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Tomando el cielo por asalto

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Las últimas movilizaciones de calle han puesto de manifiesto la voluntad de lucha de los venezolanos. Una excelente oportunidad para definir los liderazgos del país.

Julio Castillo Sagarzazu

@juliocasagar

Esta semana las calles venezolanas han vuelto a hablar. Han enviado un mensaje claro: Han dicho a los cuatro vientos, a todos los propagandistas del “esto se lo llevo el diablo” que hay reservas sociales, morales y ¿políticas? para enfrentar al régimen de Nicolas Maduro.

Sin embargo, a pesar de todas estas maravillosas demostraciones que hemos visto, ¿quiere esto decir que ellas son suficientes para recuperar la democracia y la libertad en Venezuela? Obviamente que no. Ahora es que falta y faltan muchas cosas, pero es importante que haya constancia de que los venezolanos de carne y hueso hayan vuelto a salir a las calles a hacer y decir lo que hicieron y lo que dijeron.

Ahora bien, quizá, para sacar las conclusiones correctas de estas vivencias, sería interesante poner de relieve algunas cosas que han diferenciado estas movilizaciones de las que han tenido lugar en los últimos 20 años.

Lo más resaltante es, sin duda, ¿cómo y por quién fueron convocadas? En esta ocasión no ha sido el liderazgo político el que ha llamado a manifestar. Han sido los dirigentes sociales, gremiales y sindicales que han resistido la razzia represora de un régimen que se impuso acabar con el sindicalismo y el gremialismo libre. Tarea que, por cierto, ha intentado a sangre y fuego y con represión pura y dura contra los dirigentes.

Lo segundo es que las manifestaciones han tenido lugar en prácticamente todos los centros poblados del país, a diferencia de las grandes marchas en las grandes capitales que caracterizaron a la movilización de años pasados.

 Y lo tercero, y probablemente lo más significativo, es que las consignas que las han presidido, no han sido consignas políticas, sino de defensa de los intereses concretos y particulares de la gente.

Las movilizaciones son siempre llamativas. Mucho más en esta época en la que las redes sociales no permiten tener acceso, en tiempo real, de cuanto esta ocurriendo. Tenemos la inclinación natural, cuando presenciamos estos despliegues de fuerza social, a pensar que la gente en la calle es capaz de cualquier prodigio.

Marx, ingenuo y superficial en estas cosas, llegó a afirmar durante la Comuna de Paris, que los manifestantes “tomaban el cielo por asalto” y harían la revolución de seguidas. Estaba obnubilado por lo que ocurría en los barrios obreros de la capital francesa. Ello, como sabemos, no ocurrió. La Comuna fue reducida y derrotada y muchísimas jornadas de esta naturaleza han corrido igual suerte en muchos momentos y lugares en el mundo.

Ya, en el clásico manual del leninismo el ¿Qué hacer? Este caballero apuntaba (y no sin razón) que “El movimiento obrero espontáneo, solo puede crear por sí mismo el tradeunionismo” o, dicho en latín vulgar: a las movilizaciones sociales hay que darles un contenido político para que puedan producir cambios estructurales porque, de otra manera, se quedan en simples reivindicaciones sindicales.

De manera que, en Venezuela, el gran desafío que tiene el liderazgo político es entender que a estas movilizaciones sociales hay que dotarlas de la profundidad y la direccionalidad políticas.

En la actual crisis del liderazgo opositor esta es una tarea ciclópea. La desconexión de la elite política con la sociedad es demasiado grande; la pérdida del hábito de estar con la gente de carne y hueso, ha hecho que se pierda tejido muscular, como cuando los miembros no se ejercitan; la sustitución del trabajo cotidiano por la figuración en las redes sociales y la sustitución de la organización de base por el grupo de WhatsApp son todos, factores que conspiran contra el encauzamiento de esta voluntad de lucha, exhibida en los últimos días.

Sin embargo, estas limitaciones no son, o no deberían ser, un réquiem para nuestras esperanzas de cambio. Todo lo contrario, son un desafío a la imaginación y al trabajo del liderazgo opositor actual.

Allí hay toda una camada de líderes nacidos al calor de estas nuevas luchas que debe ser integrado a la reflexión sobre el cambio político. Es necesario que la mayoría de ellos se convenza de que, en este régimen, es inviable la satisfacción de sus reivindicaciones y la superación de la miseria. El trabajo de “cazador de talentos” es imprescindible. El liderazgo debe entender que, en muchos casos, es necesario dar paso a estos nuevos actores (muchos de los cuales vienen de las filas del propio oficialismo)

Vienen jornadas interesantes., estas movilizaciones se entroncan con la necesidad de dirimir un nuevo liderazgo opositor y una eventual candidatura para el proceso electoral presidencial.

Una buena oportunidad para tomar el cielo por asalto, si la mayoría se pone a leer en la misma página.

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