo, no tenga expectativas de nada, si no vivirá decepcionada y molesta, creo que más bien debemos quitarle peso a la palabra porque cuando estamos seguros de quiénes somos nada nos ofende, es una cuestión de autoestima, si me sigue, es el mensaje que llevo! PUES SÍ OFENDISTE A MUCHOS CON TU VIDEO Y LAS PALABRAS SÍ TIENEN FUERZA. NO ES CUESTIÓN DE AUTOESTIMA.

Muchos abrazos y miles de bendiciones para usted y todos los suyos”.  NO NECESITO ABRAZOS NI BENDICIONES DE ALGUIEN QUE ES INCAPAZ NO SOLO DE DISCULPARSE EN PÚBLICO, SINO DE NO APROVECHAR ESE HECHO TAN DOLOROSO PARA INFLUIR EN TANTOS QUE EN PLENO SIGLO XXI SE BURLAN Y SE RÍEN DE CIERTAS CONDICIONES HUMANAS. PORQUE SI EL POST TENÍA 15.300 LIKES LO HAN DEBIDO VER, AL MENOS, UNAS CIEN MIL PERSONAS. Y JUAN PABLO BORRÓ EL VIDEO DE SU INSTAGRAM POR ALGO…

Sé que llamó a María Susana Grasso, pero no a disculparse, sino a justificarse. Ella me llamó y me dijo, desolada, que era una lástima que no hubiera entendido la gravedad de lo que había pasado y que no se diera cuenta de que no solo me había ofendido a mí o a ella como mamás de niñas especiales, sino a un gran número de personas. ¿No la entendió? ¿No se dio cuenta? Si no lhubiera entendido o no se hubiera dado cuenta, no habría borrado el video…

Dr. Jekyll y Mr. Hyde. El joven salió con doble personalidad. Una es la bella, la solidaria, la generosa, la empática. La otra es la arrogante, la soberbia, la que lo hace ofenderse, no solo sin ponerse en el lugar del otro, sino pudiendo -con todos los seguidores que tiene- haber dado una lección de humanidad, de bondad, de compasión. ¿Qué le costaba? Hubiera ganado muchísimos más seguidores si lo hubiera hecho.  Y encima, termina mandando unas hipócritas bendiciones.

Así como tengo el video que borró, tengo fotos del chat con él por si acaso viene a decir que lo cito “fuera de contexto”. ¡Qué decepción tan grande! Y yo que estaba tan contenta de haberlo entrevistado y de seguirlo. Entrevisté y seguí al Dr. Jekyll. ¡Qué decepción haber descubierto que el verdadero Juan Pablo es un Dr. Hyde!… “Sorpresas te da la vida”, diría Rubén Blades…

Síguenos en

- Publicidad -

Recientes