martes 16, agosto 2022
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La renuncia y vuelta a la patria

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“Atendiendo la invitación que me han dispensado desde Colombia para intentar desearle algo a quien hoy ejerce el poder en mi país, más que a él, le deseo a Venezuela una salida poética esto es, la renuncia de quien hoy se encuentra aposentado en Miraflores señalado de ejercer el poder ilegítimamente y vuelta a la patria, es decir, que el país retome el cauce de la democracia, del imperio de la ley, del cabal y oportuno funcionamiento de sus instituciones, y desde luego, del pleno ejercicio de las libertades públicas”.

Jesús Peñalver

Porque quiero un país donde no se juzgue a los jueces por juzgar ni a los abogados por defender; tampoco a los periodistas y articulistas de opinión por emitir sus pareceres y consideraciones acerca del acontecer nacional, especialmente sobre los abusos de poder y los marasmos en la Administración Pública. Un país donde no haya presos políticos, y muchos menos que se “suiciden “en sospechosas circunstancias. Un país donde haya alternancia en el poder, elecciones libres, organismos electorales imparciales, servicios públicos de calidad y acceso a los mismos sin necesidad de carné ni de militancia de ninguna especie.

Aquí nadie está inmune ante la satrapía mandona, ni siquiera los que piensan. Se castiga por hechos, no por intenciones, el pensamiento no delinque (cogitationis poenam nemo patitur). Pero eso, al parecer, lo ignora la barbarie a la hora de perseguir y enjuiciar, incluso echar sustancias asquerosas a los presos inocentes.

Queda claro que, para el sistema de justicia venezolano, el discurso político de la oposición es un crimen. Todos somos semiológicamente culpables. Yo quiero un país donde no ocurran estos atropellos, ni nos pongan en la situación dilemática, odiosa desde luego, de si somos opositores somos apátridas, majunches, oligarcas. Y en caso contrario, si fuéramos acólitos del régimen, si apoyáramos a lo que ha sido el peor gobierno de la historia republicana del país, y su actual continuación, seríamos “bolivarianos, chavistas, venezolanos”, chéveres, pues.

Un país así donde incluso, es posible que un militar golpista y sanguinario sea sobreseído por el gobierno democrático de turno, a pesar de haberse negado aquel a ir a juicio dizque “por no confiar en las instituciones democráticas”. Sabemos quienes nos desgobiernan y ante tanta pesadilla roja, coloreada de un rojo alarmante y de un afán pernicioso de permanecer en el poder hasta la muerte, tenemos una poderosa arma en nuestras manos, un arma civil y pacífica, y esa no es otra que la unidad democrática. Solo así se puede enfrentar a la barbarie, luego de oprobiosos casi veintitrés años en el poder, donde la sucesión sigue con su terca manía de querer gobernar a todo trance.

En Venezuela, adecos y copeyanos, y los que eran de izquierda, luchaban para que en Venezuela no se implantase un gobierno militarista y autoritario que copara todos los espacios como ocurría en Paraguay, Chile, Uruguay y Argentina, países donde habían llegado al poder militares de derecha que se comportaban igualito a los de la izquierda de hoy.

¿Acaso eso es lo que queremos que continúe? Por supuesto que no. Porque merecemos un país como el que quiero yo, donde nada nos ate con ese cordón umbilical e infernal a la dupla cubano-castrista y su ignominioso régimen parasitario. Un país nos hace falta, donde podamos rechazar con firmeza y determinación, la hipocresía de un gobierno como el actual, que sigue en la compra y venta de sueños y conciencias, manipulando las carencias del pobre, exhibiendo un bienestar inexistente o ficticio.

Un país yo quiero donde se respeten los derechos de los ciudadanos, la separación de poderes en la estructura del Estado y, en fin, los valores y principios propios de la democracia. Quiero volver al país donde se asuma, sin pena ni vergüenza, que ser pobre es malo y sepamos y ojalá nos demos cuenta de lo felices que fuimos y podemos llegar a ser, a pesar de las circunstancias. 

Un país donde se nos garantice el derecho a la vida, como el único capaz de permitirnos el ejercicio de los otros derechos. Donde se entienda de una vez por todas que el derecho a la protección de la salud es el contenido fundamental del derecho a la vida, y que el pueblo no manda haciendo colas por una medicina, un paquete de harina o cualquier otro producto de los tantos que escasean, mientras la barbarie nada en plata ajena. Sostener lo contrario es una desgracia que pugna ante la conciencia humana.

¿El título de esta nota? Les cuento. Hoy cuando se cumplen 22 años 9 meses y 19 días de un régimen que tanto daño le ha causado al país venezolano y precisamente en la víspera de Nochebuena, atendiendo la invitación que me han dispensado desde Colombia para intentar desearle algo a quien hoy ejerce el poder en mi país, más que a él, le deseo a Venezuela una salida poética esto es, la renuncia de quien hoy se encuentra aposentado en Miraflores señalado de ejercer el poder ilegítimamente y vuelta a la patria, es decir, que el país retome el cauce de la democracia, del imperio de la ley, del cabal y oportuno funcionamiento de sus instituciones, y desde luego, del pleno ejercicio de las libertades públicas.

Porque un país es algo sublime donde los ciudadanos viven a plenitud, progresan amparados por el estado de derecho y de donde nadie se quiere ir. Un país donde pueda abrazar a mis hijos, mis soles civiles, y mirarlos de frente a sus ojos con la esperanza y el orgullo de haber hecho lo necesario, un grano de arena aportado, quizá, o un mundo idílico de ilusiones. Ese país mejor al cual tenemos razones de aspirar y derecho de aspirar.

¡Feliz navidad y dominus vobiscum!

@jpenalver

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