lunes 04, marzo 2024

Pensar en positivo o ser realistas 

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“…Steven Pinker: “Más que nunca, los ideales de la ciencia, la razón, el humanismo y el progreso necesitan una defensa incondicional…”

Jorge Puigbó

Es innegable que la humanidad nunca ha estado mejor, esto se afirma sobre la base de estadísticas realizadas por organismos y empresas importantes a nivel mundial. David Deutsch en su libro “El Comienzo del Infinito”, expresa: “…Una civilización optimista está abierta a la innovación y no la teme, y se basa en las tradiciones de la crítica. Sus instituciones siguen mejorando, y el conocimiento más importante que encarnan es el conocimiento de cómo detectar y eliminar los errores…”. Que no estamos todo lo bien que pudiéramos, es verdad, pero casi todos los gobiernos del mundo hacen esfuerzos en ese sentido y se pueden contabilizar los resultados. Es por esta razón que nos preguntamos si existe, conscientemente, un rechazo hacia todo lo que representa el ser humano y su progreso o se trata de una sensación, moda, creencia, ideología, impuesta por intereses políticos para conseguir la destrucción de valores tradicionales a objeto de imponer los más cónsonos con su modelo y más progresistas de acuerdo a su objetivo. Ante esto, debemos reafirmar: la civilización occidental ha sido hasta ahora la de mayor desarrollo, no solo desde el punto de vista económico, sino tecnológico y cultural, primordialmente ha sido la cuna de la Democracia y los Derechos Humanos, es por ello la presa política, su inmensa riqueza económica atrae a depredadores los cuales parecieran tener el apoyo de personas que, como topos, trabajan en su seno dispuestas a acabar con sus principios e historia para recomenzar de nuevo un proceso civilizatorio sin errores. La eterna utopía.

Han sido cientos de años de evolución continua con un resultado siempre positivo para la humanidad, guerras, revoluciones, catástrofes, epidemias fueron y son grandes rémoras. Uno de los capítulos más relevante de nuestra cultura fue la llamada Ilustración, cuyos principios siguen vigentes y de los cuales dice Steven Pinker: “Más que nunca, los ideales de la ciencia, la razón, el humanismo y el progreso necesitan una defensa incondicional”. Complementando la anterior idea, Immanuel Kant en ¿Qué es la Ilustración?, 1784, reduce su objetivo en una frase: ¡Atrévanse a saber! y señala una cualidad del ser humano, cual es, el continuo cambio, la continua innovación, agregando lo necesario de la libertad para su desarrollo: “Una época no puede establecer un pacto que evite que las épocas subsiguientes amplíen sus ideas, acrecentar sus conocimientos y purguen sus errores. Eso supondría un crimen contra la naturaleza humana, cuyo auténtico destino reside precisamente en semejante progreso…”. 

Son muchas las angustias, las incertidumbres y la incomprensión que se debaten hoy sobre el ser humano a través de la información, magnificada por la caja de resonancia de la Internet y que pudieren provocar desaliento, deseos de sumisión, de sometimiento, de renuncia a la libertad, tal como lo describe Michel Houellebecq en su libro “Sumisión”. Trataremos de visualizar someramente de qué se trata todo esto haciendo una abstracción de las mismas:

El constante cuestionamiento y ataques a valores éticos e instituciones como la familia que, la mayoría consideraba fundamentales para conservar la estabilidad emocional e intelectual, está produciendo inseguridad. Debemos procurar entonces que se respeten las instituciones, éstas no son culpables, lo son las ideas y los hombres que las conforman en un momento determinado. Es muy difícil, si se cuestiona a miembros de una determinada organización, que al final no resulte dañada y se deteriore nuestra confianza en ella, está ocurriendo principalmente con las instituciones políticas y religiosas, aunque en esta barahúnda cualquiera puede ser víctima. Solo queda rescatar las instituciones, sanearlas y ponerlas al servicio del hombre.

-En un mundo multipolar el enfrentamiento más evidente entre naciones es el derivado de sus intereses geopolíticos, cuestiones religiosas y cultura, no existe armonía alguna y la mayoría sufre problemas internos por la migración, o por la existencia de grupos religiosos radicales. Solo basta estudiar un poco el caso de los Uigures, musulmanes en China. Un caso idéntico es el de Rusia con el Estado Islámico en Chechenia. Hay evidentemente una globalización de los conflictos. Se suma a lo anterior la conducta aislacionista y hasta separatista, asumida por millones de inmigrantes en Europa. Su crecimiento imparable decretó, desde hace años, la muerte de lo que se denominó sociedad multicultural, ideología que promueve el compromiso del Estado con un determinado modelo social basado en la diversidad. En el 2011, el premier británico David Cameron manifestó: “el multiculturalismo ha sido un monumental fracaso…”, “…ha producido un debilitamiento del conjunto de valores colectivos tales como la libertad de expresión, la de credo, la democracia, el estado de derecho y la igualdad con independencia de raza, género o condición sexual”. Todos en el mundo lo perciben.

-En las últimas décadas, se han formulado hipótesis las cuales señalan que el calentamiento global de la superficie de la Tierra se debe a las actividades humanas, a las emisiones de CO2 por el uso de combustibles fósiles. El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, dijo refiriéndose a un informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático: “…Es un archivo de vergüenza, catalogar las promesas vacías que nos encaminan firmemente hacia un mundo inhabitable”. Simplemente apocalíptico. Por otro lado, Michael Shellenberger, uno de los gurúes del cambio climático se desdice en su libro “Apocalypse Never” y afirma que la acción del hombre no es la causante. A quien creer, es una incertidumbre.

– Las teorías conspirativas, como nuevas religiones, son un fenómeno contrario a la razón, regresan las supersticiones emboscadas en las redes sociales. Han aparecido unos entes parecidos a deidades que, ocultos en un Olimpo tecnológico dominan el mundo y pelean entre ellos, una nueva mitología que está haciendo mucho daño. Es una religión del terror y sus fieles participan en las ceremonias de difusión utilizando las redes sociales. Horas dedicadas a un culto que anuncia nuevos órdenes mundiales, tragedias, vive de la posverdad y deja entrever un apocalipsis, necesario final para mantener la tensión paralizante, la dedicación completa y nerviosa que logra el objetivo de mantenerlos unidos a sus fieles a la espera del próximo capítulo.

– Las personas a raíz de la guerra Rusia-Ucrania, perciben el deterioro del orden mundial y una gran inestabilidad política. Fukuyama expresó en marzo del año pasado en la Universidad de Stanford: “El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha demostrado una vez más que es inútil” y a Christiane Amanpour, en una entrevista: “Lo que sucedió en los 30 años desde la caída del Muro de Berlín es que las personas que viven en democracias se han vuelto complacientes… Asumieron que la paz y la prosperidad que disfrutaban siempre estarían ahí y que no tenían que trabajar muy duro para lograrlas”.

Solo nos queda actuar racionalmente, cada uno en su campo y defender con sólidos argumentos a nuestra civilización occidental, sus instituciones y valores.

Jorge Puigbó

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