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Lo que nunca imaginé

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“Las últimas imágenes de los grupos de venezolanos cruzando el Río Bravo desde México para llegar a los Estados Unidos, me partieron el corazón”.

Carolina Jaimes Branger

Viví en los Estados Unidos a principio de la década de los 80. En aquellos años, me enorgullecía hablar de la fortaleza de la democracia venezolana, de la solidez de nuestra moneda, de la apertura hacia la inmigración y de cómo veía con grandes esperanzas el futuro de mi país, rico y petrolero, muy distinto, por cierto, a muchos países de Latinoamérica.

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La primera cachetada que recibí fue el Viernes Negro. Nunca imaginé que una moneda con la fuerza que tenía el bolívar hubiera podido devaluarse. Esto hizo que comenzara a reflexionar sobre cuán ciertas eran mis categóricas afirmaciones sobre Venezuela. Empecé a leer y a consultar con mi papá, que sí tenía el panorama clarísimo de lo que podía suceder en Venezuela. Recuerdo una noche, cenando en Caracas con unos amigos nicaragüenses que venían a montar una banca de inversión “por la solidez y seguridad que significaba invertir en Venezuela”, que mi papá les dijo algo como “no crean que todo lo que brilla es oro. Venezuela puede vivir una situación muy similar a la que ustedes han vivido. Aquí llega un caudillo con carisma y la gente se va a ir detrás de él. Los resultados serán impredecibles”. Años después, uno de nuestros huéspedes aquella noche recordaba las palabras de mi papá, quien no llegó a ver el desastre que él vaticinó porque falleció en 1988.

Era muy difícil imaginarse lo que nos ha pasado. Las últimas imágenes de los grupos de venezolanos cruzando el Río Bravo desde México para llegar a los Estados Unidos, me partieron el corazón. Todas sus pertenencias venían en “carry ons” y morrales. Me pregunté si habrán dejado algo aquí o habrán rematado todo el esfuerzo de una vida de trabajo para pagar el viaje. Sé que los “coyotes” cobran sumas altísimas. Había mujeres con bebés, me sorprendió ver uno que tendría dos o tres meses a lo sumo. Hay que estar muy desesperado para emprender una aventura de ese tipo con un neonato. Y la desesperación crece cada día en Venezuela.

Sé cuán dura y peligrosa es esa travesía… conocí a un joven cubano que la hizo. El paso del Río Bravo es muy peligroso y hay que hacerlo en la época de mayor sequía, que es también la de mayor calor, cuando las aguas están relativamente bajas, pero igualmente bravas, de allí su nombre. El cruce del desierto antes de llegar al río es también durísimo. El joven de quien hablo tuvo que tomarse su propia orina para no morir deshidratado.

Aquellas historias dramáticas, dolorosas y dantescas que escuchábamos de los balseros cubanos, son ahora las nuestras. Gente que prefería arriesgar sus vidas buscando la libertad, antes que quedarse en la isla, presos del régimen. Ahora somos los venezolanos los que huimos. Casi 6 millones de nuestros compatriotas se han ido ¡la quinta parte del país! y quién sabe cuántos más están preparándose para irse. A pesar de la pandemia. A pesar de que el bolívar no vale nada. A pesar de los riesgos.

Balseros venezolanos huyen hacia Trinidad, Grenada, Aruba, Curazao, Bonaire… Caminantes que han recorrido miles de kilómetros hacia el sur persiguiendo la esperanza que perdieron aquí. Los que llegaron recientemente a los Estados Unidos hicieron un largo viaje por tierra desde Venezuela a Colombia, donde tomaron un avión que los dejó en México.

Las lágrimas de uno de esos caminantes venezolanos, cuando el reportero de Fox News le preguntó que por qué había ido a los Estados Unidos, fueron las lágrimas de todo un país. Estoy segura de que todos quienes hemos visto el video hemos llorado con él, porque entendemos su dolor, estemos donde estemos. Es un dolor muy nuestro, que sólo los que han pasado por una situación similar lo conocen.

Espero que los Estados Unidos los reciba. Sé cuán complicada es la situación por la pandemia. Mientras tanto, aquí seguiremos haciendo lo posible para salir de esta maldición que nos ha caído, para recibir de vuelta y con los brazos abiertos a quienes se han marchado.

@cjaimesb

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