“Rusia es un país con tradición de potencia imperial. En su ADN está la conquista y el sueño de tener un puerto en cada océano. Venezuela es uno de sus proyectos.”

Julio Castillo Sagarzazu

Todos conocemos la expresión que sirve de título a este artículo. Se comenta que la hizo el mítico Garrincha a Feola, el director técnico del Brasil, en aquel mundial de Suecia en el que los cariocas y Pelé deslumbraron al mundo con la primera exhibición del “jogo bonito” que luego, casi todo muchacho con un balón en los pies, quiso imitar. Cuentan que Feola, en un pizarrón, dibujaba la estrategia de juego contra la URSS, en el partido del día siguiente, y daba instrucciones a los jugadores pareciendo que los contendores jamás iban a tocar el balón. Fue allí cuando Garrincha le espetó: “pero bueno, acuérdate que los rusos también juegan”.

Desde entonces, se suele usar la expresión para indicar que no es una buena estrategia pensar que un adversario en la política, en el deporte o en los negocios, se va a quedar de brazos cruzados dejando que tú desarrolles el juego que pretendes y que ya tienes planificado.

Sin embargo, no va de eso esta nota. Lo que queremos poner de relieve aquí es cómo Rusia se ha visto desempeñando un rol beligerante en la geopolítica mundial que, aunque no se corresponde con su potencia económica (Rusia es una economía más pequeña que España y casi del mismo tamaño de la de California) ha podido hacerlo gracias a la importancia que ha acordado a su fuerza militar convencional y a los nuevos medios de guerra de cuarta y quinta generación.

A diferencia de China, cuyo papel comentamos en la nota anterior, Rusia sí tiene en su ADN nacional la vocación imperial de gran potencia. No han tenido que construir ninguna muralla como los chinos, porque sus extensísimas tundras heladas más de la mitad del año, le han defendido siempre de cualquier intruso. El mismo general: “el general invierno”, derrotó a dos de las maquinarias bélicas más poderosas en su época: los ejércitos de Napoleón y los de Adolfo Hitler.

De manera que sus fuerzas militares sí han sido concebidas para la expansión y para la creación de un espacio vital “Gran Ruso”. Su obsesión geopolítica y militar siempre ha sido tener acceso a puertos de aguas calientes, por eso la península de Crimea, en el Mar Negro, es una de sus joyas estratégicas. El Mar Negro baña también las costas de Turquía y de allí, se sale al Mediterráneo, su más cercano “mar caliente”. Catalina la Grande lo entendió así y la obtuvo del Imperio Otomano, deteniendo, con ello, la expansión musulmana de la época. Siglos después, la Guerra de Crimea reafirma esta importancia y aunque ingleses y franceses toman su control, se retiran y la dejan en manos rusas por el Tratado de París, luego de que la retaliación de las fuerzas zaristas hubieran penetrado en Turquía.

Hoy, luego de que el ajedrez mundial con la retirada de Estados Unidos de Siria y el abandono de los kurdos que luchaban en esa zona y Turquía e Irak, contra el Estado Islámico, Rusia ha consolidado su posesión del estratégico Puerto de Tartus, cedido por Bashar Al Asad. Ya, con esta base en “aguas calientes”, avanza en su proyecto secular de “un puerto en cada océano”.

Por esta razón a Rusia hay que jugarla en todas las quinielas de la nueva realidad geopolítica mundial, incluyendo la situación de Venezuela, en la que juega un papel de primer orden.

Aquí en Venezuela lo ha logrado también -solo que compartiéndolo con China, Irán, Turquía y Cuba- oficiando de croupier que reparte las cartas, otra avanzada de su plan estratégico.

Venezuela se convierte de esta manera, como lo dijéramos en notas anteriores, en un nudo gordiano de todos los conflictos geopolíticos del mundo. En la práctica somos un Oriente Medio del hemisferio occidental. Paradójicamente, y eso es lo que tratamos de explicar en estas y otras líneas que hemos escrito sobre el particular, este hecho que es fuente de muchas de nuestras desgracias y padecimientos, puede convertirse en la llave que abra la puerta de una eventual solución a nuestra tragedia.

¿Por qué? Pues porque Chávez y Maduro nos convirtieron en un peón del ajedrez mundial de todas estas potencias y sus intereses. Y ya hemos visto que quienes enfrentan a los Estados Unidos nos han escogido, no para ocupar nuestro territorio y asumir ellos la obligación de gobernarlo, como se hace en las guerras tradicionales de conquista, sino para propiciar una desestabilización en la región, que es su verdadero interés. Es por esa razón que en Venezuela se añade a la lucha geopolítica tradicional, el ingrediente de la influencia del narcotráfico, de los grupos irregulares y el uso de la delincuencia como método de control social.

Dicho en pocas palabras, una parte de los intereses mundiales están interesados en la “Somalización” de Venezuela. Un país en el norte de la América del Sur, con una ubicación tan importante como la de Somalia a la entrada del Golfo de Adén y, por consiguiente, del Mar Rojo y el Canal de Suez.

El otro lado de la moneda es que hay otro mundo, el de las democracias occidentales, que deberían estar interesadas en defender este plan y que ya han apostado por ello, ejerciendo presión individual y multilateral al régimen de Maduro, en procura de restaurar la democracia en Venezuela y apoyar los esfuerzos que la mayoría de los venezolanos hacemos en ese sentido.

Hay un margen importante de posibilidades para que esta nueva realidad geopolítica del mundo nos ayude en ese camino. Solo hemos dicho que el formato de una nueva ronda de negociaciones sobre Venezuela no debería repetir el de las anteriores. Así, como hay gente con la que no se puede hacer negocios sin un fiador, con el régimen de Maduro no se puede negociar sin garantes, sin países aliados del régimen y de los demócratas, que se comprometan a ejercer presión para que las partes cumplan lo acordado.

Sería una ingenuidad que los negociadores se saquen una foto en la firma de un acuerdo y que se vayan luego a sus casas como Chamberlain y Daladier, agitando en las manos un papel cuya tinta aún estaba húmeda y ya Hitler lo había violado.

Tampoco podemos dejarnos “guaralear”. Maduro quiere seguir comprando tiempo. Espera usar una negociación eventual para ayudar a Castillo en Perú y a Petro en Colombia. Mientras más largas al asunto, mejor para él.  Hay que exigir, entonces, que cualquier negociación sea pronto y sea rápida. Hay que saber con prontitud si hay o no resultados.

Termino esta nota con una cita de Trucides, en su estudio sobre la Guerra del Peloponeso y que ha hecho circular Pérez Reverte últimamente:

“Debemos hacer siempre nuestros cálculos frente a los enemigos pensando que éstos tomarán decisiones acertadas, pues no hay que basar nuestras esperanzas en que los enemigos se vayan a equivocar”.

 Los rusos avanzan con su puerto en la Somalia del Caribe.

¡Garrincha lo tenía claro!

@juliocasagar