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¿Mejorando? ¿Mejorando qué?

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Jesús A. Jiménez Peraza.
@jesusajimenezp

Entender lo que pasa de Venezuela es muy difícil. Son muchos los factores susceptibles de ser observados, de manera que debemos partir por hacernos la idea que no todas las piezas van a encajar perfectamente en el análisis, como en un rompecabezas, porque somos mucho más que eso. Podemos utilizar el símil del popular pasatiempo, pero hay actores en el gobierno, en la oposición y en la periferia de ambos, que tratan de impedir el ensamblaje. De allí la dificultad.


El estudio de la situación nacional supone la admisión objetiva de al menos tres factores: 1) no toda actividad pública puede reducirse a “decisiones políticas”, desvinculadas del enfoque jurídico y ético. 2) todos los actos individuales del ser humano y, los colectivos del hombre como integrante de un grupo social, tienen un fin determinado que es el fondo, el cual se busca a través de un mecanismo denominado forma, pero no pueden estar desvinculados uno del otro. 3) debemos admitir la decisión de la mayoría aunque no la compartamos, siempre que no esté en contracorriente con los principios elementales de convivencia, porque así es básicamente la democracia.

Determinar históricamente el avance o el retroceso social, político y económico, implica ponderar dos organizaciones fundamentales: la familia y el Estado. Todas las organizaciones sociales son complejas. En el caso de la familia, por tratarse de un grupo homogéneo, el fondo perseguido y las vías para lograrlo son fáciles de entender: el fin es crearla, insertar a sus integrantes en la sociedad para que sean útiles, productivos. La forma es la educación en sentido amplio, la orientación, la enseñanza general a cargo de padres y maestros y la “educación para el trabajo”, que no busca grandes niveles académicos, pero si enseñar un oficio apropiadamente.

En el caso del Estado todo se complica, porque es un entramado de intereses heterogéneos. Aunque el fin colectivo debe ser el mismo que soñaba Simón Bolívar y repiten muchos pensadores modernos: la paz política y la seguridad social. Pero para alcanzarlas los caminos son diversos y están minados por intereses individuales y contrapuestos.

Las formas escogidas por los Estados, han sido diversas y mutantes a través de los tiempos, incluidos los sistemas de gobierno en cada caso. Las monarquías absolutistas, por ejemplo, eran comunes en Europa antes de la Revolución Francesa, se ejercían a través de un rey o monarca con poder total, con la especial característica que se transmitía en forma sucesoral, de manera que nunca era alternativo. La monarquía aún existe, pero no en forma absoluta, sino parlamentaria, donde el rey tiene limitado poder como jefe de Estado, para funciones protocolares. El poder efectivo se ejerce a través del jefe de gobierno, como Primer Ministro o como Presidente, entre otros lo conseguimos en Canadá e Inglaterra, con funciones compartidas con el Parlamento.

En nuestro continente era común el sistema autocrático, que concentraba el poder individual en un dictador o tirano, aunque no utilizaban el término y usualmente simulaban mecanismos democráticos. En Venezuela durante la primera mitad del siglo XX específicamente, se dio con los diferentes gobiernos de Juan Vicente Gómez y el general Marcos Pérez Jiménez.

En la segunda mitad del siglo tuvimos un sistema democrático caracterizado por la elegibilidad mediante las bases populares, y además por el equilibrio constitucional de los Poderes del Estado, todo unido a la alternabilidad y la responsabilidad fundada en control previo y posterior, por órgano independiente. El presidente Hugo Chávez iniciando el siglo XXI, no obstante su legitimidad y claro origen democrático cambió algunas reglas básicas. Sin soporte constitucional alguno, se declaró socialista y logró una reforma constitucional (2009) mediante el mecanismo de la enmienda para tratar de perpetuarse en el poder, aunque era improcedente el mecanismo, ya que le había sido negada esa posibilidad a través de una reforma, dentro el mismo período.

El gobierno del presidente Nicolás Maduro, también ha alterado algunas reglas de oro de la democracia representativa: se anularon las funciones contraloras, legislativas y de participación que corresponden al Parlamento, por mandato estricto constitucional; se convocó ilegalmente una Asamblea Nacional Constituyente, con funcionamiento y resultado desconocido; se coartó sin base legal el proceso del referendo revocatorio, por funcionarios sin competencia ni jurisdicción y dos veces se ha minimizado la independencia del Poder Judicial, con su designación anómala.

Entonces, en qué hemos mejorado? En relación a qué y desde cuándo?. En lo político hemos desandado mucho en la consolidación del sistema democrático, siempre perfectible. En lo social estamos sufriendo un problema que en la historia de Venezuela nos había sido ajeno: la migración y con ella la desintegración familiar. En el aspecto netamente económico no tenemos datos estadísticos confiables, suministrados por el Banco Central, que por lo demás perdió desde hace mucho tiempo su autonomía. No conocemos la Línea o Índice de Gini, para determinar la desigualdad de ingresos y con ella la pobreza crítica de los venezolanos y no sé si existe algún método universalmente aceptado para medir la independencia de los Poderes del Estado entre sí y el control recíproco y eficaz entre ellos, considerando el sistema de gobierno y la estructura del Estado que tenemos aprobados constitucionalmente.

Sin la apropiada determinación de todas las variables no es posible resolver la ecuación sobre la supuesta mejoría. Dios bendiga a Venezuela!

jesusjimenezperaza@gmail.com

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