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Pedro Elías Hernández

“Mientras no haya la determinación por parte de los amantes de la libertad de divulgar masiva y sistemáticamente los principios liberales de propiedad, mercado, gobierno limitado e igualdad ante la Ley, no se podrá revertir la hegemonía cultural avasallante que los socialistas de todos los partidos han logrado en décadas de eficiente adoctrinamiento”.

Impresionante el ascenso político de Gustavo Petro en Colombia. Luce como favorito para las elecciones presidenciales de mayo próximo. Por lo pronto, el Pacto Histórico, la alianza electoral que lo apoya, es la primera fuerza en el congreso de ese país.

Petro es un líder de la izquierda colombiana cuya carrera política tiene sus orígenes en la militancia dentro de las filas de la organización insurgente M-19, un movimiento guerrillero peculiar por el hecho de no abrazar el credo marxista, como la mayoría de las organizaciones de este tipo en América Latina, pero sí profesar un sentimiento nacionalista de contenido bolivariano.

Esta conformación saltó a la fama por sus espectaculares y muy controversiales acciones armadas en los años 80 del siglo pasado. Una vez desmovilizada y pacificada, fue tremendamente influyente al promover y ser la principal fuerza política en la Asamblea Nacional Constituyente colombiana de los años 90.

El poderoso avance de la izquierda colombiana es el más reciente dato que da cuenta de la aparición de una segunda ola del socialismo del siglo XXI. El retorno al poder del MAS en Bolivia, la vuelta al gobierno del kirchnerismo en Argentina, el ascenso de López Obrador en México, la victoria de un líder de influencia maoísta en Perú, el triunfo del frente amplio de Gabriel Boric en Chile y el eventual regreso al poder de Lula en Brasil, constituyen un inequívoco signo del alcance y revitalización de esta corriente, la cual, sin duda, ha dominado en Latinoamérica durante el presente siglo XXI.

¿Cómo se explica tal fenómeno? ¿Por qué estas corrientes de izquierdas y progresistas son tan resistentes a la evidencia de su desastroso desempeño cuando les ha tocado estar en el poder? La respuesta la encontraremos en un concepto: la batalla cultural.

La lucha por conquistar la mente y los corazones de las personas es el escenario en el que mejor se desenvuelve la izquierda. Desde hace tiempo, sobre todo a raíz de la caída del muro de Berlín, estas corrientes comprendieron la conversión política que debía hacerse. El marxismo clásico había fracasado. Pero tomó su lugar el marxismo cultural, con lo cual se regeneró la oferta política del socialismo, por lo menos en nuestro continente.

Realmente el acierto consistió en tomar las enseñanzas de Antonio Gramsci, un brillante pensador marxista de principios del siglo XX, que habla del asunto de la hegemonía cultural como algo más importante que la hegemonía económica. Decía Gramsci que la toma del poder cultural precede a la toma del poder político.

Pues la izquierda ha tomado el poder cultural en las naciones latinoamericanas y los principios y valores que profesa han permeado los sistemas educativos. En muchos aspectos, la educación, ya sea impartida de forma pública o privada, ha sido colonizada por las ideas de la izquierda y el progresismo.

En honor a la verdad, no es tanto la prédica socialista lo que ha avanzado de manera avasallante, sino más bien una cultura anticapitalista, que, por cierto, tiene sus remotos orígenes en una parte de nuestra herencia hispánica de contenido señorial, reñida con los hábitos del trabajo, el ahorro y la inversión.

Otra cosa que se pone en evidencia a la luz de esta segunda ola izquierdista en el continente, es lo políticamente incompetentes que se muestran las corrientes pro liberales y de derecha en los países de la región. Han perdido sin atenuantes la batalla cultural. ¿Por descuido, por ignorancia, por negligencia? No. Por complejo.

Agustín Laje, un joven intelectual y escritor argentino, expone en su libro “La batalla cultural” que el problema de las fuerzas políticas que aspiran oponerse al socialismo del siglo XXI, es que les avergüenza asumir claramente las ideas asociadas al capitalismo, al liberalismo y al conservadurismo. A la izquierda no le da pena calificarse de tal, dice, mientras que los que abrazan la cultura del liberalismo y la economía de mercado, les da vergüenza llamarse de derecha, dice con mucha razón Laje.

Mientras no haya la determinación por parte de los amantes de la libertad de divulgar masiva y sistemáticamente los principios liberales de propiedad, mercado, gobierno limitado e igualdad ante la Ley, no se podrá revertir la hegemonía cultural avasallante que los socialistas de todos los partidos han logrado en décadas de eficiente adoctrinamiento.

@pedroeliashb

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