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El delito no se celebra, nada que celebrar                             

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¡Los militares siempre han fracasado en el gobierno! ¡No existe una excepción! Una verdadera lástima que la mediocridad partidista que se ha criticado tanto haya llegado a lo más profundo del barranco con una clase política mucho peor que adecos, copeyanos y masistas de otros tiempos. Más serviles y menos independientes, más lacayos y lambucios, además de tristes servidores del militarismo más arbitrario y abusivo que se haya vivido en Venezuela.

Jesús Peñalver

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@jpenalver

No puede olvidarse que los mismos que irrumpieron en contra del gobierno democrático de 1992,  dizque para superar la corrupción, la falla en los servicios públicos, y con una carga de nacionalismo-bolivariano a rabiar, hoy –todavía- y luego de una macabra pesadilla de 23 años, 9 meses y 20 días, no hallan qué hacer para justificar tanta ineficiencia, incapacidad e incompetencia para resolver la grave crisis por ellos generada;  por el contrario, se han visto incrementados por la incapacidad e improvisación oficiales, al punto de que siguen haciendo honor a lo que el difunto dijo: “no tengan miedo a equivocarse, estamos ensayando”. 

Y ante la posibilidad y la obligación de medirse en elecciones libres, con garantía de observadores internacionales y en paridad de condiciones (entre otras condiciones igual de importantes), surgen los guapetones de barrio, porteros de burdel vociferando en tono desafiante y reticente, que “la oposición no volverá ni por las buenas ni por las malas”.

 Para dicha nuestra, CAP descabezó en 1992 los dos golpes militares o asonadas cobardes, mejor dicho, y aunque algunos filibusteros le soplaban desconocer las instituciones, aceptó ser enjuiciado. Caldera II sobreseyó al golpista y su combo, quien nunca fue a juicio, dizque por no confiar en la justicia. De allí que no fuera sentenciado. 

Nada que celebrar. Doña Blanquita Rodríguez de Pérez y su honorable familia, salvaron sus vidas milagrosamente, pues los golpistas tiraron a matar. 

Nada que celebrar el 4F ni el 27N. Recordar sí las intentonas golpistas de esos funestos días. No olvidar el 4F ni el 27N, siniestras fechas de insurrección militar y cobarde contra un gobierno legítimamente constituido; intentonas golpistas, funestos días teñidos de sangre por manos asesinas.

Tampoco olvidemos a aquella inefable exmagistrada y su peregrina tesis de la “supraconstitucionalidad”, lo que permitió en cierto modo brindar en buena bandeja complaciente una “constituyente”, para que una cuerda de felones se cogiera el poder. ¿O no?

Y aunque el difunto llegó al poder por la vía democrática, gozando de legitimidad de origen, no queda duda que pronto incurrió en ilegitimidad en el ejercicio del mismo, y fue así como Chávez mal gobernó hasta el hartazgo, 14 años de un período de ingrata recordación, hoy continuado por esa cosa en cuyas alas lleva marcada la señal de la trampa y la usurpación.

El país sufrió el hartazgo durante catorce años a merced de aquel ser despreciable; milico golpista que encarnó la suma de todos los defectos morales del venezolano; que atropelló todo el ordenamiento jurídico venezolano y se burló de toda convención del derecho y encarceló arbitrariamente.

Nada que celebrar, siendo que un golpista aposentado en el poder, NO expropió, sino que despojó de su propiedad a un sinnúmero de ciudadanos honestos; insultó y nos escarneció en sus deleznables y obligadas cadenas nacionales de radio y TV.

El megalómano delirante –la redundancia valga-  enajenó nuestra soberanía nacional a los designios de la oprobiosa dictadura cubana, y ante la acción asesina del hampa y del malandraje mostró grosera complacencia.

Nada que celebrar, ¿o acaso merecen ser celebradas aquellas listas infames y excluyentes, cuya siniestra vigencia no pudo ser posible sin la aprobación de Chávez?

Murió Hugo Chávez. Recordémoslo como lo que verdaderamente fue: políticamente, un enemigo de la democracia que consiguió destruirla desde su interior; económicamente, un pésimo administrador con suerte que desperdició una posibilidad inédita de desarrollar a Venezuela; y socialmente, un militarista desquiciado que quiso pergeñar un Estado policíaco en permanente paranoia, y acabó fragmentando a toda una sociedad que ahora, sin el caudillo, armada y fanatizada, espera por tiempos más violentos aún.

Así las cosas, ¿Chávez vive? pues sí, en cada andanza del hampa, cada gota de sangre derramada, cada viudez y orfandad generada, en cada miseria humana.

¡Los militares siempre han fracasado en el gobierno! ¡No existe una excepción! Una verdadera lástima que la mediocridad partidista que se ha criticado tanto, haya llegado a lo más profundo del barranco con una clase política mucho peor que adecos, copeyanos y masistas de otros tiempos. Más serviles y menos independientes, más lacayos y lambucios, además de tristes servidores del militarismo más arbitrario y abusivo que se haya vivido en Venezuela.

Sea la participación el instrumento para reinstaurar el régimen democrático, la inclusión de todos los ciudadanos, la separación de poderes en la estructura del Estado y en fin, los valores y principios propios de la democracia. Procuremos entenderla como la rectitud de conciencia como base del sistema, la honestidad como norma permanente, la pulcritud en las ideas y en las formas de comportamiento.

Quiero volver al país donde se asuma, sin pena ni vergüenza, que ser pobre es malo y sepamos y ojalá nos demos cuenta de lo felices que siempre somos y hemos sido a pesar de las circunstancias.

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