“Con esta pandemia el injustamente vilipendiado, por algunos sectores, concepto de la caridad volvió a renacer, la eterna fraternidad con el prójimo se manifiesta en las GoFundMe”.

Jorge Puigbó

“Vivimos en tiempos difíciles en los que no podemos ni hablar ni callar sin peligro”. Juan Luis Vives (Carta a Erasmo, 1540)

En un principio la humanidad fue carente de riquezas, el trabajo creativo y las invenciones, a través de siglos, acrecentaron su patrimonio y bienestar. El entendimiento y la solidaridad del grupo fue lo que nos permitió sobrevivir y desarrollarnos como especie. El  sentimiento de colaborar, de ayudar, desembocó en la creación de grupos sociales que de una forma altruista, inicialmente primitiva, tomaron el control de lo relacionado con la actitud solidaria denominada caridad y comenzaron a organizarse. Esto fue evolucionando hasta la edad media, época en la cual ya se crearon instituciones organizadas para la acción social, que se dedicaron a proteger a las personas más desvalidas. En el medioevo los ideales y valores del movimiento cristiano, especialmente la caridad -exaltada como virtud- llevó a las Iglesias a tomar para sí el cuidado de las personas en estado de necesidad. Es tanto así, que se comienzan a elaborar normas para reglamentar esta ayuda y quiénes serían sus receptores. Los hospitales fueron los centros con mayor importancia respecto al auxilio a los menesterosos por cuanto no solo recibían a los enfermos, sino también a los hambrientos, desquiciados mentales, peregrinos, etc.    

  Paralelamente a ello, surgieron también las cofradías, las casas de expósitos, los orfanatos, las fundaciones eclesiásticas, casas de misericordia, etc. La limosna era una práctica personal que de acuerdo a la religión otorgaba la redención de los pecados y la salvación, sin que existiera ninguna obligación de tipo legal para darla. Con la llegada progresiva de la época moderna y las ideas que aporta el Renacimiento, la caridad pasa a ser arropada por la beneficencia. Los reyes en España dictan normas al respecto, dentro de las cuales destaca la Real Carta y Real Instrucción de Carlos I, de 24 de agosto de 1540. Se comienza a secularizar, o laicizar, lo relativo a la ayuda, o acción social, para los pobres.

  Las “Poor Laws”, en castellano “Ley de Pobres”, son un buen ejemplo de la progresiva intervención del estado a favor de los desposeídos. Esta legislación comenzó alrededor del año 1536 en Inglaterra y Gales, la ayuda se canalizaba a través de las parroquias y se establecían impuestos obligatorios para su mantenimiento. En Inglaterra, como sabemos, el jefe de la iglesia oficial era y sigue siendo el rey o la reina.

  Estas leyes sufrieron modificaciones de todo tipo y cambios en su denominación, hasta el año 1948, en el cual se estableció el denominado “Welfare”, estado de bienestar. La vieja legislación es abolida por la Ley de Asistencia Social. Esta modalidad, el “Welfare”, sería adoptada a partir de ese momento hasta nuestros días por diferentes países, en la búsqueda de garantizar un mínimo de bienestar económico y social para la población. Sanidad, educación, pensiones y servicios sociales fueron sus objetivos primordiales.

  “…erradicar la pobreza no es un acto de caridad, es un acto de justicia… La educación es el gran motor del desarrollo personal. Es a través de la educación como la hija de un campesino puede convertirse en médico, el hijo de un minero puede convertirse en el jefe de la mina, o el hijo de trabajadores agrícolas puede llegar a ser presidente de una gran nación”. Son palabras sabias de Nelson Mandela. La sociedad debe dedicar esfuerzos para que todos sus miembros tengan las mismas oportunidades de crecimiento, recordemos que las diferencias naturales siempre existirán.

  En un artículo titulado “Crowdfunding”, publicado en El País, España, el 3 de septiembre de 2016, Julio Llamazares, periodista y escritor concluía afirmando: “Alguien podrá decirme y no le faltará razón que hay personas que, de no ser con la ayuda de otras, nunca podrán llevar a cabo sus sueños. La cuestión es si la caridad del prójimo ha de sustituir al Estado, el responsable de poner los medios para que cualquiera con capacidad pueda desarrollar sus ideas, consiguiendo así el efecto perverso de que delegue cada vez más en la sociedad sus obligaciones, como ya sucede con las oenegés. “La caridad está para llenar las grietas de la justicia, no los abismos de la injusticia”, decía un personaje de Delibes, escritor poco sospechoso de antiliberal. Son unas palabras para tenerlas siempre en cuenta y recordar que el sentimiento de solidaridad de los humanos debe ser aupado y el Estado cumplir con sus obligaciones.

  Con esta pandemia el concepto de la caridad, injustamente vilipendiado por algunos sectores, volvió a nacer, la eterna fraternidad con el prójimo se manifiesta en las GoFundMe.