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Trapitos: Rescatar una educación de calidad implica darle la atención prioritaria

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“El Bautista”

Los llamados de alerta que realizaron en los meses previos al inicio de clases, el pasado 3 de octubre, los distintos gremios de la educación, advirtiendo que la mayoría de las  escuelas, liceos y universidades en todo el territorio nacional, estaban en condiciones deplorables y por lo tanto no estaban dadas las condiciones para un retorno a clases en condiciones normales, no fueron atendidas por el alto gobierno que anunció, con bombos y platillos que unos 8,2 millones de estudiantes se estaban incorporando a las aulas de clases, cuando la realidad expuesta por los propios docentes, revela que apenas un 30% había acudido a los centros educacionales, apenas unos 2, 4 millones de alumnos concurrieron al llamado.

Los colegios de profesores, la Federación Venezolana de Maestros, los gremios sindicales del sector magisterial, denunciaban e incluso se lanzaron a la calle con la finalidad de visibilizar esta realidad que pretenden ocultar desde las altas esferas del ministerio de Educación y del ministerio de Educación Superior, cuyos voceros en todo momento intentaron desvirtuar y desacreditar las denuncias sobre el estado de deterioro de las instituciones educativas, a lo largo y ancho de todo el país, mientras que organizaciones serias como FundaRedes insistían en señalar que más del 70% de las instituciones educativas entre inicial, primaria, media general y universitaria, no cuentan con espacios y ambientes acordes para llevar a cabo el proceso escolar con total normalidad y en la modalidad presencial.

Asimismo, la ONG calificó el inicio del nuevo año escolar como

una medida irresponsable por parte del Estado venezolano, puesto que el sector educativo está en medio de un ambiente de inestabilidad, precariedades y deficiencias, por lo que se evidencia que el inicio del periodo escolar 2022-2023 bajo la modalidad presencial, empeorará la grave crisis educativa actual.

Incluso se pudo observar, a la hora de formular estas advertencias, que en algunas oportunidades, los docentes ante el riesgo que las edificaciones educativas carezcan de agua, de electricidad, de baños en condiciones para su utilización, de pupitres suficientes, pusieron a un lado su problemática personal de condiciones laborales como bajos salarios, reivindicaciones, atención de salud, por cuanto la prioridad era lograr que el gobierno estuviese en condiciones de darles una solvencia de que sus vidas y las de los estudiantes, no correrían peligro, pero no escucharon a nadie y en estos momentos, la realidad de está imponiendo.

Los números no mienten

Es un secreto a voces que entre las prioridades que tiene la actual administración, no se encuentra la educación en ninguno de sus niveles, sector que se ha venido deteriorando progresivamente, como lo reflejan estudios adelantados por organizaciones muy seria del país como la UCAB, que advierte que según un muestreo nacional en el que participó la UCAB, 25% de los maestros y 15% de los estudiantes de los niveles básico y medio abandonaron las aulas en los últimos tres años. Además, 85% de los planteles no cuenta con internet, 69% tiene carencias agudas en el servicio eléctrico y 45% no cuenta con agua.

Otras cifras no menos realistas de la entidad universitaria, revelan que para el 2021 la población estudiantil de primaria y bachillerato es de 6,5 millonesversus los 7,71 millones que estaban inscritos en el sistema en el año 2018, lo que refleja una reducción de 15,6%, es decir que 1,21 millones de niños y adolescentes abandonaron las aulas (unos 400 mil por año). Asimismo, la situación con los docentes no es menos grave, para el año evaluado la plantilla total era de 502.700 maestros, 166.000 (-25%) que los 699.000 que laboraban en escuelas y liceos en el 2018, cifra que se ha reducido significativamente con motivo de la diáspora, ya que alrededor de un 40% de los que desertaron se fueron del país, el resto permanece en Venezuela, pero dedicado básicamente al trabajo informal.

Como para certificar lo denunciado por los gremios y por los propios docentes, en cuanto a la infraestructura escolar se advierte que  tres de cada 10 colegios (31,4%) tienen al menos cuatro carencias esenciales. Las más comunes (de carácter agudo) son los servicios de salud (93,7%), internet (85,7%), salas de teatro o música (84,9%), laboratorios (79,6%), electricidad (69,9%), agua (56,6%), canchas (46,8%) y salones (17,6%), carencias que se profundizan en la medida en que las escuelas y liceos, están más alejadas de las grandes capitales, como Valencia, Barquisimeto, Maracaibo, San Felipe, Acarigua, Maracay, Los Teques. “Hay escuelas rurales que no tienen ni agua ni electricidad, pero siguen realizando actividades con los muchachos. Pero hay otras escuelas que están paralizadas porque comentan que es imposible mantener a los niños dentro del plantel sin esos servicios”.

El problema se agudiza

Mientras tanto, el Ejecutivo Nacional no ha hecho ningún pronunciamiento que permita avizorar, que en un mediano plazo pudiera haber una revisión salarial para el personal del sector educacional, aun cuando existen indicadores que evidencian que los ingresos de la Tesorería  se han incrementado, tanto por el aumento de los precios del petróleo en los mercados internacionales, así como también por un ajuste en la recaudación, de tal manera que aun cuando existen los recursos, no está planteado que sus beneficios lleguen aguas abajo.

De allí que los gremios docentes estén anunciando que permanecerán en las calles, no solamente para lograr que se elimine el Instructivo de la ONAPRE, sino también para que se atienda con prioridad el problema de la infraestructura de las sedes de colegios, escuelas y liceos y lo más prioritario, que se sinceren los salarios de los docentes, ya que es la única manera de que los docentes se sientan estimulados a retornar a las aulas de clases; así que no es vendiéndoles zapatos baratos a los maestros y profesores, como se puede estimular una educación de calidad, sino dándole el tratamiento que realmente le corresponde, como factor vital para el desarrollo de las naciones.

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