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Interrupción Venezolana

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“La trágica historia de lo que pasó en adelante con nuestra divisa nacional es conocida. La moneda que lleva el nombre del Padre de la Patria ha sido devaluada hasta pulverizarla. Se perpetró un auténtico parricidio monetario. El problema en Venezuela no es que la gente no tenga suficiente dinero, sino que el dinero no tiene suficiente valor”.

Pedro Elías Hernández 

@pedroeliashb

En nuestro país tuvimos una reforma monetaria a partir del año 1939 con la creación del Banco Central de Venezuela. Anteriormente regía desde 1918 una Ley de moneda que había creado el bolívar-oro como divisa oficial de la república. La legislación establecía que un bolívar era el equivalente a 0,29 gramos de oro fino, por lo tanto, los bolívares en circulación tenían obligatorio respaldo y libre convertibilidad en oro amonedado o en lingotes. Es decir, se estableció en nuestra nación un patrón oro clásico, a pesar que desde principios de la Primera Guerra Mundial se había dejado atrás este esquema como el predominante dentro del sistema monetario internacional. 

El oro que respaldaba nuestros bolívares estaba depositado en las bóvedas de los bancos privados existentes para la época, los cuales tuvieron, hasta la creación del BCV, la atribución de emitir dinero primario. Sin embargo, el bolívar-oro, como signo monetario venezolano, se mantuvo hasta 1974.

Como consecuencia de la referida reforma monetaria, se emitió moneda de curso legal y se obligó a los venezolanos a canjear los bolívares en su poder- emitidos hasta entonces por diversos bancos comerciales- por el bolívar del BCV. De esta forma se creó un único ente emisor de dinero primario, pero con unas reglas de emisión muy rígidas y precisas, donde los nuevos bolívares tenían que ser respaldados por oro o divisas en base a un tipo de cambio fijo. Esta rigidez en el proceso de emisión de moneda fue lo que permitió la existencia de inflaciones anuales inferiores al 2% en promedio durante más de 30 años en la nación. 

Tal sistema constituía de hecho lo que se conoce como “una caja de conversión perfecta”. Se emitía dinero solo si había divisas u oro suficientes para respaldarlo. Lamentablemente, con el paso de los años la regla de emisión monetaria se fue relajando, otorgándosele al BCV mayor discrecionalidad. Tal circunstancia quedó consumada en el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez con la estatización del ente emisor, que había sido desde su fundación una institución cuasi privada, con centenares de accionistas particulares. 

Hasta allí llegó la estabilidad y fortaleza del bolívar como moneda. La trágica historia de lo que pasó en adelante con nuestra divisa nacional es conocida. La moneda que lleva el nombre del Padre de la Patria ha sido devaluada hasta pulverizarla. Se perpetró un auténtico parricidio monetario. El problema en Venezuela no es que la gente no tenga suficiente dinero, sino que el dinero no tiene suficiente valor.

El drama venezolano es la interrupción de un proceso sostenido de estabilidad monetaria y crecimiento económico que abarca desde 1922 hasta 1977. Durante ese período se multiplicó casi cinco veces el Producto Interno Bruto por Habitante. Tal afirmación está avalada por cifras que aporta el profesor Asdrúbal Baptista en su “Bases Cuantitativas de la Economía Venezolana 1830-1989”. Para lograr una mejora sustancial de nuestro desempeño económico no habría ni siquiera que avanzar, sino recuperar lo perdido.

¿Qué tuvimos en Venezuela desde 1922 hasta mediados de los 70 del siglo pasado, lapso en el cual crecimos a las tasas a las que crecen hoy las economías asiáticas? Pues bien, durante ese tiempo hubo dos cosas fundamentales: una industria petrolera privada vigorosa y una moneda sólida y estable. Por cierto, utilizando como excusa la amenaza de una posible “enfermedad holandesa”, se cometieron inmensos errores de políticas económicas públicas en materia monetaria. Durante buena parte de ese período de expansión venezolana antes citado nunca hubo tal “enfermedad holandesa”, ya que, aun teniendo una moneda estable y fuerte, no se alteró el comportamiento de las exportaciones no petroleras. Las cifras indican (curiosamente del mismo A. Baptista) que desde 1885 hasta 1960 la actividad exportadora venezolana distinta a los hidrocarburos, lejos de desplomarse se mantuvo e incluso tuvo crecimiento. Tal cosa desmonta la falsa idea de que hay que devaluar para tener un tipo de cambio competitivo que permita exportar. Uno de esos tantos embustes bien echados que propagan algunos economistas y que son desmentidos por la evidencia.

Ciertamente, el cambio crítico se produce a partir de la estatización petrolera de 1975. Por un lado, se relajaron las reglas de emisión de dinero primario por parte del BCV y por otro se estatizó el sector externo de nuestra economía. Antes los dólares de las exportaciones venezolanas estaban en manos del sector productivo privado, petrolero y no petrolero, los cuales eran vendidos al BCV y éste para poder emitir y poner a circular bolívares tenía que garantizar previamente su respaldo en oro o en divisas a un tipo de cambio fijo. Es decir, una caja de conversión.

Tal vez habría que retomar los arreglos institucionales que hicieron de Venezuela un país receptor de densos flujos migratorios y no de expulsión de población. Los arreglos que hicieron posible un milagro económico silencioso, superior al milagro económico alemán.

Sería interesante en materia monetaria ir a un sistema en el cual cada ciudadano decida libremente en qué moneda quiere tener su riqueza o qué moneda o activo físico de valor quiere utilizar como dinero. Esto nos llevará a un sistema de competencia de monedas de manera libre, en donde muchos escogerán el dólar. Igualmente podemos regresar a un esquema como el que tuvimos desde 1918 hasta 1975 de caja de conversión perfecta manteniendo una moneda nacional emitida por nuestro banco central, pero con anclaje y respaldo en divisa extranjera o en un activo material, que podría ser el oro monetario, aprovechando nuestra condición de país con enormes reservas auríferas. Es decir, una suerte de nuevo bolívar-oro. 

En materia petrolera, abrir de par en par el sector a la inversión privada nacional e internacional. El Estado venezolano no está para ser empresario. Hace mucho de lo que no debe y muy poco de lo que debería.

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