Trapitos: Se impusieron los “egos e intereses personales”

El Bautista

Por todos los canales y medios de comunicación, a través de los voceros y dirigentes políticos más avezados y de trayectoria, se les hizo saber a las organizaciones de la oposición que habían decidido participar en las elecciones del 21 de noviembre, que era un  “suicidio” ir a esta contienda, donde de paso no existían las mejores condiciones, si no se concretaban formulas unitarias, con candidatos escogidos por  “primarias” o por un consenso entre todas las fuerzas participantes en la escogencia.

El planteamiento se comenzó a hacer a manera de “ritornelo” desde el mismo momento en que se fijó la fecha para el proceso, lo que indica que había un período por lo menos de seis meses para revisar las distintas posiciones,  evaluar el trabajo social que los candidatos -cuyos nombres se comenzaban a barajar y estaban sobre la mesa- habían realizado en las comunidades; revisar las credenciales de formación profesional, académicas, trayectoria política, con la finalidad de tener la oportunidad de escoger a los mejores candidatos, presentar caras nuevas, distintas, dándole paso a liderazgos remozados; sin embargo, estas recomendaciones y sugerencias no fueron escuchadas, se mal interpretaron, mientras el tiempo avanzaba de manera inexorable.

Con la designación de un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE) cuya integración no estaba totalmente mediatizada en favor del proceso revolucionario, como había ocurrido en años anteriores, se había logrado despertar el interés de varios sectores de la sociedad civil venezolana, que consideraban que era necesario hacer un esfuerzo para rescatar el valor del voto como instrumento para dirimir nuestras diferencias, de esta manera se llegó a lograr que hubiese una intención del voto muy tímida de un 30% y que al final llegó a estar por encima del 46%, que era una participación interesante, porque el proceso que se avecinaba era de elecciones regionales y municipales, que nunca resultaron  tan atractivas como las elecciones presidenciales, pero se comenzaba a registrar en  algunos sectores el deseo de participar.

A esta nueva realidad se sumó la participación formal de la Veeduría Internacional, figura que había desaparecido de los esquemas de elecciones en Venezuela, y este fue un ingrediente adicional que animó a algunos sectores a participar, aun cuando manteniendo el temor sobre los manejos y las manipulaciones que siempre ha hecho el oficialismo en las elecciones de los últimos 20 años, y que no les dejarían de hacer por la presencia de los observadores internacionales, a quien Jorge Rodríguez calificó como “Convidados de palo”, cuyas opiniones tenían sin cuidado al régimen y a sus candidatos; mientras que Diosdado Cabello, el segundo hombre fuerte del régimen, también arremetió contra hechos restándole importancia a su presencia.

Mientras tanto, continuaban las discusiones y debates entre los candidatos a las gobernaciones, alcaldías, diputados regionales y concejales, manifestando todos sus intenciones de llegar a acuerdos, a entendimientos, pero alrededor de cada uno de ellos, nadie manifestaba la menor intención de ceder en sus aspiraciones. Hubo algunos casos emblemáticos en las gobernaciones de Lara y Miranda, en el primero había varios aspirantes de oposición y no pudieron  ponerse de acuerdo para escoger un candidato único. En  algún momento, dos meses antes de las elecciones, hubo conversaciones entre representantes de Henri Falcón y de Sobella Mejías, para la gobernación y la alcaldía de Iribarren, pero eso al final no se concretó, lo que obligó a realizar las consultas en los altos niveles partidistas del G4 y allí se dispuso a dedo que el candidato sería Luis Florido, dejando a un lado a Sobella Mejías (AD) y a Alfonso Marquina (PJ). Ya esta selección irregular le puso “plomo en el ala” al candidato; Henri Falcón Fuentes, de Avanzada Progresista (AP) con el respaldo de la Alianza Popular donde participaban los “alacranes” era el otro candidato y el tercero era Adolfo Pereira con el respaldo del PSUV.

Los malos consejeros

La candidatura de Henri Falcón se veía sobredimensionada, incluso hasta los propios voceros del PSUV daban como un hecho que este era el candidato a vencer, todas las encuestas nacionales y regionales le daban un intención del voto por encima entre  52% y 56% y el candidato de Nirgua, a pesar de tener tanto kilometraje recorrido en el mundo de la política, donde se ha llevado más de un batacazo, que le deberían  servir de experiencias, tuvo a su alrededor unos “consejeros” que comenzaron  a decirle que “estaba sobrado”, “ya no tienes que viajar para Río Claro”, “los votos de Biscucuy no te hacen falta”, “no tienen que ir a jalarle a Javier Oropeza en Carora” y, lamentablemente el candidato “comió casquillo” y el 21 de noviembre después del mediodía, cuando comenzó a ver que no le daban los números, comenzaron las carreras en la “Operación Remate”.

Después de las 2 PM, cuando un grupo importante se “activó” y comenzó a llamar a la gente para que fuera a votar, incluyendo al propio candidato, comentan que en el Comando Principal de campaña y también en la sede de los Independientes con Falcón, al parecer estaban en un “compartir”, tomándose una whiskies “encapillados”, y comiendo algunas de las exquisiteces que les habían enviado mientras estaban realizando los contactos, de esto hay testigos que no podían  creer lo que estaban observando, mientras que el barco se hundía.Los resultados hablaron por sí solos: en Iribarren, Henri Falcón arrasó, y la prueba más evidente son los puestos que hoy ocupan algunos de los consejeros; sin embargo, ante la ausencia de un candidato único, le hicieron falta los votos de Río Claro, de Biscucuy, de Carora y de otros municipios foráneos. Lamentablemente, después de ojo afuera, no vale Santa