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La foto de París 

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“La derecha no puede volver a gobernar al país nunca más”.

José Gregorio Darwich Osorio

@GregorioDarwich

Hay fotos que provoca mirarlas con detenimiento. Pasa con la que ilustró la nota de prensa de El PAÍS sobre la reunión que tuvieron en París, el 11 de noviembre pasado los presidentes de Francia, Colombia y Argentina. La ministra de Exteriores de Noruega también asistió, pero en la imagen apenas se ven sus manos entrelazadas. Siendo un encuentro para promover un nuevo intento de entablar conversaciones entre el gobierno y la oposición venezolana, a lo mejor no hay mejor gesto de aproximación de posturas enfrentadas que unas manos juntas.        

La foto de París deja la sensación de que el país ha pasado con anterioridad por la misma situación de reunir a delegaciones de ambos sectores en una mesa de negociación. Por eso viene a la memoria el reiterado comportamiento del gobierno, el jugador astuto que pide barajar las cartas una y otra vez hasta que en alguna mano pueda conseguir mejores condiciones. 

Todo indica, además, que se dificulta llegar a acuerdos con quien tiene como propósito cardinal detentar los poderes con las formas de las ideologías radicales. Por ejemplo, de ahí viene la idea de contenido antidemocrático que se invoca para afirmar que “la derecha no puede volver a gobernar al país nunca más”. Noción que encajonó al sistema político en un nefasto círculo vicioso. Es decir: sí todo el que negocia con el gobierno (o le hace oposición) de una u otra manera es de la derecha y si la derecha de ningún modo gobernará, entonces, nadie diferente a los sectores vinculados al gobierno presidirá los poderes nacionales. 

Habría que recordar otra fotografía por su relación con la foto de la reunión de París. Es la imagen en la que se ven a unos sonrientes Rafael Caldera, Rómulo Betancourt y Jóvito Villalba, justo en el momento en que se dan el apretón de manos que selló su compromiso de aceptar el resultado de las elecciones presidenciales de 1958. Fue tomada en octubre de ese año. 

Entre la imagen de Caldera, Betancourt y Villalba y la foto de los mandatarios en París hay dos realidades casi irreconocibles. En una, los hechos que actuaron como telón de fondo fueron la puesta en marcha de la democracia. Al contrario, en la otra las circunstancias son ahora mismo la de una convivencia política hecha jirones. En aquella se tendían puentes políticos, en esta, se derrumban.      

Justamente por todo eso, las posibilidades de conseguir el cambio político terminaron siendo esperanzas frustradas para muchos venezolanos. Así que la foto de París sirve para recordar un dicho repetido muchas veces: en la política, como en la vida, siempre es mejor encender una vela que alumbre el camino de un acuerdo que quedarse en la oscuridad de un conflicto de solución imposible. Hace 64 años en la aurora de la democracia venezolana esa lámpara se prendió, hoy por hoy en su largo crepúsculo ojalá se encienda.   

Twitter e Instagram: @gregorio.darwich

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