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Política y conducción

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“La evolución trajo como consecuencia que se abandonaran los valores o ideologías como un factor aglutinante y una complicada red de favores, dádivas, intereses, corrupción, fue tejiéndose para mantener a los miembros que siempre aspiraron a recibir la cuota de poder que aspiraban y esa deriva constante y profunda atrapó en sus hilos, tanto a líderes como a sus llamados ahora clientes”.

Jorge Puigbó

@jorgeppuigbo

Seguimos estudiando el pasado histórico, jurungando, o mejor dicho hurgando, la vida, no solo la pública, de los hombres que fueron protagonistas, tratando de extraer luces, inspiración, que nos ayuden a entender éste nuestro presente. Estamos como el perro que intenta morderse la cola y se le van las horas persiguiendo un imposible. Buscamos respuestas en el lugar equivocado, allí solo conseguiremos hechos catalogados de positivos y negativos, los cuales agotaron su trascendencia en manos de gente diferente, en otros tiempos y circunstancias.

Es hora de buscar la respuesta en las necesidades actuales de nuestra población, de preguntarles, de formular programas que se puedan cumplir, allí está, y no es nueva la solución. La cuestión se complica por cuanto algunos pretenden implementar modelos de gobierno que ya probaron no ser eficientes, de repetir sistemas económicos fracasados, pero que tienen una profunda carga nostálgica para muchos, son los mismos que aseguran que con ellos la cuestión sería diferente, piensan, fueron errores de instrumentación en la forma de llevar a la práctica la ideología.

La política es una actividad humana fundamental, atiende a las formas y a las acciones que, decididas por el poder, conducirán a la población de forma obligatoria. Educación, imposición, libertad, disciplina y represión, son términos cuyo equilibrio, énfasis e importancia en cada sociedad es determinante en su grado de democracia y libertad. El grado máximo de la Utopía, de la perfección social, se alcanzaría cuando las conductas de todos se moderen por el ejercicio de un convencimiento personal traducido en la voluntad de actuar de acuerdo a lo establecido en el contrato social, solo hay que imaginarse lo imposible que sería la desaparición de la lucha por el liderazgo y las ideas políticas y económicas, y sobre todo pensar en un Estado totalmente complaciente a todos, perdería su función al no haber discrepancias, ni nadie a quien conducir. El poder es para ejercerlo.

Con el pasar de los años la humanidad ha desarrollado formas, o métodos, para determinar las preferencias de las personas, sus gustos y aspiraciones, y a la vez partiendo de estas informaciones cada vez más sofisticadas, insertar en la sociedad corrientes de opinión o preferencias creadas que permitan la manipulación de ésta. La motivación es un sentimiento que impulsa al ser humano, su manipulación por tecnologías desarrolladas cada día permite que sea más fácil aprovecharlo para conducir políticamente a grupos sociales a la asunción de determinadas conductas. Su importancia y uso en los últimos tiempos por las redes sociales de la Internet, preocupan cada día más a los expertos. A esto nos enfrentamos. La colectividad es bombardeada diariamente por millones de mensajes de todo tipo, los cuales se diseñan tomando en cuenta el patrón de la información que se extrae de las actuaciones y escogencias individuales, es una huella que nos delata cuando caminamos por las redes. Nuestros deseos, hasta los más íntimos, las preferencias sexuales, nuestro rostro más escondido, lo que pensamos políticamente, cómo nos vestimos, están dibujados y guardados por los algoritmos. Las teorías de Abraham Maslow, para no ir más atrás, y otros como Murray, o McClellan, fueron conformando una batería de ideas probadas que los sicólogos han desarrollado al máximo tratando de conocer cómo funciona la mente humana. Maslow hablaba de cinco niveles: 1: necesidades fisiológicas. Comer, dormir, respirar, etc.; 2: necesidades de seguridad física, trabajo, propiedad privada, salud, familia; 3: necesidades sociales, amistad, afecto, intimidad sexual; 4: necesidades de aprecio, confianza, respeto, éxito; 5: necesidades de autorrealización, motivación de crecimiento, necesidad de ser, las cuales son las más elevadas, se trataría de encontrar un sentido a la vida.

El resultado de la aplicación de estos y otros hallazgos y métodos, a la Política la han transformado en un mercado electoral. La antigua plaza, la misma televisión, han perdido relevancia frente a las nuevas y más eficientes Tecnologías de Comunicación que tienen un grado de penetración superior en la sociedad humana. Pareciera que algunas veces el orden natural se ha alterado, y las necesidades de la población están siendo creadas, diseñadas especialmente, siendo lo más importante, la inducción de formas de pensar y reaccionar frente a ideologías políticas para lograr una manipulación y mayor control social. La tentación totalitaria.

La política es conducción, indudablemente quienes la ejercen como funcionarios designados para dirigir a un determinado país son responsables de las medidas que se apliquen y éstas a su vez deben responder en cierto grado al sentir de la población, lo cual no quiere decir que la autoridad se debe guiar única y exclusivamente por las necesidades superfluas o caprichos que se observen en los pueblos. Es en esta realidad en la cual conseguimos un factor quizá determinante para comprender lo que estamos viviendo: el relajamiento de la autoridad en el ejercicio de la conducción política, provocado por el miedo a perder caudales de seguidores si se tomaran medidas que, aun siendo lógicas, beneficiosas y éticas, no son del agrado de la mayoría.

Por este camino se transitó al llamado populismo y habrá que dar marcha atrás porque la construcción del futuro de la humanidad no responde a la complacencia de caprichos, visiones utópicas o erróneas. Construir un estadio de béisbol o una cancha de bolas da mayores beneficios políticos inmediatos que una clínica o una planta de tratamiento de aguas negras. Lo hemos señalado en artículos anteriores, organizaciones de carácter político siempre existieron, en Grecia, en Roma, pero los partidos políticos modernos no son estructuras, comparativamente hablando, que se crearon hace mucho tiempo, se estima que comenzaron en el siglo XIX en la Gran Bretaña para agrupar personas con los mismos valores o ideas, e iguales objetivos político sociales, teniendo en cuenta, indudablemente, que la conquista del poder era la prioritaria y su razón de ser. La evolución trajo como consecuencia el abandono de valores o ideologías como un factor aglutinante y una complicada red de favores, dádivas, intereses, corrupción, fue tejiéndose para complacer a los miembros que siempre aspiraron a recibir la cuota de poder que les “correspondía” y esa deriva constante y profunda atrapó en sus hilos tanto a líderes, como a sus llamados ahora clientes.

Las nóminas de empleados públicos no se dieron abasto para cubrir las necesidades de un clientelismo desatado y mercenario. Valores e ideología, y menos la ética, se olvidaron en los programas de formación de la militancia, todo se canceló y se comenzó un proceso de degradación imparable. De aquello que estudiamos alguna vez en Derecho Romano, las tres formas de clasificar, o interpretar el poder: “Imperium”; “Potestas” y “Auctoritas”, es esta última, la que atiende a la moral, a la sabiduría y a la integridad del líder, del maestro, lo que nos podría dar alguna esperanza.

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