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La escasez de mujeres en las Academias venezolanas

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“A la hora de buscar –y encontrar- excelencia, las mujeres quedamos relegadas ante el apabullante hecho de que son los hombres quienes dominan las Academias nacionales, aún en igualdad de condiciones”.

Carolina Jaimes Branger

Una entrevista que le hice hace aproximadamente un mes a la ingeniero Marianela Lafuente Sanguinetti, Individuo de Número y vicepresidente de la Academia Nacional de la Ingeniería y el Hábitat, encendió mis alarmas: sólo hay tres mujeres en un universo de 35 académicos. ¿Por qué?…

Sin demeritar a los miembros de la Academia, quienes son profesionales íntegros, respetados y exitosos en su quehacer, me quedó un mal sabor por la falta de mujeres igualmente íntegras, respetadas y exitosas.

Pocas personas saben que yo soy ingeniero de sistemas, porque mi trabajo me llevó por otros derroteros. Pero conmigo estudiaron y ejercen brillantes mujeres que deberían ser consideradas para ser parte de la Academia. Y no es que “ahora” es cuando las mujeres empiezan a estudiar ingeniería: cuando yo estudié –y este año cumplo 40 años de graduada- en Sistemas nos graduamos 14 mujeres y 13 hombres. Y en Civil, había muchas más mujeres que hombres. Laura Carvallo, una de mis compañeras y para más cuentas mi comadre, trabajó en Cemex durante muchos años, llegando a ser la primera mujer latinoamericana en ser directora de la multinacional. Ahora trabaja en la Universidad Monteávila. ¿Acaso no merece ser considerada para la Academia? Y como ella, muchas otras.

Recuerdo una vez que fui al Colegio de Ingenieros a dar una charla, que me impresionó ver una pared llena de fotos del “Comité de Damas”. Eran las esposas de los ingenieros. En aquella época, pocas mujeres, ciertamente, estudiaban en la universidad y mucho menos ingeniería. Una de las que estudió y ejerció brillantemente durante muchos años su profesión fue mi tía María Elena Curiel de Branger, (UCV, promoción 1954) a quien ojalá le hagan un homenaje por haber sido una de las pioneras en el estudio y ejercicio de la ingeniería.

El hecho es que no se trata de “cupos”. No es meter mujeres por llenar mitad y mitad. No creo en eso. Se trata de excelencia. Pero a la hora de buscar –y encontrar- excelencia, las mujeres quedamos relegadas ante el apabullante hecho de que son los hombres quienes dominan las Academias nacionales, aún en igualdad de condiciones.

Me di a la tarea de corroborar los números:

En la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales hay 17 hombres de un total de 24. En la Academia de la Lengua hay 15 hombres de 22 individuos de número. En la Academia de la Historia 18 hombres de un total de 25. En la Academia Nacional de Ciencias Económicas hay 11 hombres y 4 mujeres. Por cierto, digo con orgullo que está presidida por mi genial amiga Sary Levy Carciente. Las peores son la Academia de Ciencias Políticas y Sociales y la Academia de la Ingeniería y el Hábitat, donde de un total de 35 individuos de número, 32 son hombres y la Academia de Medicina donde hay 35 hombres de un total de 40 individuos de número. No quiero pensar que haya machismo y mucho menos misoginia entre personas tan ilustres, pero los hechos están ahí. Sólo hay que verlos.

Yo pertenezco a la Comisión de Historia de la Academia de la Ingeniería. Me propusieron hace unos años que hiciéramos entrevistas a ingenieros notables. Recuerdo haber pasado una mañana conversando con Bernardo Pérez Guerra, con quien hablé (y grabé) por más de 3 horas la fascinante historia de su carrera. Cuando salimos, el ingeniero que fue conmigo, me dijo: “Ahora tienes que transcribir la entrevista y me la mandas”. Yo me quedé perpleja. Él lo que quería era una secretaria y yo no lo soy. Pero imagino que ésa era su idea… No le importaba yo como ingeniero que se dedicaba a otras labores. Quería una secretaria que hiciera un trabajo. Le dije que lo sentía mucho, pero que yo eso no lo iba a hacer. Las entrevistas se pararon, desgraciadamente. ¿Por qué no las guardaban como archivos de video? No lo sé. Pero fue lamentable que eso hubiera ocurrido.

Venezuela es un matriarcado. Y dentro de ese matriarcado hay mujeres, profesionales brillantes que se destacan aquí y dondequiera que han ido.

Señores académicos, cuando vayan a elegir sus nuevos miembros (hay academias que tienen muchas vacantes) tienen que considerar a la mitad de la población formada por nosotras. Porque las Academias venezolanas, en este momento, están caminando prácticamente sobre un solo pie.

Estamos en el siglo XXI y es mucho lo que podemos aportar. No se olviden de nosotras.

@cjaimesb

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