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Trapitos: El venezolano no migra por capricho sino porque no le queda más alternativa

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“El Bautista”

Tomar la decisión de migrar del país que te vio nacer, donde estudiaste, formaste su familia, tienes a todos tus seres queridos, amigos, no debe ser nada fácil, tampoco se puede adoptar de una manera precipitada, mucho menos improvisada e inconsulta, pero cuando se comienza a pensar en esta alternativa es porque tu calidad de vida se ha deteriorado a extremos tan dramáticos que te llevan a pensar, de buenas a primeras, que en cualquier otra parte pudieras estar mucho mejor, aun cuando sabes la gran cantidad de riesgos que te expones a correr, si te marchas solo, pero mucho peor si obligas a compartir el sacrificio con esposa e hijos.

Las primeras preocupaciones son las determinar con qué se cuenta, los pocos ahorros que quedan debajo el colchón después de tener que utilizarlos para poder sobrevivir y atender las necesidades elementales de comida, medicina, ya los muchachos no volvieron al colegio y ya son pocas las cosas de valor que podemos vender para poder emprender la aventura, cuales son las posibles alternativas que se presentan para que sea menos traumática para todos, luego de haber vendido el carro, la moto, los anillitos de oro; loe electrodomésticos y los muebles son intocables porque en la casa se quedaran mis padres con los niños más pequeños.

Un tercer aspecto tiene que ver con mis oportunidades de trabajo, ya que los salarios que estaba ganando como docente en la escuela o en el liceo; como oficinista en el ministerio o en algunos de los despachos de la administración pública; qué oportunidades voy a tener cuando llegue; cuento con algunos contactos para encontrar trabajo cuando llegue o  voy a aventurar y de nuevo volvemos a la reflexión del comienzo; cuando alguien decide tomar esta decisión, es porque el grado de desesperación, de angustia que se profundiza en la medida en que la situación se agrava y ya no se puede cumplir con las mínimas obligaciones del hogar; cuando sales uno y otro día a buscar un trabajo mejor remunerado y regresas a la casa con las manos vacías y totalmente frustrado.  

Tomada la decisión no hay vuelta atrás

La gran mayoría de cerca de los 6,5 millones de migrantes que hoy  están en otros países, han pensado como lugares de destinos países en este mismo continentes, siendo Colombia el destino más cercano y así lo evidencia los números 1,8 millones de venezolanos hoy viven y trabajan en el vecino país; en Perú hasta enero 362.817 en situación regular y 923.647 en situación irregular; en Chile hay 448,000 venezolanos y para finales de este año se espera que el número suba a 561.876 personas; en Ecuador, 508.935 venezolanos y en Argentina, 174.333 connacionales.

De acuerdo con las últimas cifras, mientras que en España el número de venezolanos se ubica 415.000; en los Estados Unidos los venezolanos censados están en el orden  de los 423.000 y la estimación total supera las 549.236 personas.

Los mecanismos de los que se han valido para llegar a sus destinos, pasan desde las trochas, desiertos, ríos, carreteras, hasta los tradicionales autobuses y aviones, siendo elevado el saldo victimas que se han quedado en el camino y nunca llegaron a su destino.

Pero no todo está resuelto

Superados los escollos y obstáculos en el camino, es cuando comienza la otra parte de la aventura que comienza por el lugar donde habitar, algunas personas pueden alquilar una habitación, pero tendrá que pagar la renta por adelantado si vencido el período de la estadía y no ha encontrado trabajo, los días subsiguientes tendrá que pernoctar en el banco alguna plaza, lo que un hombre solo puede tolerar, no así acompañado de esposa o hijos.

Además, los habitantes del lugar lo ven como enemigos, como la persona que va a quitarle el trabajo a los nativos y las manifestaciones de xenofobia se observan en forma recurrente, incluso en forma desconsiderada en la mayoría de los casos, no quedando más remedio que aguantar las humillaciones, aun cuando  también se producen acciones de respaldo y respeto a los derechos humanos de los venezolanos.

No hay que olvidar la condición de vulnerabilidad en la que se encuentra el migrante venezolano, variable que se magnifica cuando eres del sexo femenino, tienes hijos pequeños o eres muy joven, siendo numerosos los casos que se conocen de mujeres que se han visto obligadas a prostituirse para poder alimentar a sus niños, para pagar la mensualidad de la vivienda, para adquirir comida o para obtener algunos recursos para enviar a los abuelos que se quedaron en casa cuidando a los más pequeños. Ciertamente, no es nada fácil.

Desamparados jurídicamente

Lo peor de esta odisea que representa la migración a otros país, lejos de nuestros afectos, de los familiares, amigos, es estar desamparados jurídicamente, porque en Venezuela tenemos dos gobiernos, dos Tribunales Supremos de Justicia, pero en la gran mayoría de los países, la representación de la Cancillería del régimen brilla por su ausencia debido a la falta de legitimidad, mientras que el gobierno interino carece de recursos como para poder atender las múltiples necesidades de los migrantes, con la única excepción de la representación diplomática del gobierno interino en los Estados Unidos, que es la única que se ve y se oye que está trabajando para ayudar y apoyar a los migrantes venezolanos.

De tal manera que aquel migrante venezolano que se le venció su pasaporte y está viviendo en alguno de los países de Sudamérica, se siente atado de pies y manos, ya que no encuentra quien le resuelva este problema, fácil de solucionar si existiera una embajada o un consulado, pero ambos brillan por su ausencia.

Lo que en estos momentos resulta más inquietante, es que la situación económica del país sigue siendo crítica; las posibilidades de obtener un empleo estable y bien remunerado, siguen estando lejanas, el deterioro de los servicios como agua, electricidad. educación, salud y transporte se siguen deteriorando y esto conduce a que la diáspora siga creciendo, al extremo que en estos momentos estarían saliendo del país 1.400 personas cada día, lo que debe ser motivo de una seria reflexión.

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