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El Fútbol: un espectáculo dramático

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“Por mi amor al balompié, preferiría mantener este formidable instrumento de pedagogía y de comunicación ecuménica a distancia de los temas contenciosos que separan a las civilizaciones. Aspiro que en el marco de una cultura global los seres humanos conquistemos la misma dignidad y la igualdad moral. Mientras tanto, como dice el filósofo del fútbol Jorge Valdano, entendamos y disfrutemos este deporte que genera pasiones, no como un entretenimiento, sino como un espectáculo dramático”.

Pedro Elías Hernández

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@pedroeliashb

Culmina el mundial de fútbol Qatar 2022. Constituye un auténtico fenómeno ecuménico este evento. El balompié se ha convertido en un evento prácticamente antropológico, que trasciende a la cultura y a la historia. Es intrínseco a lo que representamos como especie. La psicología evolutiva tal vez encontraría en este deporte aspectos relacionados con los procesos de evolución registrados en la fisiología del cerebro humano durante milenios y que explican ciertas conductas.

Resulta maravilloso como una determinada disciplina deportiva, que tiene un origen determinado en la geografía y en el tiempo, pueda ser el juego más practicado y aclamado del planeta. El fútbol moderno, como lo conocemos hoy, hay consenso en localizar sus orígenes en Gran Bretaña a mediados del siglo XIX. Sin embargo, su fascinación lúdica es plenamente universal.

Los hombres y las civilizaciones han protagonizado siempre colosales y sangrientas disputas. Durante la historia sólo el comercio y el futbol han sido espacios que se les ha podido ganar a la guerra. Y ahora la mercadotecnia y el balompié, en virtud del fenómeno de la globalización, han encontrado una yunta memorable y crematísticamente redituable.

Como hecho resaltante y que ya forma parte de cierta constante en la historia de los mundiales de fútbol, una o dos grandes figuras estelares de este deporte coronan su carrera rumbo a la inmortalidad en el marco del torneo. Sobre todo, esto ha sucedido a partir del momento en que los mundiales se han asociado con su principal aliado: la transmisión televisiva satelital. En México 1970 se encumbró el brasileño Pelé como gran exponente planetario de la disciplina, en Alemania 1974 el alemán Frank Beckenbauer y el holandés Johan Cruyff, en Argentina 1978  el argentino Mario Alberto Kempes. En España 1982 Paolo Rossi, en México 1986, el argentino Diego Armando Maradona, en Italia 1990 otra vez Maradona (aunque no resultó campeón), en USA 1994 el brasileño Romario de Souza, en Francia 1998 el francés Zinedine  Zidane, en Corea- Japón 2002  el brasileño Ronaldo Nazário, en 2006 el italiano Fabio Cannavaro y en Sudáfrica 2010 el español Andrés Iniesta. 

A partir de los mundiales realizados en la segunda y tercera década de la presente centuria aparece en el horizonte una rutilante figura que estuvo a punto de coronarse en el mundial de Brasil 2014, que tropezó gravemente en el mundial de Rusia 2018, en donde la figura fue el croata Luka Modric, pero que ahora ha podio esculpir su bronce futbolístico en Qatar 2022. Desde luego hablamos del argentino Lionel Messi. También, en este finalizado mundial, aparece ya designado para recoger la posta de Messi como nuevo astro planetario el francés Kiylian Mbappé.

Mucha controversia política generó el evento futbolístico realizado en este país del Medio Oriente: Los problemas de carencia de democracia formal, la discriminación que existe en ese país musulmán por asuntos de género y las protestas en Irán en reivindicación de la igualdad ante la Ley para las mujeres, las cuales han desembocado en represión, prisión y penas de muerte hacia muchas personas, entre las cuales figura un futbolista profesional iraní de nombre Amir Nasr-Azadani.

Se intentó boicotear este torneo mundial del deporte Rey. Igualmente, se le exigió a la FiFA pronunciarse respecto a temas de orden social y políticos. Sin duda son condenables las prácticas discriminatorias por raza, religión o sexo, igual que por la carencia de libertades públicas y sistemas democráticos formales, tal y como existen en buena parte del mundo occidental. El asunto está en saber si un evento de esta naturaleza debe ser la caja de resonancia de tales contenciosos.  

Por amor al balompié, preferiría mantener este formidable instrumento de pedagogía y de comunicación ecuménica a distancia de los temas que separan a las civilizaciones. Aspiro que en el marco de una cultura global los seres humanos conquistemos la misma dignidad y la igualdad moral. Mientras tanto, como dice el filósofo del fútbol Jorge Valdano, entendamos y disfrutemos este deporte que genera pasiones, no como un entretenimiento, sino como un “espectáculo dramático”.

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