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Renovación en la lucha

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  “…Culminamos un año difícil, nos deja el mal sabor de la desunión y la incomprensión que mora en nuestra sociedad sin solución de continuidad comenzamos otro pleno de incertidumbre. Desde aquí, hacemos un llamado a reforzar nuestro sesgo positivo, nuestra esperanza, sin olvidar que el raciocinio es la única arma para lidiar con nuestro entorno y renovar las fuerzas para seguir en la lucha por el restablecimiento de la democracia en Venezuela…”

Jorge Puigbó

@JorgePPuigbo

Es necesario comprender que para acercarse a lo que llamamos felicidad, lo primero es tratar de entender nuestra realidad tal y como se presenta, evitando a toda costa convertirnos por ello en conformistas o amargados; es la única forma de hacerlo, hay que buscar un equilibrio racional y totalmente objetivo en el análisis que hagamos. Sólo veamos las circunstancias que hoy rodean a las familias de Ucrania, su estresante panorama no da mucho margen, ni condiciones para pensar, pero aun así tendrán que hacerlo y actuar para seguir sobreviviendo. Es esto lo verdaderamente importante, el tiempo es un marco dentro del cual actuamos, no se detiene, ni cambia, no podemos influir en él, solo cuentan las cambiantes circunstancias y por tanto es necesario que, al pensamiento reflexivo, o crítico, se le dé cabida, espacio para poder tomar decisiones. Siempre habrá que tener en cuenta el «paisaje» que nos rodea y cómo afecta de forma diferente a las personas, hay que entenderlas.

Cuando aceptas y entiendes verdaderamente lo que te rodea puedes actuar en consecuencia, no antes. Es difícil alcanzar la total comprensión y se debe a nuestra negación, o la interpretación acomodaticia de lo que nos ocurre en determinados momentos, esto propicia generalmente juicios inexactos, desacertados, y como consecuencia induce conductas erradas. Cuando se está plenamente consciente y se asumen las consecuencias, comienza el momento de buscar las formas de influir en nuestro entorno y tratar de cambiarlo, o cambiar nosotros. En este eterno batallar, son muchas las personas que acuden a la oración por cuanto la religión proporciona un alivio, una explicación, una orientación a las cosas que no logramos comprender o aceptar. Ahora bien, frente a este sentimiento humano muchos se imaginan a su Dios como un mago, o rey, sentado en un trono siempre dispuesto a intervenir en lo cotidiano para satisfacer cuanto capricho se les ocurra o necesidades se les presenten.  En este proceso el hombre les pone una cara y un cuerpo a los dioses para imaginárselos a su semejanza. En todo caso, debemos tomar conciencia de que es mediante el talento, o las cualidades personales que cada cual posee desde su nacimiento, unido esto a una introspección profunda, que podemos alcanzar un mayor entendimiento de nuestras circunstancias y vivir con ellas sin dejar de sentir momentos de felicidad por más difíciles que estas sean. Indudablemente, en cuanto a las religiones atañe, esta virtud atiende más al plano espiritual, pero se  plantean como exigencia el accionar del individuo en la búsqueda de su bienestar, sin lo cual no sería posible lograr nada en lo absoluto y, por otro lado, el no dejarse vencer por la desesperación o el desaliento que trae la lucha por la vida.

Generalmente olvidamos que no somos marionetas de un destino marcado y diseñado, lo cual indudablemente nos facilitaría las cosas. Somos totalmente libres en nuestras actuaciones y conductas, por tanto no podemos eludir nuestra responsabilidad achacándosela a un ser superior que nos controla a su antojo, especie de dictador virtual y mágico. Si así fuera, el libre albedrío no existiría y cesaría de inmediato la culpa, el pecado, porque no habría posibilidad de elegir. No se podría, entonces, exigir responsabilidad de sus actos a nadie. Esta es la verdadera cualidad de naturaleza humana y con ella labramos nuestro destino. 

Hace un tiempo escribí: compartimos con muchos países una especie de cultura onírica, atávica, un instinto primitivo, que induce a creer que, por arte de magia un hombre, una especie de taumaturgo, liberará definitivamente a la sociedad de sus cadenas. Es difícil vencer a estas creencias cuando están unidas a un profundo desencanto hacia las elites dirigentes, pero no queda otro remedio sino sobreponerse. Culminamos un año difícil, nos deja el mal sabor de la desunión y la incomprensión que mora en nuestra sociedad, sin solución de continuidad comenzamos otro período pleno de incertidumbre. Desde aquí, hacemos un llamado a reforzar nuestro sesgo positivo, nuestra esperanza, sin olvidar que el raciocinio es la única arma para lidiar con nuestro entorno y renovar las fuerzas para seguir en la lucha por el restablecimiento de la democracia en Venezuela.

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