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Petro y Uribe

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“De Gustavo Petro se pueden decir muchas cosas, menos que carezca de coherencia política. Empuñó las armas y ahora transita la vía pacífica y electoral como forma de llegar al poder, básicamente por las mismas ideas en las que siempre ha creído. Es un dirigente cultural y estructuralmente socialista o progresista, como les gusta decirse ahora. Además, es un líder con fuerte inclinación al personalismo y hasta al narcisismo, tal y como lo confiesa entre líneas su mentor ideológico y fundador del grupo guerrillero M-19, Antonio Navarro Wolff, en una reciente entrevista, cuando señala que al candidato del Pacto Histórico le cuesta mucho “trabajar en equipo”. Pero es que los colombianos, al mismo tiempo que los venezolanos, encumbraron al poder a un caudillo político de muy fuerte personalidad, don de mando y tendencia narcisista llamado Álvaro Uribe. Por eso, tal vez, el efecto demostración respecto a la experiencia de Venezuela, esté haciendo poco efecto en tierras neogranadinas. Ya hemos visto como liderazgos de esta naturaleza seducen a nuestros pueblos”.

Pedro Elías Hernández

@pedroeliashb

“Nadie experimenta en cabeza ajena”. Una expresión tan conocida, suerte de lugar común, que sin embargo nos espanta por su reiteración fáctica. Cuesta creer que, con casi dos millones de venezolanos -entre refugiados y migrantes- que hay establecidos en Colombia, ese país pueda este próximo domingo elegir libremente a un líder de izquierda, cuyas similitudes con Hugo Chávez son inmensas. De hecho, “el comandante”, una vez salido de la cárcel luego de la insurgencia militar del 4 de febrero, a uno de los primeros sitios que viajó fue a Colombia, a reunirse con los fundadores del M-19, quienes a principios de los años 90 del siglo pasado, habían promovido y liderado con enorme éxito el proceso de la Asamblea Nacional Constituyente colombiana, una idea refundacional que abrazó devotamente Chávez.

De Gustavo Petro se pueden decir muchas cosas, menos que carezca de coherencia política. Empuñó las armas y ahora transita la vía pacífica y electoral como forma de llegar al poder, básicamente por las mismas ideas en las que siempre ha creído. Es un dirigente cultural y estructuralmente socialista o progresista, como les gusta decirse ahora. Pero, además, es un líder con fuerte inclinación al personalismo y hasta el narcisismo, tal y como lo confiesa entre líneas su mentor ideológico y fundador del grupo guerrillero M-19, Antonio Navarro Wolff, en una reciente entrevista, cuando señala que al candidato del Pacto Histórico le cuesta mucho “trabajar en equipo”.

Pero es que los colombianos, al mismo tiempo que los venezolanos, encumbraron al poder a un caudillo político, de muy fuerte personalidad, don de mando y tendencia narcisista llamado Álvaro Uribe. Por eso, tal vez, el efecto demostración respecto a la experiencia de Venezuela, esté haciendo poco efecto en tierras neogranadinas. Ya hemos visto como liderazgos de esta naturaleza seducen a nuestros pueblos.

En Colombia, diga lo que se diga, gravitan con tremenda fuerza las personalidades políticas de estos dos líderes, Álvaro Uribe y Gustavo Petro. Ambos se necesitan y se complementan. Entre ellos ejercen una poderosa polarización: petrismo y uribismo, antipetrismo y antiuribismo. Esta confrontación se ha venido gestando desde hace una década por lo menos y en las elecciones presidenciales de este año 2022, llegó a su máxima expresión.

En esta segunda vuelta electoral presidencial, estas dos figuras, tanto la de Petro como la de Uribe, seguirán estando presentes. Una como actor principal y la otra un tanto desde una posición más lateral, pero no por ello carente de importancia. Dependiendo de hacia dónde y en qué cuantía vayan los votos del uribismo, cerca de 5 millones de sufragios efectivos, se decidirá la presidencia de la república en Colombia. Las encuestas revelan un empate técnico entre el líder de izquierda y Rodolfo Hernández, pero con un factor relevante, como lo es el voto en blanco, que llega a un 5% de los que concurrirán a las urnas electorales. Una cifra bastante alta, ya que representa aproximadamente un millón de votantes que estarían inclinando la balanza de uno u otro lado de las preferencias.

El petrismo parecía haber tocado techo, pero ha podido crecer un poco para este balotaje. Por su parte, un porcentaje enorme de los votos por Federico Gutiérrez, quien quedó tercero en la contienda (alrededor de un 89%) se le han endosado a Hernández, pero una fracción de ellos, pequeña pero significativa, han ido a parar a esta opción del voto en blanco. Se presume que en último momento esta cantidad de electores -que aún no se deciden ni por Petro ni por Hernández- pudieran hacerlo más a favor del segundo, dado el origen de su anterior preferencia en la primera vuelta, sin embargo, este asunto es una mera hipótesis.

Lo cierto es que la batalla entre dos personalidades políticas muy fuertes, Petro y Uribe, está allí vivita y coleando. Lejos de resolverse de forma definitiva este venidero domingo 19 de junio. De hecho, de perder el dirigente del Pacto Histórico- aunque el actual sería ya su tercer intento presidencial- la inmensa penetración de este liderazgo en el segmento de juvenil de entre 18 y 24 años (más del 65% se inclina por Petro), indicaría eventualmente mantener fortaleza hacia el futuro.

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