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“No he querido saber, pero he sabido”

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“Es legítimo preguntarse qué pensará un militante del chavismo que haya leído el informe de la ONU”.

José Gregorio Darwich  

@GregorioDarwich

Hugo Chávez se hizo popular por su rol de ‘enfant terrible’. El 23 de enero de 2009 en una concentración política sorprendió a muchos. Ese día no fue el transgresor crítico de la política internacional. Elogió a Barack Obama por cerrar la prisión de Guantánamo. 

Ubicada en la Base Naval norteamericana en la Bahía del mismo nombre en Cuba, desde enero de 2002 era sitio de reclusión de alta seguridad de sospechosos de terrorismo y de detenidos en Afganistán durante la invasión de Estados Unidos a ese país. Bajo la conmoción de los atentados del 11 de septiembre, el gobierno norteamericano no hizo esfuerzos por evitar que se torturara, se cometieran abusos y se hicieran detenciones ilegales. Aunque eran actos inhumanos reñidos con los valores de la democracia de ese nación.   

“Ha eliminado la prisión de Guantánamo, eso hay que aplaudirlo y ha prohibido la tortura”, dijo Chávez. Y para reforzar su agrado añadió: “Me alegró mucho y el mundo está alegre de que haya llegado este joven presidente -Obama- y lo primero que haya hecho es firmar decretos para acabar con una serie de medidas de terror”. Esa satisfacción no ocultaba que Chávez no censuró el horror de las cárceles de la revolución cubana. Eso no sorprende. No medía con el mismo rasero las violaciones de los derechos humanos. 

Ese año tomó cuerpo una paradoja para el chavismo. Por decisión del gobierno de Chávez comenzó a funcionar en El Helicoide un centro de detención adscrito al Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN). La paradoja es que EL Helicoide comenzó a ser de modo progresivo la viva imagen de los arrestos sin proceso, los juicios amañados, la intimidación, la tortura que ocurrían en Guantánamo y que duramente criticó Chávez. Todo eso fue revelado inicialmente por familiares de los presos y ONG. 

Lo afirmado en esas denuncias lo revisó la misión de la ONU que investigó las violaciones de los derechos humanos en el país. La Misión declaró con obligada cautela que hay “motivos razonables para creer” que en El Helicoide se sometió a los reclusos a tratos crueles e inhumanos y se aplicaron torturas físicas y psicológicas. Al parecer, ya no se utilizará como cárcel de máxima seguridad, lo que sería alentador, no obstante, aún permanecen reclusos.

Es legítimo preguntarse qué pensará un militante del chavismo que haya leído el informe de la ONU. Ojalá diga, por ejemplo: “no he querido saber, pero he sabido” –es una frase célebre del malogrado Javier Marías- que el derecho a disentir y de oponerse sin opresión está a años luz del que se ejercía en el país en las décadas finales del siglo pasado. 

Reflexione: “no he querido comprender, pero he comprendido” que los venezolanos no pueden expresar con absoluta libertad su discrepancia, su desacuerdo, su repulsión con la manera como se nos gobierna.  Tal vez: “no he querido saber, pero he sabido” hasta qué punto con el chavismo en el poder se han convertido en algo irreal las libertades plenas que garantiza la democracia. 

Pero sobre todo que se diga a sí mismo que el informe de la misión de la ONU lo puso frente a frente con el sobresalto de saber que unos venezolanos han sido brutales e inhumanos con otros venezolanos. 

Twitter e Instagram: @gregorio.darwich

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