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Petróleo para el pueblo

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“Limitar a los gobiernos de turno el ingreso de la renta petrolera será un poderoso incentivo para formular las políticas públicas que verdaderamente se orienten hacia la diversificación de la economía. En Venezuela debemos pasar de un Estado que es patrimonial y fiscal a uno meramente fiscal. Que se creen las condiciones económicas y de seguridad jurídica que hagan que los individuos trabajen, progresen y se enriquezcan legítimamente y además puedan disfrutar libremente de los frutos de su trabajo, para que así estén en disposición de aportar los medios que sostengan al aparato gubernamental. De esta manera, los gobernantes tendrán los incentivos correctos ya que su interés será que existan ciudadanos prósperos que puedan contribuir con el sostén del aparato estatal y no una legión de menesterosos”.

Pedro Elías Hernández

@pedroeliashb

Estamos convencidos de que en Venezuela no es posible ninguna recuperación económica y social sostenida si no se conjura el maleficio que asfixia y degrada a la sociedad venezolana, a saber: un Estado rico, adiposo, costoso e ineficiente, que se desentiende de su obligación de garantizar seguridad y justicia a las personas, pero que detenta el control cuasi monopólico de los más importantes recursos económicos de la república, lo que le permite autonomía funcional respecto de la sociedad y restringe el libre acceso a estos recursos por parte de los ciudadanos.

En este esquema, el Estado-gobierno suele convertirse en un azote para la población y a la larga extrae de manera salvaje recursos de la base social hacia las cúspides privilegiadas, las cuales, una vez instaladas confortablemente en el presupuesto nacional, medran de él al amparo de funcionarios que dan y quitan favores de forma discrecional. La renta petrolera ha sido el instrumento, que, con eficacia letal, se ha puesto al servicio de este despropósito. El petróleo ni antes ni ahora, ha estado en manos del pueblo, sino bajo el control de los gobiernos de turno, una usurpación que nos ha empobrecido por décadas.

Hay que desatar este nudo que nos ahoga. En Venezuela esto sólo se logra mediante el desarrollo de una sociedad productiva, lo cual apunta a un cambio radical en el modelo de asignación de los ingresos provenientes del negocio de los hidrocarburos.

La renta petrolera es ciertamente un bien público, pero ella puede ser conducida hacia beneficios individuales y familiares. Asignar directamente a cada ciudadano de manera universal su cuota parte de este ingreso a través de títulos de participación y mediante mecanismos de libre selección y de mercado que le permitan ampliar su horizonte de opciones para educarse, formarse, sanarse y capitalizarse y a fin de fomentar el capital humano que tanto necesitamos, constituye la verdadera revolución del siglo XXI en Venezuela.

Limitar a los gobiernos de turno el ingreso de la renta petrolera, será un poderoso incentivo para formular las políticas públicas que verdaderamente se orienten hacia la diversificación de la economía. Debemos pasar de un Estado que es patrimonial y fiscal a uno meramente fiscal. Que se creen las condiciones económicas y de seguridad jurídica que hagan que los individuos trabajen, progresen y se enriquezcan legítimamente, y además puedan disfrutar libremente de los frutos de su trabajo, para que así estén en disposición de aportar los medios que sostengan el aparato gubernamental. De esta manera los gobernantes tendrán los incentivos correctos ya que su interés será que existan ciudadanos prósperos que puedan contribuir con el sostén del aparato estatal y no una legión de menesterosos.

Esta visión corresponde sin duda al país que queremos para nosotros y nuestros hijos.

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