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Colombia: época de cambio o cambio de época

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“Álvaro Uribe y el uribismo han dominado la política colombiana durante lo que va de siglo XXI. Un caudillo sin duda, que al igual que Hugo Chávez y el chavismo en Venezuela, llenaron la vida pública de sus respectivas naciones. En ese aspecto, los resultados electorales de la primera vuelta presidencial en el vecino país ya marcan un importante cambio en la influencia del líder antioqueño, que hasta ahora tenía el poder para llevar al palacio de Nariño al que señalara su dedo de gran elector. Ni Gustavo Petro, ni Rodolfo Hernández, los dos líderes que calificaron para el balotaje, son de su órbita política. De hecho, el primero es una suerte de némesis de Uribe. En lo que respecta a Hernández, es una auténtica sorpresa electoral, desplazó a Federico Gutiérrez, representante de los sectores alineados con el uribismo y favorito para pasar a la segunda vuelta electoral”.

Pedro Elías Hernández

@pedroeliashb

Colombia se encamina hacia una época de cambio o hacia un cambio de época. La diferencia entre una y otra cosa no es mero juego de palabras o simple retórica. De acuerdo a lo que se produzca en la segunda vuelta electoral de este próximo 19 de junio, el país se orientará en uno de estos dos sentidos.

Álvaro Uribe y el uribismo han dominado la política colombiana durante lo que va de siglo XXI. Un caudillo sin duda, que al igual que Hugo Chávez y el chavismo en Venezuela, llenaron la vida pública de sus respectivas naciones. En ese aspecto, los resultados electorales de la primera vuelta presidencial en el vecino país ya marcan un importante cambio en la influencia del líder antioqueño, que hasta ahora tenía el poder para llevar al palacio de Nariño al que señalara su dedo de gran elector. Ni Gustavo Petro, ni Rodolfo Hernández, los dos líderes que calificaron para el balotaje, son de su órbita política. De hecho, el primero es una suerte de némesis de Uribe. En lo que respecta a Hernández, es una auténtica sorpresa electoral, desplazó a Federico Gutiérrez, representante de los sectores alineados con el uribismo y favorito para pasar a la segunda vuelta electoral.

Petro, un exlíder guerrillero colombiano y cabeza del bloque de izquierda “Pacto Histórico”, era el favorito para imponerse, incluso en la primera vuelta. Sin embargo, no fue así. No solo no le alcanzaron los votos, a pesar de superar ampliamente a sus oponentes, sino que tendrá que medirse con un rival que también encarna un mensaje disruptivo del sistema político, pero no hacia la izquierda, ya que Hernández, más conservador en su mensaje, ha sido comparado con el fenómeno de Donald Trump.

El bloque político petrista fue muy eficientes en construir durante años una narrativa política que satanizaba a Álvaro Uribe. Lograron que el uribismo fuera identificado como el responsable de las miserias colombianas y de allí una fuerte corriente popular antiuribista tomó cuerpo. Desde luego, el muy incompetente gobierno del actual presidente Iván Duque, los efectos económicos devastadores de su pésimo manejo de la pandemia y del proceso de pacificación en Colombia, ha desdibujado en la menoría de los ciudadanos el pasado exitoso del período uribista. Sin duda, el líder paisa encontró a principios de siglo un país poco viable, un Estado casi fallido, atenazado por la guerrilla izquierdista, el narcotráfico y el paramilitarismo. Con gran esfuerzo y no poca oposición, derrotó política y militarmente a los sectores que empuñaban las armas y gestionó una importante prosperidad económica en su país.

Ahora Petro, quien construyó un mensaje de mucha hostilidad, confrontación y pugnacidad en contra del uribismo, está recibiendo por rebote una poderosa reacción de voto en contra y de antipetrismo, que posiblemente impida su ascenso a la presidencia. Tal vez la mayor parte de los 12 millones de ciudadanos que no votaron por él en la primera vuelta, decidan sumarse a la opción de su oponente en la segunda.

Rodolfo Hernández representa, en atención a su mensaje disruptivo de anticorrupción y de antipolítica, una época de cambio en Colombia. Posiblemente, de ganar la presidencia, inicie un proceso de transición hacia esos cambios que demandan los colombianos. Seguridad, recuperación económica con inclusión, pulcritud en la gestión pública, imperio de la Ley y orden. Pero Petro encarna más bien un cambio de época. Su narrativa anticapitalista, de hostilidad hacia el sector empresarial, que braza la confrontación identitaria, de ideología de género y raza- propias del mejor marxismo cultural- alientan serios temores respecto a la orientación de las trasformaciones que tiene en mente para su país y que seguramente impulsará desde el gobierno. Tiene entre sus convicciones una idea refundacional para Colombia y todo lo que tal cosa entraña. Por eso, el cambio que propone significará muy posiblemente que el poder en el vecino país cambie de manos de forma más radical.

Frente a estos dos escenarios posibles y probables se asomarán los colombianos a partir de lo que revelen los resultados electorales del próximo 19 de junio. El dilema: Una transformación política que avance firmemente, pero sin mucho sobresalto, u otra con mayor turbulencia. Una época de cambio o un cambio de época.

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