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El camino correcto

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Pedro Elías Hernández

@pedroeliashb

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“Los que aspiramos levantarnos sobre la intolerancia y la separación política, que proponemos echar las bases para un entendimiento nacional de largo plazo, tenemos en el horizonte un camino muy duro que recorrer, pero ese es el camino correcto. Se impone una agenda que ponga su acento en una dinámica dialógica que explore, de manera transparente y de cara al país, espacios para la conformación de sólidos consensos sobre materias en la esfera de la economía y la estructura del Estado. Basta de manejos privados por parte de muestras figuras públicas. Sólo así avanzarán las reformas que nos encaminen hacia el clima estabilidad que  da sustento al progreso sostenido y al bienestar material de los venezolanos”. 

Desde hace más de 20 años la polarización y la separación entre los venezolanos ha gravitado con fuerza sobre el sentir popular. Las soluciones económicas que demanda la Nación de forma perentoria (tal y como señalan todas las encuestas) no podrán avanzar con la velocidad y en la dirección que se requieren en el marco de la incertidumbre.

Si no lo evitamos, el país se encamina hacia un callejón sin salida. El enrarecido clima político que respiramos puede conducir a que millones de ciudadanos, que desean con mucha razón que ocurra un significativo cambio en el rumbo de los asuntos públicos, se puedan ver atraídos por mensajes cargados de antipolítica.

Importantes sectores en el gobierno y otros muy influyentes dentro de la oposición son rehenes de sus fantasmas. Intereses poderosos desearían un desenlace truculento. La polarización política, de forma temeraria, continúa siendo alimentada desde el poder oficial, oficioso y fáctico. Muchas veces se le niega la audiencia y se condena cualquier mensaje que apunte a la búsqueda del entendimiento y fomente la reconciliación. Cautivos todavía del odio engendrado durante años de diatriba política, persisten en la confrontación.

Las políticas públicas que deben ponerse en marcha para relanzar a nuestra economía continuarán dilatándose si de manera urgente no se establecen sólidos consensos sobre las principales materias de interés nacional. Existe cierta sicopatología en todas estas cosas. Hay gente neurótica y esquizofrénica a la vez. Construye castillos en el aire y además habita en ellos. 

En las encrucijadas que nos pone la vida, casi siempre sabemos cuál es el camino correcto. Sin embargo, con frecuencia no lo seguimos porque el camino correcto suele ser demasiado duro. Las fuerzas democráticas, que luchan desde hace tiempo contra el proyecto autoritario, deben desechar los espejismos que en el pasado encandilaron a su dirigencia seducidos por el aplauso fácil. 

Resulta necesario impedir que se desaten las fuerzas que puedan conducir a la aparición de nuevos profetas del desastre, que como suele suceder, son un desastre como profetas. Una aplomada e inteligente conducción política alternativa puede conjurar este peligro sin temerle a la extorsión que ejercen esas agresivas corrientes que colman las redes sociales: 

Los que aspiramos levantarnos sobre la intolerancia y la separación política, que proponemos echar las bases para un entendimiento nacional de largo plazo, tenemos en el horizonte un camino muy duro que recorrer, pero ese es el camino correcto. Se impone una agenda que ponga su acento en una dinámica dialógica que explore, de manera transparente y de cara al país, espacios para la conformación de sólidos consensos sobre materias en la esfera de la economía y la estructura del Estado. Basta de manejos privados por parte de muestras figuras públicas. Sólo así avanzarán las reformas que nos encaminen hacia el clima de estabilidad que le dé sustento al progreso sostenido y al bienestar material de los venezolanos. 

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