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Trapitos: Mientras no haya poder de compra no será posible aumentar el consumo

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“El Bautista”

El  mayor impacto que ha tenido la profunda crisis económica que se ha registrado en Venezuela en los últimos años, y que ha sido la principal causa del éxodo de más de 6,5 millones de personas, además del total deterioro de la calidad de vida de la mayoría de las familias venezolanas, que inesperadamente amanecieron un día cualquiera formando parte del 97% de la pobreza de ingresos que existe en el país y otros del 76% de la pobreza extrema, ha sido es el consumo de alimentos, bienes y servicios, lo cual es inocultable y está a la vista de todo el mundo.

Todas las encuestas serias que se han realizado en el país en la última década, exponen con la mayor crudeza, como las familias venezolanas se han visto obligadas, no sólo a modificar  sus costumbres tradicionales, como salir dos o tres veces al mes a comer a un restaurante con la familia; irse de fin de semana a la playa por lo menos una vez cada dos o tres meses; cuantos dejaron de viajar al exterior a pasar las vacaciones, ni que decir de cambiar de vehículo cada cinco o seis años; salir de rumba con los amigos los fines de semana; ir al cine con la familia o al parque de diversiones,  invitar a los familiares o amistades a una “parrillita” con motivo del cumpleaños de alguno de los miembros del grupo familiar, por el aniversario de casados o el nacimiento de un nieto, lo cual ha pasado a la historia desde hace bastante tiempo.

Asimismo, cuantos no recuerdan cuando se iba al supermercado a comprar los alimentos, cuando a pesar de los bajos salarios que existían, se llenaba fácilmente uno de los carritos con las cosas más

necesarias, tanto en víveres, carne, charcutería, productos de aseo personal y artículos de limpieza para el hogar. También en esta área se ha sentido el impacto de la crisis que ha afectado a la mayoría de los venezolanos, con la excepción de los funcionarios del alto gobierno revolucionario, los amigos del proceso y los denominados “enchufados”, todos los demás,  de una u otra manera, hemos pasado y seguimos pasando roncha. 

Esto es muy fácil de comprobar, solamente hace falta un autoexamen personal, porque  hoy acudir al odontólogo, como se hacía antes una o dos veces al año; igual con el cardiólogo; el oftalmólogo: realizarse los exámenes de laboratorio, disponer de un seguro de HCM, o para el vehículo y asistir a un gimnasioó, para la mayoría de los venezolanos son recuerdos del pasado.  

Por supuesto que para poder subsistir ante la pérdida de poder adquisitivo del venezolano promedio, como consecuencia básicamente de la hiperinflación, ha llevado a la gente reinventarse, buscando alternativas para obtener ingresos adicionales y modificando sus hábitos de compra y consumo para poder sortear la crisis, así vimos como surgieron los llamados “bachaqueros”, los “pimpineros”, el aumento del contrabando y como se ha disparado la economía informal, hoy convertida en uno de los principales obstáculos para el comercio organizado, imposibilitado de competir con quienes no pagan impuestos, servicios, empleados e ingresan los productos y mercancías al país a través de los “caminos verdes” pagando peajes en los puestos de control que tienen los distintos cuerpos de seguridad en todas las vías del país.

Queda perfectamente claro que el factor económico es determinante en el consumo, consumimos lo que podemos comprar, pero variables como la inflación y la escasez impactan en los hábitos de

consumo  y condicionan la determinación de las familias para sustituir o eliminar ciertos alimentos que antes consumían regularmente. Está a la vita como en los últimos años, las familias venezolanas han debido cambiar y adaptarse a un poder adquisitivo cada vez más limitado, que restringe su capacidad de compra de alimentos  básicos para el hogar, pero también otros bienes indispensable, debido a los elevados precios.  

Las cifras son dramáticas

De acuerdo con una encuesta realizada en Venezuela por el Programa Mundial de Alimentos, una de cada tres personas tiene dificultades para llevar comida a la mesa y consumir los mínimos nutricionales necesarios.

La encuesta, revela que un gran número de venezolanos solo comen diariamente cereales, raíces o tubérculos y que la hiperinflación ha hecho que sus salarios no lleguen para comprar los bienes más básicos.

Asimismo advierte que un total de 9,3 millones de personas, aproximadamente un tercio de la población, sufren lo que técnicamente se denomina como “inseguridad alimentaria” moderada o grave

El consumo de proteínas, a pesar de ser las más baratas de Latinoamérica, han caído de acuerdo con las cifras de Fedenaga, de 24 kgs/per cápita/ año  8 kgs/per cápita/año, debido a que no las pueden adquirir por los altos precios, en estos momentos en el país un kilo de carne cuesta entre 7$ y 10$  dependiendo del corte.

Los  sectores más vulnerables como los pensionados y jubilados, las personas de la tercera edad, la niñez, los desempleados, sobre todo en las regiones, son los que sufre con mayor rigor por esta situación, la pensión  que representaba para el momento de su aprobación, 27 dólares ha perdido el 50% de su valor y hoy representa un poco menos de 15 dólares, de tal manera que  hay una gran mayoría que hoy puede comer una sola vez al día, la desnutrición infantil crece al igual que en el sector de las personas de la tercera edad.

Por otra parte, la política social que implementó el régimen revolucionario a partir del 2004, basada en la prestación de servicios a las poblaciones que presentaban déficit de atención social en áreas de salud, educación, alimentación e infraestructura, pero las Misiones Sociales comenzaron a hacer aguas a partir del 2015, reduciendo la cobertura, a lo cual contribuyeron los problemas económicos como desabastecimiento e hiperinflación, que junto a la pérdida de capacidad operativa del Estado, llevaron a la virtual desaparición de esas Misiones, dando a paso a la política de las Bolsas Clap, cada día más costosas y con productos de dudosa calidad Los sectores de la producción denuncian que el principal obstáculo para su crecimiento es la caída de la demanda, debido a la erosión en el poder adquisitivo del salario, para que aumente el consumo se requiere que el consumidor tenga poder de compra y esto se logra pagando salarios justos, de manera que estamos en presencia de un círculo vicioso: mientras no haya poder de compra no aumentara el consumo, tan simple como eso.

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