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Ya no hay más “noches tan lindas como ésta”

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“El otrora “magno evento de la belleza nacional” quedó como está todo en el país: devaluado, destrozado, destruido”. 

Carolina Jaimes Branger

Confieso que tenía años sin ver el concurso de Miss Venezuela, pero la noche del jueves pasado me dispuse a verlo, porque la hija de mi amigo y compañero Eduardo Rodríguez Giolitti era una de las candidatas.

Siempre he visto muy poca televisión. De pequeña pasaba la mayor parte de mi tiempo libre jugando en el jardín. Y ya de adolescente, prefería leer, aunque había algunas series que me gustaban. Pero por alguna razón, el Miss Venezuela siempre lo veía. Y por supuesto, el lunes siguiente era obligatorio ver el Miss Chocozuela en Radio Rochela. ¿Me creerán si les digo que este certamen de 2021 fue peor que la parodia de RCTV? Y me quedé pensando que algo que los venezolanos sentimos tan cerca, y que nos gusta cuando fuera de Venezuela al decir de dónde venimos nos responden “el país de las mujeres bellas”, se ha devaluado como el país. La Venezuela de hoy es otra y el Miss Venezuela no se escapa a ello.

Desde el mismo momento en que me senté frente a la pantalla del televisor, mi asombro, mi perplejidad y mi desconcierto fueron en aumento. Primero, la escenografía, que parecía salida de la televisión local de un pueblo perdido en un país pobre de América Latina en los años sesenta. Y puedo entender que haya recortes importantes de presupuesto en el otrora millonario concurso. Pero esto no era falta de presupuesto, era falta de buen gusto. Mejor dicho, era de un mal gusto exacerbado: luces fluorescentes rosadas, columnas que parecían unos huesos de brontosaurios -que en ocasiones también se ponían rosadas- barandas de acero inoxidable, paneles con espejos, guirnaldas plateadas con flecos… una combinación mortal. Tal vez un espejo de cómo están nuestras ciudades y pueblos.

Decidí irme al Twitter para leer los comentarios. La mayoría coincidían conmigo. Sobre la escenografía comentó @LibertadGattaca, “pareciera que la utilería la recogieron de lo que dejó regado el Circo de la Chilindrina en su última visita a Venezuela”.

Luego, los presentadores. Henrys Silva, como bien apuntó el tuitero @OctavioBentez, tenía un saco que parecía que le hubiera caído un cucarachero encima. Su maquillaje y su copete eran de terror. Lo peor, quizás, fue la comparación que hice con el animador que vive en mi mente, Gilberto Correa, porque eso lo hacía ver aún peor. Y encima de eso, cursi hasta más no poder. Cuando despidió a la Miss Venezuela saliente, dijo algo así como que “se iba a llevar el pañuelo con las lágrimas de la Miss Venezuela que va para Miss Universo”. Ni Raúl Velasco en sus peores momentos, que era un paradigma del melindre, dijo algo así.

Isabella Rodríguez estuvo estupenda. Se ve que ha puesto empeño en aprender. Todavía le falta, pero va por buen camino. Mariem Velasco estaba regia, bella, elegante. Pero tiene que aprender a leer. Cuando vino el “carrusel de la moda” trastabilló cada tres palabras. ¡Qué nervios! Y la otra presentadora, Nieves Soteldo, tampoco lee bien. Por cierto, esta joven tan bella, depreció su encanto con esa melena de virgen de pueblo llena de “gatos muertos” (esa noche me enteré que así les dicen a las extensiones de cabello). El mejor, por mucho, fue Luis Olavarrieta. La experiencia sí hace la diferencia…

Encima, la mayoría de los trajes eran horrendos y estaban mal hechos. Como comentó @antoniovascoc, “¡El “carrusel de la moda” se salió de su eje a toda velocidad!”. Atrás quedaron los gloriosos años de Guy Meliet, Piera Ferrari, Carolina Herrera, Ángel Sánchez, Giovanni Scutaro, Durant y Diego, Mayela Camacho, Nicolás Felizola, Hajsky Bueno, Leonardo de Armas… El país rico es ahora un país pobre y niche. Las descripciones empeoraban el panorama. Ahí salió al paso @FrancoisWeffer, quien escribió: “¿Por qué en un evento cómo el Miss Venezuela, por nombrar alguno, se empeñan en calificar los trajes de gala cómo de “Alta Costura”? ¿Será que no leen? En Venezuela no, no, no existe la Alta Costura y en Latinoamérica tampoco. ¡No sé cuánta veces lo hemos explicado! ¡¡¡Uno de cansa!!!”. Y para colmo, introducían palabras en inglés, de paso algunas mal pronunciadas.

El único traje de noche que me pareció realmente lindo fue el que lució Miss Portuguesa, pero los tacones (que eran los mismos del desfile de traje de baño) estropearon el desfile. Lo cierto es que se notaba la dificultad con la que caminaban. Hace falta Lucchi.

Y hace falta Osmel Sousa, aunque sea chavista, porque él llevó la razón de ser del concurso a alturas de calidad mundial, para ahora caer estrepitosa y paradójicamente a niveles de mal gusto chavista. Y hace falta Joaquín Riviera. Y hace falta Mary Cortez. Y por supuesto, hacen falta Carmen Victoria Pérez, Gilberto Correa y Mayte Delgado. Y también George Wittels… las coronas de este concurso eran igualitas a las que nos compraban en “La Piñata” en Sabana Grande para disfrazarnos de reinas…

La guinda de la torta fue que fallaron las conexiones en vivo con los familiares de las finalistas. Pero… ¿a quién se le ocurre contar con el Internet en Venezuela?

En fin, el otrora “magno evento de la belleza nacional” quedó como está todo en el país: devaluado, destrozado, destruido. En un país tan lindo como fue éste, ya no hay más “noches tan lindas como ésta”…

 @cjaimesb

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