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 La mutación socialista

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“Estamos muy lejos de crear las condiciones de confianza institucional, compromiso político y el clima de negocios que se necesitan para que iniciativas de este tipo puedan prosperar. Ya lo hemos dicho muchas veces, si queremos que Venezuela aparezca mejor colocada en los índices internacionales que evalúan nuestra capacidad para atraer inversiones se requiere imaginación, audacia y dejar de lado los dogmas ideológicos. La mutación del socialismo al capitalismo así lo demanda”.

 Pedro Elías Hernández

@pedroeliashb

Los regímenes de tipo socialista suelen tener un proceso interesante en su desarrollo y evolución. Después de los primeros 30 o 20 años de existencia, tiempo en el cual se llevan a cabo enormes esfuerzos de experimentación económica y de ingeniería social, casi siempre con resultados desastrosos, se produce una especie de viraje con el propósito de que sus economías sean cada vez menos socialistas a fin de evitar su colapso.  Se opera una suerte de mutación de su sistema de producción al incorporar rasgos distintivos de las relaciones de tipo capitalista. Tal cosa sucedió en la Unión Soviética, China, Vietnam, Camboya y en algunas repúblicas de Europa oriental como Hungría, país que hizo popular el término “socialismo goulash”, una variante que agregaba tímidas reformas de mercado en su desempeño económico.

Venezuela no es la excepción a esta regla evolutiva del socialismo real y en tal sentido está tratando de corregir los entuertos económicos que empobrecieron a la nación al destruir 85% de su PIB entre 2012 y 2021.

Como consecuencia de tal devastación, nuestro país figura entre los últimos lugares en los índices internacionales de competitividad y de libertad económica. Por el ejemplo, el Índice de Competitividad Global que realiza el Foro Económico Mundial y el Índice de Libertad Económica que publica la Fundación Heritage, colocan al país en una posición muy desventajosa en atención a la evaluación que se hace respecto a nuestro situación  en materia de estabilidad institucional, infraestructura física, capital humano (básicamente nivel educativo de la población),estabilidad macroeconómica, seguridad personal y jurídica, eficiencia en el mercado de bienes, eficiencia en el mercado de capitales, situación del mercado de trabajo, leyes laborales, disponibilidad de tecnología y clima de negocios.

Un esquema muy eficiente para lograr niveles importantes de productividad y competitividad es el de las Zonas Económicas Especiales. La idea apunta a desarrollar allí centros financieros y parques industriales con vocación exportadora aplicando un concepto similar a la de las ciudades modelos globales, según la terminología de la socióloga holandesa Saskia Sassen, que se han constituido en la República Popular China, en India, en Emiratos Árabes Unidos y en Singapur. Otro de los promotores de este concepto es el premio Nobel de economía 2018 Paul Romer, pero bajo la denominación de “charter cities”. Poner en marcha estas iniciativas no siempre se hace en atención a todas las recomendaciones que formulan Sassen y Romer.

Estos grandes centros de negocios y de inversiones se rigen por una carta o estatuto de funcionamiento muy particular que les permite establecer relaciones comerciales directas con otras regiones del mundo, al tiempo que en el ámbito de su territorio se aplican normas económicas, jurídicas e institucionales distintas a las existentes en el resto del país al que pertenecen y que son muy atractivas para la inversión extranjera.  

Bajo este esquema se recupera y acrecienta la producción y se generarán miles de puestos de trabajo en corto tiempo. El objetivo es crear incentivos para atraer flujos de capitales, nacionales y extranjeros, en determinados ámbitos territoriales previamente seleccionados por sus atributos geográficos. 

La fórmula ha permitido en muchos casos convertir a regiones atrasadas en megalópolis para el desarrollo industrial y el sector de los servicios. Ahí están varios ejemplos: el Emirato Árabe de Dubái, con la creación de sus mega parques industriales y también China, con sus Zonas Administrativas Especiales, tales como Hong Kong, Macao, Shenzhen, Guangzhou y el Distrito de Pudong de Shangai. Estas ciudades tienen cada una un régimen de funcionamiento económico con un grado considerable de autonomía, aunque siempre bajo la soberanía política del correspondiente Estado nacional.

Las ciudades globales o chárter cities, se definen como tales según algunos parámetros. A saber: actividad económica, capital humano, intercambio de información, diversidad cultural y compromiso político. Entre las 10 primeras a nivel mundial, según el ranking que hace la Universidad de Chicago y el Chicago Council on Global, se encuentran Nueva York, Londres, París, Tokio, Hong Kong, Los Ángeles, Singapur, Chicago, Seúl y Toronto.

Para hacer viables en Venezuela los ejemplos de estas ciudades citadas, las cuales se constituyen en zonas económicas especiales, se deben garantizar varias cosas: 1) Los derechos de propiedad a los empresarios nacionales y extranjeros, con arbitraje comercial internacional obligatorio .2) Libertad cambiaria y en consecuencia un tipo de cambio de acuerdo a valores de mercado, con  libre acceso a las divisas que se requieran para importar los insumos y materias primas indispensables para producir y para realizar las transacciones financieras que demanda un centro internacional de inversiones..3) Garantía de repatriación de los capitales, sin restricción alguna, para las empresas extranjeras que se radiquen en esas ciudades o zonas especiales. 4)  Sistema de taquilla única para los trámites gubernamentales, eliminación de trabas burocráticas y de controles sobre la producción y sobre las ganancias empresariales que dificultan la creación de nuevas empresas. 5) Libertad de contratación laboral. 6) Exoneraciones arancelarias, fiscales o tributarias durante por lo menos 5 años. 7) Garantía de suministro energético a las empresas que se instalen en esas zonas aprovechando nuestra condición de país con cuantiosas reservas de hidrocarburos, 8) Un Régimen laboral especial y flexible. 9) Un sistema de refugio fiscal en el sector financiero para uso de las personas naturales y jurídicas, convirtiendo a estas ciudades o regiones en un receptor global de depósitos bancarios multidivisas. De esta forma se le daría gran impulso a la palanca crediticia en la zona especial.

Algunos de los aspectos antes citados han venido siendo incorporados en algunas leyes venezolanas de relativa reciente creación como la Ley Antibloqueo y la de Zonas Económicas Especiales. Pero estamos muy lejos de crear las condiciones de confianza institucional, de compromiso político y el clima de negocios adecuado para que iniciativas de este tipo puedan prosperar. Ya lo hemos dicho muchas veces: si queremos que Venezuela aparezca mejor colocada en los índices internacionales que evalúan nuestra capacidad para atraer inversiones se requiere imaginación, audacia y dejar de lado los dogmas ideológicos. La mutación del socialismo al capitalismo así lo demanda.

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